lunes, 17 de junio de 2013

Para reírme de mí misma algún día, no hoy

Ayer tuve una experiencia muy de mami primeriza, de esas que te hacen llorar encerrada en el baño porque te da muchísima vergüenza que alguien te vea y tener que admitir que llorás de esa manera por ese motivo. Por suerte tengo a Vitto que me provee de las hormonas necesarias como para justificar cualquier reacción hiperemocional con el embarazo.

Resulta que estábamos festejando el día del padre en lo de mis suegros, y eso a Genaro lo pone feliz porque significa que tiene la chance de ver a sus adorados primos, L y T. L es una nena de 5 años, que fue el amor de mi vida, la hija que no tengo ni tendré, hasta más o menos la época en que nació Geno y empecé a tener mis propios problemas. Siempre fue especial para mí porque es a la única sobrina de Javi que conozco desde la panza, fue la primera bebé por la que realmente sentí amor total. T es un nene de 6 años, ídolo absoluto de Geno ya que sus otros primos varones son mucho más grandes.

Ayer, después de comer, Geno me vino a buscar para que lo acompañara a buscar a T. Fuimos al baño y no estaba, lo cual me pareció raro porque no se me ocurría adónde más podía estar. Cuando estábamos volviendo hacia la cocina, los vi a los dos, L y T, escondidos atrás de un sillón, leyendo un cuadernito. Lo que al principio me resultó muy tierno pronto se convirtió en una revelación. No estaban ahí de casualidad. Se estaban escondiendo de Geno. Cuando él los vio, enseguida se quiso sentar con ellos, pero se levantaron y se fueron, pidiéndole que no los siguiera. Yo agarré una revista y me puse a mirarla con Geno, mientras se me caían las primeras lágrimas de mami pelotuda. Geno se entretuvo un ratito conmigo, pero muy rápidamente fue obvio que lo que él quería era jugar con sus primos. Y ahí comenzó una mini persecución por la casa, donde con cada "No, Genaro, vos no jugás" a mí se me partía más el corazón. Geno dijo que él también quería dibujar, y mi suegra le consiguió lápiz y papel. Yo me puse a hablar con otra sobrina porque todo estaba siendo demasiado para mí. Pero cuando lo vi sentado solito, con cara tan triste, y alguien pasó y le preguntó por qué estaba ahí y no con los chicos, y él todo amargado respondió "No me dejan estar con ellos...", yo no pude más y me fui a encerrar al baño, a largar el nudo de lágrimas que ya no me podía contener.

Y me repetía a mí misma que era una boluda, que estaba sobreactuando, que son cosas de chicos, que era sólo por un rato, que no significaba nada, que no le iban a quedar consecuencias psicológicas por esta boludez, que seguramente en un futuro vería a Geno hacerle eso a alguien más chico, como Vitto o sus primitos menores, que eran las hormonas que me hacían ponerme así... Me repetí todo el discurso mil veces, pero no podía contener mi angustia. Me desesperaba descubrir dos cosas: que por primera vez, yo no era suficiente para mi hijo, que el amor de su mamá no le alcanzaba cuando él lo que quería era estar con sus pares, y que hay problemas en los que no me puedo meter. Que le van a doler a él, y mil veces más a mí, pero que tendrá que afrontar solo. Porque yo no podía obligar a esos chicos a jugar con él, porque el problema no era tanto que no jugaran, si no que no quisieran, y eso yo no lo podía cambiar.

Lo escribo y por supuesto sigo llorando, y si les cuento que un rato después, L se durmió y T jugó con Geno de lo más contento, respetando su turno y felicitándolo cada vez que embocaba la pelota, les confirmo que soy una reverenda pelotuda. Pero como les dije al principio, fue un momento muy mami, y la culpa de todo la tiene Vito.

miércoles, 22 de mayo de 2013

26/40

Esperé un día más para hacer el update porque ayer a la tarde tuvimos la ecografía para controlar el peso del muchacho. Y los resultados insisten con lo mismo: viene grande el tema. Victorio, con sus 26 semanas de gestación, pesa ya 1.100 kg, y eso lo ubica en un percentil 92. Y yo no no no no no no quiero cesárea, pero tampoco quiero dejar de comer tortas, alfajores, galletitas y lo que se me cruce en el camino, así que en eso andamos.

