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lunes, 28 de noviembre de 2011

Finalmente pasó

Facebook me acaba de sugerir como amiga a la ex de J. Tenemos 4 personas en común (tantas más, en realidad, pero sólo 4 están dispuestas a jugar para ambos bandos).

Hoy tuve una revelación, una epifanía: finalmente pude entender, admitir, asumir, que esos dos bandos existen solamente en mi cabeza, que ella nunca fue ni será mi rival, que siendo un tipo como J el que tenemos de por medio, no hay nada de qué preocuparse.

Ellos estuvieron 6 años de novios, 2 casados, 3 conviviendo (creo). Ella se fue un diciembre, y al septiembre siguiente, llegué yo. Nunca la conocí, nunca la vi en vivo y en directo, mitad porque la vida no nos cruzó, y mitad porque hice todo lo que estuvo a mi alcance para que eso no pasara.

No sé casi nada sobre ella, porque J se niega sistemáticamente a discutirla. No la odia, no la quiere, no le guarda cariño ni rencor. Él pasó la página, encontró un lugar mental y espiritual donde se siente bien, y listo. No necesita revisitar el pasado constantemente, como tiendo a hacer yo.

De todos modos, a pesar de no conocerla en lo absoluto, mi mente no se privó de armar escenas completas, con guiones bien cuidados, donde nos enfrentábamos, donde ella volvía a buscarlo, donde terminábamos, no te digo agarradas de los pelos, pero sí diciéndonos frases hirientes, con J mirando asustado. Y la revelación, les decía, vino porque cuando me llegó una invitación al cumple de la única persona que realmente quedó en común, dije, "Y bueno, si va, que vaya, no sería tan grave conocerla".

¿Saben qué es lo que me hace tener penita de mí misma? Que estoy casi convencida de que lo que me da fuerza para afrontar la situación no es otra cosa que esta pequeña arandela de oro que luzco en mi anular izquierdo; que ahora que tengo el niño más la firma en la papeleta puedo finalmente decirle 'No te tenemos miedo'.

Lo loco de todo es que cuando mi mente divagó hacia la escena correspondiente, esta vez estábamos las dos sentadas charlando, muertas de risa, intercambiando información sobre J, cosas que sólo nosotras sabemos, y la pasábamos más que bien.

No, no va a pasar eso, no sean ridículas. Llegado el caso, si el caso llega, sé que me va a costar muchísimo, no sé por qué, pero me va a costar. Pero el sólo hecho de saber cuánto cambió mi postura mientras yo estaba ocupada pensando en otras cosas, wow. Qué madura estoy, la puta madre.

martes, 15 de noviembre de 2011

La solitaria

Yo soy de esas (digo de esas porque me gusta creer que no soy la única, aunque no me consta) que atravesó su adolescencia y entró a su adultez joven convencida de que el amor no era para mí, que jamás un hombre aceptable iba a fijarse en esto que yo soy, que estaba condenada a la soledad para siempre. Miraba Never Been Kissed (Jamás besada), ponele, y lloraba como loca. Leía 100 años de soledad y me identificaba con Amaranta Buendía, convencida de que, como ella, iba a morir joven.
Después me crucé con un chico que resultó ser bastanta hijo de puta y que me convenció de algo mucho peor: "no es que nadie te va a dar bola, es que yo soy el único que te puede dar bola, soy tu única y última opción, así que aceptá todas estas cosas que te hago, o morite sola". Todas las cosas que me hacía, claro, son tema de otros posts. Pero les aseguro que llegó un punto en que terminé por preferir la segura soledad que me esperaba por el resto de mis días antes que soportar un instante más de esa relación tan tóxica.

Esa liberación física y mental se dio en mayo de 2007. Cuatro meses después empecé a salir con J. Y creo que nadie necesita que le recuerde cuánto quiero yo a J, cuánto deberían odiarme todas por habérmelo cantado pri.

