Llegamos a la mitad del camino. 20 semanas, 4 meses y
medio, y un bebé que me saluda todas las
noches desde adentro, cuando me acuesto a mirar Grey’s Anatomy, digo, a dormir
a horas razonables.
Ya me estoy amigando con la idea de un bebito mini mini, a
estrenar, con olor a nuevo. Me siguen dando terror las noches de mal dormir,
pero me aferro a que esta vez, ahora que soy una madre que rebalsa de
experiencia, voy a saber manejar mejor las cosas, voy a saber enseñarle de entrada
a dormir como se debe, es decir, hasta las 12 del mediodía.
Geno me manipula enamorándome cada día más, como diciéndome “ok,
todo bien con el nuevo, pero te va a ser muy difícil olvidarte de este bombón”.
Se ha vuelto un niño, mi bebé. Lo confirmé el otro día, distraída, mientras lo
miraba jugar al fútbol. Tiene otra postura, otra seguridad ante las cosas y la
vida. Es un nene. Pero como se imaginarán no es que ando llorando por los
rincones, duelando esa etapa que ya no volverá. Primero, porque nunca fui fan
de los bebés. Segundo, porque en 4 meses y pico me llega el repuesto.
Calling your 2nd baby spare parts. Nice.
Javi y yo seguimos creciendo como padres, como pareja, como
cofundadores de familia. Estamos juntos, en sintonía, estamos bien. Llegamos a
un sano equilibrio de independencia y codependencia, que me encanta. Esperemos
que él se sienta igual, ¿no?
Mi trabajo, mi vida cotidiana, sigue muy bien, también. Un
promedio de 7 personas por día me pregunta cómo la estoy llevando, cuánto me
está pesando trabajar doble turno con panza incipiente. Y más allá de que me
aburra bastante contestar siempre lo mismo, es sincero cuando digo que estoy bien.
Que no me pesa, todavía. Que no estoy más cansada que de costumbre. Que me
sigue entusiasmando diariamente la idea de entrar a la clase y hacer cosas,
lograr cosas, ser testigo de los avances de mis alumnos que son los míos
propios, a la vez.
Sigo con un síndrome prematuro de preparado de nido, ordenando y manteniendo mi casa, mejorándola en lo que puedo casi a diario. No sé si va a durar, pero mi sueño secreto es que esto sea el comienzo del resto de mi vida, es decir, sueño con ser mi suegra, o mi abuela materna, y no tolerar una cama sin hacer, unos platos sin lavar, algo de ropa sin colgar. Tengo alta, altísima tolerancia al desorden, desde siempre. Pero no tolero esa tolerancia.
Así que así andamos por acá, doñas. Gracias por preguntar (nadie te preguntó, naba). Vuelvas prontos!