Me hice la famosa curva de la glucosa, solo que al llegar me enteré de que no me tenían que sacar sangre dos veces, sino TRES. Aham. Qué linda es la vida. Igual lo sobrellevé with a little help from my friend Toi y mi marido, ya que los dos vinieron a visitarme. Ah, sí, yo soy así, recibo visitas en el laboratorio de análisis clínicos. Drama Queen? Para nada.

Lo peor del caso es que la señora ecógrafa/ecografista (sigo sin saber cómo se dice) le escribió en el informe al obstetra que recomendaba repetir la curva de la glucosa. ALTA TRAICIÓN.

Ah, también me enojé con Javi porque cuando salimos de la ecografía me acusó de no haberle dado ni bola a Vitto por prestarle atención al teléfono. Me defendí con uñas y dientes, pero la verdad es que un poco de razón tenía. Porque si bien es cierto que la doctora me tapaba casi todo con el brazo, la realidad es que no hice demasiado esfuerzo por mirar el monitor. En cambio, sí lo miré mucho a Geno, que nos acompañó, que hablaba en voz muy muy bajita para no molestar, y que cuando le estiré la mano me la agarró, le dio un beso y me susurró "Te amo mucho mamá". Javi dijo que yo era injusta porque cuando me hacía las ecografías con Geno estaba al borde de las lágrimas. Yo le respondí que en todo caso, soy una mina coherente: durante las ecografías, sigo mirando a Geno y sigo al borde del llanto. Es que ese gesto que me hizo, como un "Te perdono", o "No te olvides de mí", en todo caso, me desarmó.

En fin. Vitto sigue siendo grande, Geno está creciendo a mil revoluciones por minuto, y mi culo sigue esa misma tendencia. Ya fue, miren, les dejo una foto y todo:


Lo divertido de todo esto va a ser ver cómo las TOC se arrojan de los balcones después de ver lo torcidos que están los portarretratos!

lunes, 13 de mayo de 2013

Cosas que dice Geno

-Geno, te amo hasta el cielo.
-So tamén te amo hasta el cielo.
-Y yo te amo hasta la luna y las estrellas.
-Y so te amo hasta el cielo y el sol.
-Y a papá, ¿hasta dónde lo amás?
-Hasta La Plata.

¿Explicaciones?

martes, 7 de mayo de 2013

24/40

Semana 24. Semana de hacerme la curva de la glucosa o como sea que el obstetra llame a tomar ese líquido inmundo, quedarme sentada 2 horas sin poder levantarme ni para ir al baño, y que me saquen sangre DOS veces en el día. Genial, cómo esperaba esta semana.

Pero en fin, eso llegará el sábado. Y esta vez, en realidad, sí hay cierto motivo por el cual me interesa hacerme este estudio. Verán, hace alrededor de 3 semanas, cuando me hice una ecografía súper completa conocida como "scan morfológico", donde van deteniéndose, midiendo y analizando cada parte del cuerpo del bebé, me confirmaron que Victorio es Victorio, y me anticiparon que va a ser grande. Grande. ¿Cuán grande? Bueno, obviamente no se sabe, pero por las mediciones que obtuvieron ese día, estaría en el percentil 97. Para las no-mamás o las que aún no están en tema, lo del percentil se explicaría así: si agarrarámos 100 bebés con las mismas semanas de gestación y los ordenarámos de menor a mayor según su tamaño, Vitto sería el número 97 de la lista. Ja.

Y para explicar por qué habría de pasar una cosa así, el señor ecografista me dijo que, en orden de probabilidad, podía ser:
-Un error de fechado de la FUM o la fecha probable de parto (lo cual ya fue descartado por el obstetra ya que las primeras ecografías coincidían con la FUM).
-Diabates gestacional.
-Un bebé naturalmente más grande, es decir, "porque sí", o
-Síndrome de sobrecrecimiento fetal.

Tuve que Googlear el último ítem para chequear no estar mandando fruta con el nombre, pero juro que no abrí ni un link para ver qué decían al respecto. No me pienso hacer la cabeza, porque es lo menos probable según el médico, y porque, aún si fuera esto, Google no me va a saber decir exactamente qué hacer ni cómo tomarlo. Pero sí, un poco, me preocupa la posibilidad de que sea diabetes gestacional. Repito, si es, será, lo tomaré como venga y me atendré a las órdenes médicas.

Y si no es, será que es grande, nomás. "Como el papá", dijo el obstetra, re gracioso él, sabiendo que Javi mide lo mismo que yo. "Humor de médicos", aclaró, ante la remotísima posibilidad de que Javi pudiera ofenderse.