Cuando decidimos vivir juntos en esta casa donde previamente él había vivido con su ex mujer, fue necesario hacer algunos bastantes miles de cambios para que yo pudiera empezar a sentirme local. Por ejemplo, cambiamos el color de todas las paredes. Mi papá me hizo el mueble ideal. Trajimos de mi casa mi ropero enorme y mi escritorio. Depuramos absolutamente todas las pilas de papeles que aparecían por todos lados. Y empezamos a buscar objetos que contaran nuestra propia historia.

Uno de esos fue un juego de tazas nuevo. Cuando volvimos a casa y hubo que guardarlas, J me preguntó qué hacíamos con las que ya había. No eran muchas, serían 4 o 5, pero eran todas diferentes, estaban viejas, manchadas por dentro. Claramente, su intención era tirarlas.

Pero ahí recordé a la pobre adolescente traumada y a la universitaria sufrida, y salté a defenderlas. "Las guardamos". Le dije. "Y no solo las guardamos, vamos a fundar el Club de la Taza Solitaria. Cada vez que una taza en el mundo se quede sola, pierda a sus compañeras, y sienta que ya no tiene un lugar en este mundo, siempre será bienvenida en el Club. Acá no juzgamos, no discriminamos por color, diseño o pulcritud, ni preguntamos qué circunstancias la llevaron a convertirse en solitaria. Abrazamos a todas las tazas distintas, les damos contención y cariño, y, lo mejor de todo, las juntamos con otras solitarias, para que se sientan un poco menos solas".

Sí. Le di todo este discurso con mi cara más seria y aún así, el pibe no me mostró la salida. El Club pasó a estar arriba de un mueble, hasta que a mi amiga Memé se le ocurrió una idea. A J, por supuesto, le pareció genial, y no tuvo problemas en llevarla a cabo.

Así que hoy, queridas amigas, les presento la exposición permanente del Club de la Taza Solitaria, ubicada en una pared de mi cocina.


Y ya saben, si tienen o conocen alguna, me la mandan, que aquí sabemos darles el lugar que merecen.

miércoles, 8 de junio de 2011

Otros tiempos

Ya traté de hablar sobre las ventajas de la maternidad 'joven'. Hoy les quiero contar qué me falta: alguien en mi situación. Ya dije que me encantó que G fuera el primer bebé dentro de mi grupo de amigas, porque mueren por verlo y les gusta pasarse largos ratos jugando con él. Sin ir más lejos, hoy pude llamar a una amiga para que viniera a entretenerlo mientras yo me bañaba, después del gimnasio. Y vino contenta, y le gustó jugar un rato con él, y después se fue.

Todo esto es genial, sí. Pero me pasa que cuando hablo con ellas, aunque sé -o creo!- que no las .aburro, siento que estoy haciendo un monólogo, que las relego a la posición de "mirá vos!", porque no tienen suficiente información como para retrucarme si está bien haber alterado el orden en la rutina nocturna de G. Obvio que me pueden contestar desde el sentido común, pero a veces ni hace falta, ¿para qué interrumpir mi monólogo?

Además, admito que hay veces que, a través de ellas, recuerdo cómo era mi vida antes de G, y, aunque no cambiaría nada de lo que me pasó desde el día que me enteré que estaba embarazada, un poco la extraño. Me acuerdo de un día, cuando yo estaría de 5 o 6 meses, en que vino mi primo a visitarnos con su mujer y su hijita de 2 meses. Cuando ya se estaban yendo -o sea, habían empezado a abrigar a la bebé, guardar todas sus cosas, guardar el carrito, preparar el huevito, etc etc-, J y yo recibimos un llamado de unos amigos invitándonos a comer, un plan que empezaba 20 minutos más tarde. "¿Vamos?" "¡Dale, vamos!" Y ese fue el fin de la deliberación. Mi primo nos miró, maravillado, y nos dijo "Aprovechen ahora, son los últimos meses que tienen para agarrar la cartera y salir". "Pfff qué mala onda, exagerado!" recuerdo haber pensado, en mi tierna ingenuidad idealista de embarazada primeriza. "¿Cuán grave puede ser?".

