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martes, 7 de mayo de 2013

24/40

Semana 24. Semana de hacerme la curva de la glucosa o como sea que el obstetra llame a tomar ese líquido inmundo, quedarme sentada 2 horas sin poder levantarme ni para ir al baño, y que me saquen sangre DOS veces en el día. Genial, cómo esperaba esta semana.

Pero en fin, eso llegará el sábado. Y esta vez, en realidad, sí hay cierto motivo por el cual me interesa hacerme este estudio. Verán, hace alrededor de 3 semanas, cuando me hice una ecografía súper completa conocida como "scan morfológico", donde van deteniéndose, midiendo y analizando cada parte del cuerpo del bebé, me confirmaron que Victorio es Victorio, y me anticiparon que va a ser grande. Grande. ¿Cuán grande? Bueno, obviamente no se sabe, pero por las mediciones que obtuvieron ese día, estaría en el percentil 97. Para las no-mamás o las que aún no están en tema, lo del percentil se explicaría así: si agarrarámos 100 bebés con las mismas semanas de gestación y los ordenarámos de menor a mayor según su tamaño, Vitto sería el número 97 de la lista. Ja.

Y para explicar por qué habría de pasar una cosa así, el señor ecografista me dijo que, en orden de probabilidad, podía ser:
-Un error de fechado de la FUM o la fecha probable de parto (lo cual ya fue descartado por el obstetra ya que las primeras ecografías coincidían con la FUM).
-Diabates gestacional.
-Un bebé naturalmente más grande, es decir, "porque sí", o
-Síndrome de sobrecrecimiento fetal.

Tuve que Googlear el último ítem para chequear no estar mandando fruta con el nombre, pero juro que no abrí ni un link para ver qué decían al respecto. No me pienso hacer la cabeza, porque es lo menos probable según el médico, y porque, aún si fuera esto, Google no me va a saber decir exactamente qué hacer ni cómo tomarlo. Pero sí, un poco, me preocupa la posibilidad de que sea diabetes gestacional. Repito, si es, será, lo tomaré como venga y me atendré a las órdenes médicas.

Y si no es, será que es grande, nomás. "Como el papá", dijo el obstetra, re gracioso él, sabiendo que Javi mide lo mismo que yo. "Humor de médicos", aclaró, ante la remotísima posibilidad de que Javi pudiera ofenderse.

Así que acá andamos, con un bebé grande que se mueve mucho y molesta nada, que medio sin que me dé cuenta me anda enamorando, al que me descubro acariciando y me tengo que autotranquilizar asegurándome que querer al nuevo no significa querer ni un gramo menos al original, que ya no será el único.

Mi original, mi borrador que fue clean copy, porque es inmejorable, irrepetible, increíble. Mi chiquito que se encarga de corregirme cada vez que lo llamo así: "Soy ande yo", ese que se me cuela en cada post que intento escribir sobre su hermano, porque es omnipresente.

Perdón, Vitto. Te juro que tengo fe de que será verte y quererte, o que me llevará algo de tiempo, quizás, seguramente, porque eso fue también lo que me pasó con Geno, y mirá cómo me muero de amor por él hoy. Vamos a estar bien, los dos, los tres, los cuatro. Eso te lo prometo. Hasta ahí sé.

martes, 2 de abril de 2013

Salgamos

Cuando éramos 2, con Javi salíamos mucho a comer. Preferíamos salir varias veces por semana a lugares no tan fashion que reservarnos el mismo presupuesto para una salida más elaborada. Por eso, cuando nació Geno, fue como un mini duelo que tuvimos que elaborar al darnos cuenta de que eso se había cortado. Y sí, lógicamente, no pudimos seguir con el ritmo de comidas afuera que traíamos. Pero no tardamos mucho en animarnos a salir a comer con él.


Esta foto data de noviembre de 2011, cuando Geno tenía 2 meses. Íbamos al bar al que íbamos siempre, solo que mucho más temprano, y solo a comer. Geno se quedaba feliz, durmiendo en su carrito, y generalmente ni se enteraba de que había salido. Mirando ahora la foto, pienso que mis ojeras indicaban que lo mejor para mí era quedarme durmiendo yo también, pero en esos meses tan intensos, cualquier cosa que me trajera un poco de 'normalidad' era bienvenida.

En fin, Geno ha salido a comer toda su vida. Y cada vez es mejor. Ahora, claro, ya no se queda durmiendo en su carrito; exige ser parte activa de las conversaciones, elige su menú y decide cuándo fue suficiente. Pero en líneas generales, se porta muy bien. Se queda en su silla, no grita ni hace escándalos, se conforma con su Coca y que alguien le dé charla.