Así que acá andamos, con un bebé grande que se mueve mucho y molesta nada, que medio sin que me dé cuenta me anda enamorando, al que me descubro acariciando y me tengo que autotranquilizar asegurándome que querer al nuevo no significa querer ni un gramo menos al original, que ya no será el único.

Mi original, mi borrador que fue clean copy, porque es inmejorable, irrepetible, increíble. Mi chiquito que se encarga de corregirme cada vez que lo llamo así: "Soy ande yo", ese que se me cuela en cada post que intento escribir sobre su hermano, porque es omnipresente.

Perdón, Vitto. Te juro que tengo fe de que será verte y quererte, o que me llevará algo de tiempo, quizás, seguramente, porque eso fue también lo que me pasó con Geno, y mirá cómo me muero de amor por él hoy. Vamos a estar bien, los dos, los tres, los cuatro. Eso te lo prometo. Hasta ahí sé.

domingo, 5 de mayo de 2013

The Potty Wars: Return of the Potty

You guys, no quiero quemar mi buena suerte, pero esto va tan bien. Geno pasó a usar pañales solamente para dormir; ya fue 2 días al jardín sin ellos y todo. Acabamos de volver de almuerzo familiar en un restaurant, y fuimos al baño 5 veces. Ok, eso no fue divertidísimo, pero de las 5 veces que fuimos, 3 hizo pis y una vez caca! Jaja, pobres de ustedes, que vinieron acá esperando leer algo mínimamente interesante y se encuentran con el parte diario de las deposiciones de mi hijo. Prometo que pararé pronto.

Yo le había prometido su mayor anhelo en la vida, un skate azul, para su cumpleaños. Pero como septiembre queda lejos y esto me era más beneficioso, la semana pasada se lo cambié por la primera vez que hiciera caca en la pelela. Porque eso, claramente, estaba siendo un conflicto para él, como supongo que será para la mayoría de los reclutas del baño. Pues bien, ayer fui la madre más sonriente entrando a la juguetería a pagar NOVENTA pesos por una vieja y querida patineta de plástico, manifestando, por supuesto, que era lo más cool y canchero que un chico grande como él podía tener. Les debo la foto, o el video, de Geno andando en su skate. Se cree mil.

Por todo lo demás, la vida sigue muy bien. Javi ayer instaló finalmente una mesada de mármol en nuestra cocina, para reemplazar a la horrible, vieja y ondulada de melamina que teníamos. Así que yo también me creo mil con mi mesada nueva. Y él se cree más mil porque la instaló con la ayuda de su papá y arregló solo una parte que perdía, entonces sabe que es mi héroe y el súper hombre de la casa.

Este martes cumplo 24 semanas de embarazo y me debo otro update blogger de cómo viene ese tema (spoiler: viene grande, bastante grande).

Quisiera escribir acá más frecuentemente pero cuando tu vida gira alrededor de la caca y el pis ajenos, cuesta hacerlo interesante...



martes, 23 de abril de 2013

The Potty Wars

Yo no sé si es el momento. Sí sé que esto es algo que no puedo forzar, como hice con el chupete. Esto es algo infinitamente más serio, más delicado, un proceso más lento e intrincado, y no sé si estamos listos. Pero lo vamos a intentar. Vamos a probar a ver si podemos, finalmente, decir adiós a los pañales.

Leí que el embarazo de la mamá no es el mejor momento para intentarlo, pero la idea de tener dos hijos en pañales me da un poco bastante mucho vértigo. Y para cuando llegue el verano, que muchos coinciden es la época ideal, Geno, además de un hermanito, va a tener ya 3 años. Que es mucho, o que está bien, no sé.
Pero a mí me sigue rondando la idea de que es el último gran ítem a tachar de la lista antes de pasar a la próxima etapa de su vida.

Hasta ahora, sólo habíamos hecho un tímido intento en el verano, y Geno respondió bárbaro saliendo de la pileta para hacer pis en el pasto a cada rato. Pero volvimos, y sin pasto y sin pileta, se acabó la motivación, y ahí quedamos. Después le compramos un adaptador de inodoro de Winnie the Pooh, y no sé si a mi hijo le cae tan mal el oso como a mí, o que no insistimos lo suficiente, pero eso no prosperó.

Hace unas semanas, de visita en la casa de su prima, Geno descubrió una pelela en el baño y un poco flasheó con la idea. Y yo, por vez número 3 millones, tuve que tragarme mis declaraciones de que no pensaba limpiar pis y caca de una palangana de plástico, y ahí fuimos a comprarla. Amorosa, azul, elegida por él. Esto fue el domingo.