Y es, che. Ahora con la rutina estricta de G, hace falta que me den un MUY buen motivo para no tenerlo en la cama antes de las 20:30. De cumpleaños de familiares cercanos para arriba, quiero decir. Se sale los fines de semana, siempre y cuando haya alguien disponible para quedarse con G mientras tanto. Esto, por lógica, debe planearse milimétricamente y con bastante anticipación. A esos llamados espontáneos, que nos siguen llegando cada tanto, les tenemos que decir que no. A veces nos pesa más, después de algún día particularmente difícil con G o cuando realmente tendríamos ganas de salir, y hay días en que, para ser honestos, nos viene bastante bien la excusa de que G ya está en la cuna.

No culpo a mis amigas, por supuesto que no. No la tomo contra ellas ni creo que me lo estén haciendo a propósito. Ellas siguen haciendo las cosas que hacíamos, las mismas que yo seguramente estaría haciendo también de no haber existido este pequeñísimo cambio en mi vida. Lo único que les pedí, que les pido, es que ellas tampoco lo tomen como algo personal, que no crean que me corté o es por fiaca o falta de interés. Que tenemos otros tiempos, que estamos atravesando diferentes momentos de nuestras vidas, y que siempre queda la tarde para juntarse a tomar el té, o el 2do fin de semana de agosto, que por el momento lo tengo libre.

domingo, 29 de mayo de 2011

Las dos caras de la maternidad 'joven' (Parte 2)

No fui una madre adolescente. Lejos de ello. G nació un mes y pico antes de que yo cumpliera mis 26 años. Para ese momento yo tenía una carrera universitaria, dos trabajos y dos años de convivencia recién cumplidos en mi haber. Y sin embargo, no se imaginan la cantidad de veces que tuve que responder si el embarazo había sido buscado, a gente que se animó a preguntarlo y a gente que sólo pudo insinuar la pregunta de la forma más indirecta que encontró.
Tuve que contar, entonces, que con J planificamos buscar un bebé un año antes de empezar a hacerlo, que en ese año dejé de fumar, fui a una nutricionista para bajar unos kilos, me hice todos los estudios recomendables, incluida la visita al odontólogo, y empecé a tomar ácido fólico cuando todavía no había dejado las pastillas anticonceptivas. Así que sí, fue buscado. Aunque tuviera que mostrar mi diario íntimo para demostrarlo.
Esta actitud de la gente, (junto con la de preguntarme si me iba a casar, la cual me sorprendió muchísimo más) me hace pensar que soy una madre joven. Joven para los tiempos que corren, redundamos siguiendo el post anterior. Y la verdad que eso me hace muy feliz.
Está genial tomarse su tiempo, como les decía antes, voltear muñecos durante los años locos de la soltería, hacerse un carrerón inimaginable. Pero el chip Susanitesco, en algún momento, va a volver a reclamar lo que es suyo. Y ahora me pregunto: ¿qué van a hacer todas las grosas que lograron ser CEO antes de los 35, cuando el tic tac del reloj biológico no las deje escuchar ni a su propia junta directiva? ¿Van a abandonar la carrera? ¿Van a tener hijos criados por niñeras y mucamas mientras ellas siguen pensando en Wall Street o en Tribunales? ¿Van a llevar a los chicos a la oficina? ¿O van a dejar de lado todo eso que supieron conseguir con tanto esfuerzo?
Yo tengo dos ventajas importantísimas para no dudar de que elegí el mejor camino para mí: por un lado, sé que soy la persona más infeliz cuando estoy soltera, jamás tuve levante ni pude hablar con un tipo que medianamente me gustara sin ponerme nerviosa y decir las boludeces más hundidoras. Así que vida de soltera coleccionando chongos, jamás. Y por otro lado, soy lo menos ambiciosa que hay, tanto que trabajo de una cosa cuando estudié algo distinto (soy psicóloga, ¿ya lo había dicho?). O sea, jamás podría hacer carrera de nada, o en realidad sí, pero en un campo diferente del que descubrí que me gusta verdaderamente,  que es la docencia.
El momento de tener a G era ese.  Ya había pasado todas las etapas, ya estaba 'lista', y, por sobre todas las cosas, ya no tenía más nada que esperar.
La verdad, que todo este tema de tener a G a esta edad me gusta principalmente por 3 motivos.
Los generales son,
-Por un lado, que me siento lo suficientemente 'chica' como para pasar con el bebé más tiempo tirada en el piso que sentada en una silla. Seguramente mamás de 35 o 40 años con bebitos también lo harán, pero así como siento que soy menos flexible que hace 10 años, lo seré mucho menos en 15 más! Además, siento que me gusta más haber afrontado el giro de 180º que obligatoriamente un bebé da a tu vida a esta edad que dentro de unos años, cuando mi vida ya se haya vuelto lo suficientemente estática y ordenada como me imagino que sucede después de muchos años de vida en pareja y sin hijos. Si me voy a tener que despertar de noche a dar la teta, cosa que ODIO, ok, mejor hacerlo ahora y que para los 40 eso haya quedado muuuuy atrás.
-Lo cual me lleva al punto 2, que es parecido. Si les soy sincera, yo tuve hijos por ese bendito chip que te insertan en la juguetería el día que comprás tu primera muñeca. Soy mujer, estoy sana, tengo pareja, tengo óvulos esperando ser fertilizados. HAY que tener hijos. The End. Como soy muy sobreadaptada, no se me ocurriría cuestionar semejante verdad. Y como soy muy competidora, qué mejor que hacerlo antes que las demás de mi edad. Es chocante lo que voy a decir, pero siento que ya cumplí el 50% del trabajo. Porque claro, la PD de este mandamiento sobre tener hijos, es que "no se debe tener sólo uno, los niños necesitan un hermano". Así que me faltaría uno más, y estamos. Estoy esperando que me agarre el mismo sentimiento de "tiene que ser ahora" que me pasó con G, que anticipo sucederá para cuando cumpla 30. Un chico de 5 y un recién nacido. No me parece el negocio del año pero al menos para cuando tenga 40, voy a tener el 100% del trabajo listo y 2 hijos que se queden a dormir en lo de los amigos. Una guacha, ya sé, pero entiendan que estoy hablando desde el costado más frío, descontamos todo lo lindo y gratificante que traen los hijos.