El tema se complica un poco cuando, como el jueves pasado, somos muchos los adultos que pretendemos salir a comer y tener una conversación que no incluya al Sapo Pepe como hilo conductor. Para esos casos, no me da vergüenza admitir que recurro a la tecnología o distracciones analógicas.  En esta comida, por ejemplo, salió el iPad a relucir ni bien terminamos de ordenar, y, cuando llegó su comida y las manos no estaban demasiado compatibles con Mac, aparecieron las hojas y los marcadores. Si, la mesa era un quilombo. Sí, no interactuamos demasiado con él esa noche. Pero él la pasó genial y nosotros pudimos ser parte de una cena de amigos que de otra manera nos hubiésemos perdido. Win-win, if you ask me.

Ahora sé que el futuro me depara otro tiempito de semi-encierro, y está todo bien; lo acepto gustosa pero sabiendo que el plan es que Vitto siga los pasos de su hermano. Serán niños de restaurant cueste lo que cueste.

Algo que sí quisiera cambiar con este niñito nuevo, however, es el tema del cine. Con Geno se me pasó el tren, nunca lo llevé porque nunca me animé, y ahora ya es demasiado grande como para pretender que me acompañe a ver una comedia romántica sin que alguno de los dos muera en el intento. Ahora deberé resignarme a debutar con algo tan emocionante como Las Aventuras de Jorge el Curioso o algo así, y limitarme a ese tipo de películas por un buen tiempo. Pero sé que otras mamás, mucho más valientes y genias que yo, llevaron a sus bebitos chiquitos al cine y ellos se acostumbraron de entrada... Sé que de todas maneras, llegados los Terrible Twos no hay costumbre que aguante, pero igual, me encantaría que Vitto hiciera su debut triunfal en las salas lo antes posible.

¿Ustedes salen a comer con sus hijos? ¿Y al cine? ¿Algún consejo para ofrecer?

miércoles, 16 de enero de 2013

¿Otro hijo?

Una cierta blogger que toma mate con duraznos recordó, en cuanto se enteró de mi embarazo, que no hace mucho tiempo le aseguré, convencidísima, que no estaba pensando en un segundo hijo.

Esto habrá sido hará menos de un año, y, la verdad verdaderísima, no puedo decir que las cosas hayan cambiado demasiado. ¿Cómo fue, entonces, que nos decidimos a buscar otro hijo?

Si les tengo que ser muy sincera, la idea de un bebito chiquitito todavía no me entusiasma. Probablemente no lo haga nunca. No tengo el mejor recuerdo de los primeros meses de Geno, me recuerdo a mí misma triste, nerviosa, muuuy quejosa, y a él, un bebito amoroso que no soportaba no estar a upa ni 5 minutos. Creo que es por eso que necesité que pasara el suficiente tiempo para juntar fuerzas antes de aventurarme a decir "Ok, estoy lista".

Pensé muchas veces en no tener más hijos. Quedarnos los 3, con el equilibrio que logramos, viendo crecer a Geno y sin tener que lidiar con óleo calcáreo de nuevo mientras viva. Pero los hijos únicos que me rodean lograron convencerme, a través de sus súplicas, de que eso era una mala idea. Que los hermanos son lo mejor del mundo, los mejores cómplices de la infancia, aliados en la adolescencia, compañeros el resto de la vida. Y yo pienso en mis hermanas y no me queda otra que estar de acuerdo. Qué aburridos hubiesen sido mis veranos en Punta Alta sin ellas! Qué difícil armar el Tetris de horarios o salidas sin poder contar con que ellas cuiden a Geno, hoy en día!

Así que sí, bueno, un hermano. Cuando nazca, Geno tendrá 3 años, una diferencia que a mí me parece razonable, pero cuando me pongo a pensar me doy cuenta de que el resto de los chicos que conozco que nacieron en el 2010 como él, ya tienen hermanos menores. ¿Esperé demasiado? ¿Estoy llegando tarde? ¿Adónde? No me quiero colgar mucho con eso porque lo hecho, hecho está. Yo realmente no estaba para pensar en esta odisea hasta este momento. Jugaremos con las cartas que nos tocaron (o quisimos que nos tocaran), y trataremos de hacer lo mejor que podamos con ellas.

¿Y cómo me siento yo con respecto a otro bebé? Aterrorizada, pero con más confianza que antes. Tengo miedo de volver a caer en la tristeza, el malhumor, la angustia que me acompañó la primera vez. Pero al mismo tiempo, sé que, incluso si con este segundo niño me siento todavía más desesperada, el final feliz existe. Y no hay que esperar 18 años para volver a leer el diario o ir al cine, como creía con Geno bebé. Sé que en un tiempo relativamente corto, el bebé deja de serlo, empieza a disfrutar de los otros y a tener relaciones independientes con ellos. Todavía no me consta que se pueda volver a ir al baño en paz, ´por ejemplo, pero sí que ver las primeras 4 temporadas de una serie en Netflix, o ir de vacaciones 15 días con tu marido, no son misiones imposibles.

Así que así andamos: con miedo y tranquilidad, todo al mismo tiempo.