Ayer y hoy, Geno fue con pañales al jardín (porque qué culpa tienen las maestras) pero en cuanto llegó le pusimos calzoncillos -de piratas, por si morían por saber- y esperamos lo peor. Lo peor, todavía, no llegó. Lo peor, claramente, sería haber tenido que juntar caca de infante del piso o del sillón, y, aunque me hago la preparada para afrontarlo, cómo me va a costar. Por el momento, Geno ya usó la pelela SEIS veces para hacer pis, y tuvo un accidente en la cocina hoy a la tarde. Not bad, if you ask me. Yo cruzo los dedos mientras trato de tomármelo con toda la soda posible. Sé que eventualmente lo logrará. Solo espero que sea relativamente pronto.

Para cerrar el post, les dejo 2 cositas que podrían ser consideradas dentro de la serie "Cosas que dice Geno":

1. Cuando le rompemos las bolas para que vaya a hacer pis y accede, pero no le sale nada, dice "No anda pis". Me mata.
2. Ayer, mientras Javi hacía zapping, apareció en la tele el programa Todo o Nada. Geno, que quiere saber absolutamente todo, nos preguntó "¿Quién es ese?" "Guido Kaczka", le respondimos. El pibe, ya totalmente traumatizado con el temita, quiso corroborar lo que había escuchado: "¿Hizo caca ese chico?" (Por las dudas le dije que sé, que había hecho caca en la pelela y que su mamá estaba re contenta y le había dado un premio, porque uno nunca sabe de dónde pueden venir los modelos a seguir de nuestros hijos, ¿no?)

martes, 9 de abril de 2013

20/40


Llegamos a la mitad del camino. 20 semanas, 4 meses y medio,  y un bebé que me saluda todas las noches desde adentro, cuando me acuesto a mirar Grey’s Anatomy, digo, a dormir a horas razonables.
Ya me estoy amigando con la idea de un bebito mini mini, a estrenar, con olor a nuevo. Me siguen dando terror las noches de mal dormir, pero me aferro a que esta vez, ahora que soy una madre que rebalsa de experiencia, voy a saber manejar mejor las cosas, voy a saber enseñarle de entrada a dormir como se debe, es decir, hasta las 12 del mediodía.

Geno me manipula enamorándome cada día más, como diciéndome “ok, todo bien con el nuevo, pero te va a ser muy difícil olvidarte de este bombón”. Se ha vuelto un niño, mi bebé. Lo confirmé el otro día, distraída, mientras lo miraba jugar al fútbol. Tiene otra postura, otra seguridad ante las cosas y la vida. Es un nene. Pero como se imaginarán no es que ando llorando por los rincones, duelando esa etapa que ya no volverá. Primero, porque nunca fui fan de los bebés. Segundo, porque en 4 meses y pico me llega el repuesto.
Calling your 2nd baby spare parts. Nice.

Javi y yo seguimos creciendo como padres, como pareja, como cofundadores de familia. Estamos juntos, en sintonía, estamos bien. Llegamos a un sano equilibrio de independencia y codependencia, que me encanta. Esperemos que él se sienta igual, ¿no?

Mi trabajo, mi vida cotidiana, sigue muy bien, también. Un promedio de 7 personas por día me pregunta cómo la estoy llevando, cuánto me está pesando trabajar doble turno con panza incipiente. Y más allá de que me aburra bastante contestar siempre lo mismo, es sincero cuando digo que estoy bien. Que no me pesa, todavía. Que no estoy más cansada que de costumbre. Que me sigue entusiasmando diariamente la idea de entrar a la clase y hacer cosas, lograr cosas, ser testigo de los avances de mis alumnos que son los míos propios, a la vez.

Sigo con un síndrome prematuro de preparado de nido, ordenando y manteniendo mi casa, mejorándola en lo que puedo casi a diario. No sé si va a durar, pero mi sueño secreto es que esto sea el comienzo del resto de mi vida, es decir, sueño con ser mi suegra, o mi abuela materna, y no tolerar una cama sin hacer, unos platos sin lavar, algo de ropa sin colgar. Tengo alta, altísima tolerancia al desorden, desde siempre. Pero no tolero esa tolerancia. 

Así que así andamos por acá, doñas. Gracias por preguntar (nadie te preguntó, naba). Vuelvas prontos!