El 3er motivo es mucho más personal, y es también el más egoísta:
-Además de por una cuestión de competencia, a mi me convenía tener a G en este momento. ¿Por qué? Porque iba a ser el 1er nieto de mis viejos, el 1er sobrino de mis hermanas, el 1er bebé en mi grupo de amigas. Iba a ser la novedad, y entonces todos iban a estar más pendientes de él, y más dispuestos a ayudarme a criarlo. Cuando mis hermanas y mi mamá lean esto seguramente no se van a sorprender, a lo sumo confirmarán una sospecha. Pero sí, es verdad. Me alivia pensar que hay gente que realmente quiere tener un ratito para cuidar o jugar con G. Si mis hermanas y mis amigas estuvieran cada una ocupadas con sus propios niños, mi vida sería bastante más complicada. ¿Para cuando tenga el 2do? No sé, ¡me buscaré amigas más jóvenes!

En fin, la verdad que muchas veces me pregunto si habré tomado esta decisión de ser madre basándome en los motivos correctos. Y la respuesta es fácil: claro que no. Pero sin embargo acá está el fruto de mi inmadurez, de mi egoísmo, de mi competencia contra el mundo. Y lo amo con locura, y cada día agradezco más a todas esas razones equivocadas porque me regalaron 15 años de ventaja a la vida. Si yo hubiese esperado, ponele, hasta los 40, quizás los motivos que me hubiesen llevado a tener un hijo hubiesen sido más acertados. Quizás hubiese disfrutado todo de otra manera, con otro deseo. Quizás hubiese invertido esos 15 años en mí misma, en desarrollarme espiritual o laboralmente.
Pero hubiese pasado 15 años sin G, lo cual, ahora que lo conozco, me parece el peor panorama posible. Sigo eligiendo las tardes tirada en el piso, o revoleándolo por el aire, o cantándole canciones inapropiadas de cumbia y reggaetón, u horrorizando abuelas al dejarlo hacer básicamente lo que él quiere. Nada me da miedo, o casi. Porque soy joven, y J es joven, y nos quedan todavía muchísimos años de crecer los 3 juntos.

lunes, 9 de mayo de 2011

Al único premio que gané en blogolandia, nunca lo retiré. Típico mío.

¿Conocen el blog Son Cosas Mías? ¿No? Bueno, es como un magazine, no sé, tiene un poco de todo. En mi caso funciona como un noticiero light, lo cual me sienta perfectamente. En fin, a mí me encanta, pero no es para todo el mundo...
Resulta que este muchacho, Capitán Intriga (el del blog), suele hacer concursos y sorteos auspiciados por varias marcas. Que el telefonito, que la chocotorta, (!), que los 200 litros de cerveza. Y yo, no, no, y no. Esas cosas no son para mí. Si no le escribí la carta a Susana con el paquete de fideos en su momento (bueno, tenía 10 años, hubiese sido raro que sí lo hiciera), no te voy a escribir a vos.
Peeeeero, un buen día este chico anunció un concurso que sí me iba: uno en conjunto con Tienda Kitsch. Si no saben lo que es, juzguen por el nombre si les va a gustar, antes de entrar a la página... Es eso: una tienda. Kitsch. El premio era elegir lo que quisieras del lugar, y yo me dije "esta es la mía". No tanto por el premio, porque era bastante obvio que en el caso de ganar iba a hacer lo que efectivamente hice, pero me entusiasmó la idea de mostrar uno de mis lugares favoritos de mi casa: El Mueble Ideal.
Les copio el mail que le mandé al Capitán, y la foto adjunta:

Hola Capitán!
En cuanto vi el último concurso, supe que era el momento de salir del closet de lectora anónima y sacar a la luz mi guiltiest pleasure: everything kitsch!
Verá, hará un par de años, cuando me decidí a pintar mi living de amarisho bien fuerte, le pedí a mí papá que me hiciera un mueble con muchos cubos para colgar en la pared. Él cumplió, y ahí descubrí que no tenía idea de qué iba a poner en él. A los pocos días vi en la casa de una amiga un "buggy" (para mí es un autito, bah) de un huevo Kinder: Se lo pedí, y me lo regaló, asegurándome que mi novio me iba a sacar corriendo cuando llegara a mi casa con eso. Pero hete aquí, que cuando lo vio, dijo "Esto es IDEAL para el mueble nuevo!" y así fue que el mueble en cuestión pasó a ser conocido como "el ideal", y fuimos agregando cualquier cosa en miniatura que se nos fue cruzando. Cuantas más miradas desaprobadoras causaba entre amigos y familiares ¡mejor!
Hoy, ya pasado un tiempo de esos inicios, el mueble se ve como en la foto que le adjunto. Como verá, a whole lotta kitsch. Y me encanta! 
Por eso considero, después de dar veinte mil vueltas a la página de Tienda Kitsch (ya que, como entenderá, me gusta TODO lo que vi), que sería IDEAL pasearme en mi living y reacomodar mi mueble kitsch en la comodidad de esas súper pantuflas All Star, que seguro desatarán la envidia (enmascarada bajo la sorna) de mis amigos y conocidos.
Por favor sea piadoso al ver el archivo, considere que tengo 0 tecnología y que lo armé en 10 minutos, en Power Point, y con mi bebé de 6 meses a upa y moviéndose todo el tiempo! Ahh, la vida de la madre moderna y kitsch!
Como no podría ser de otra manera, me despido agradeciéndole por el súper blog que maneja, y pidiéndole que siga siempre así! (ok, cité a Bandana, estoy en llamas!)



Como verán, dice bebé de 6 meses, o sea que esto pasó hace 2. Alrededor de una semana después del mail, el Capitán me contestó que había ganado. Y que podía ir a retirar el premio en no sé qué horario diurno a Buenos Aires. Capital. El Centro. El fin del sueño, en lo que a mí respecta. La última vez que fui a ese lugar fue cuando fui a ver a Gasalla, en el verano. Seriously. Ni todas las pantuflas exageradas del mundo podrían hacer que yo fuese ahí de día. Y estoy a 50km. Como dije en el título, típico mío.

En fin, soy la Reina del Kitsch o soy la Reina del Kitsch?? Esto prueba que J y yo somos el uno para el otro, ¿no?

jueves, 28 de abril de 2011

Sobre J

1. J nació el 27 de abril de 1980, ergo, a partir de ayer tiene 31 años, y por eso escribo esto hoy, supongo.

2. J se puso de novio a los 18 años, se casó a los 24 y se separó a los 26.  Comenzó un período de fiesta total en el que juró que jamás iba a volver a comprometerse emocionalmente con nadie, pero 8 meses después me conoció a mí, 36 días más tarde nos pusimos de novios oficialmente y ya no nos separamos.

3. Es la persona más optimista y buenhumorada (?) que conozco, y aunque a veces me agota tanto positivismo, es el único que me puede cambiar el humor cuando estoy sumergida en un mar de furia. Y en general, tiene ese superpoder en casi todo el mundo.

4. No tiene ni una pizca de sentido de la moda, del estilo, de combinación de colores o texturas en la ropa. Él se pone lo que le gusta, y ya. Y a mí eso, la verdad, que me encanta.

5. Ama el fútbol. Vive fútbol, respira fútbol. Cuenta cuántos segundos faltan para el glorioso momento en que G patee su primera pelota. Juega con sus amigos, con los amigos de los amigos, con el pibe que pasó por la calle y justo necesitaba uno para el equipo. Llegó hasta a jugar con mi ex, al que NO queremos (bueno, yo), sólo para no perderse la posibilidad de un partido más.

6. Es periodista, y yo no sé si eso es causa o consecuencia de su innato poder para sacarle conversación hasta a las plantas. Sabe muchos más detalles que yo de la vida de mi abuelo, por ejemplo, porque es el único que realmente se sienta con paciencia infinita a escuchar sus historias mil veces. Creo que siente que todos, absolutamente todos, tenemos cosas interesantes para contar. Lo loco es que gracias a esa convicción, efectivamente encuentra algo memorable en la vida de cada uno.

7. Es querible, no sé. Obvio que no me lo van a venir a decir a mí, pero estoy convencidísima de que no existe persona en el mundo que pueda decir que es un mal pibe, que se portó mal con él/ella, o que directamente no lo soporta.

8. Es el hijo que mi papá esperó toda su vida pero que se resignó a nunca tener después de su 3era hija mujer. Sorpresa, 17 años después, le cae un hijo. Ojo, mi papá nos ama, pero está clarísimo que esto de tener con quién compartir los 20 deportes distintos que miran, las salidas a pescar, el Gran DT, la actualidad política y social y hasta el vino de la cena, para los dos, no tiene precio.

9. Tuvo un pólipo en la garganta el año pasado, que, por su profesión, fue necesario remover con una intervención quirúrgica. Alucinó con la experiencia de la anestesia, pero después pasó los peores días de su vida cuando no pudo hablar por 48 horas. Justo él. La doctora que lo atendió me dijo "Bueno, mirá, no para de hablar con los enfermeros... No sé cómo vas a hacer para que se quede callado. Suerte!"

10. Sabe lo básico de todos los oficios útiles en una casa: es mi plomero, mi electricista, mi albañil, mi técnico del cable, hasta un poco mi mecánico personal. Siempre se tira abajo diciendo que esas cosas nunca le quedan perfectas, pero para mí, con lo que hace basta y sobra. Supongo que adentro mío, eso es lo que tiene que hacer un hombre que se precie de tal.

11. Después de una charla con las mujeres de sus amigos, que contaban que los susodichos jamás habían cambiado ni cambiarían un pañal, se me ocurrió preguntarle a él si estaba dispuesto a hacerlo (yo todavía ni estaba embarazada). Me miró muy serio y me dijo "Sí, pero nos tenemos que turnar, vos también vas a tener que cambiarlo a veces!" ¿Entienden esto? Fue genial. Y al día de hoy, cumplimos ese trato al pie de la letra. Yo también lo cambio, a veces...

12. Le regalé una agenda el año pasado. Jamás la usó. Su sistema imbatible sigue siendo tener 10.000 papelitos con direcciones y números de teléfonos (muchas veces sin referencia!) apiñados en un mínimo espacio de su billetera. Sí, muchas veces se le superponen eventos, o se olvida. Lo queremos así.

13. Tiene una familia enorme: 3 hermanos, 12 sobrinos. Él es el hijo más chico, y por ende, "el nenito" para todos. Ayer tenía a como mínimo 5 mujeres de su familia trabajando para él en su cumpleaños. Mi suegra me ha llegado a decir "J es el mejor de mis hijos". Así nomás. No se lo discutí.

14. Los amigos lo llaman por 2 apodos ridículos que nunca logré descifrar del todo de dónde venían. Por eso trato de mentalizarme de que algún día a G, con su nombre tan lindo, le pueden empezar a decir Cabeza, o Remolacha, o Marley. Qué sé yo.

15. Más allá de la cambiada de pañales, es un padre espectacular, al día de la fecha. Ama a ese bebé con locura, lo ve lindo, inteligente, perfecto. Tiene la delicadeza de dejar que yo le elija la ropa que él le pone todas las mañanas, eso sí.

16. Ha logrado que yo, la persona más celosa sobre la faz de la tierra, no tenga un sólo motivo para dudar de él. Ok, las despedidas de soltero a las que va no me hacen muy feliz que digamos, pero como dice la vieja frase: "no desconfío de vos, desconfío de ellos..."

17. Ama mis collares y mis aros. Me arenga para que los use todos los días.  Creo que internamente sufre por no poder usarlos él.

18. No sabe qué es el asco. No voy a dar detalles acá, créanme y ya.

19. Lo mejor que le quedó de su matrimonio fallido fue el miedo por no ser lo suficientemente atento para con su mujer. Así que ahora es como el otro extremo, está muy pendiente de mí, de lo que me pasa, de lo que hago y dejo de hacer. Cuando me sacaron los brackets hacía menos de un mes que estábamos de novios, y ese día me trajo 2 manzanas (una verde y una roja, porque no sabía cuál prefería), porque había escuchado que comer manzanas era lo que más extrañaba desde que me habían puesto los aparatos. Qué ejemplo boludo que conté, pero sirve para ilustrar el punto.

20. Cuando él te abraza, te abraza. Te sentís querida. Lo sentís tan auténtico. Ojalá yo pudiera ser así.

21. Compite con mi papá por el puesto de "Persona más generosa que conozco". El pibe es todo dar.

22. Está un poco preocupado por la panza que se ve y que se le está yendo un poco de control. No está acostumbrado, y se horroriza cuando ve que una remera M le queda justa, tirando a chica. Hace promesas de dieta que se le olvidan en cuanto se cruza con la 1era medialuna. Y a mí qué me importa, les juro.

23. Hablando de comida, tiene la madre mejor cocinera del mundo. Nunca he visto a mi suegra cocinar cosas salidas de una caja. Todo empieza de 0. J se crió así, obviamente, y después se vino a cruzar con esto que soy yo. A fuerza de constancia, ya me convenció de que cuando me aplaude por las patitas con arroz o los fideos con salsa de lata que le preparo, no está siendo irónico. Él es un agradecido de la vida, tiene gustos simples y sabe disfrutarlos. Le gusta la comida, y te lo va a decir, te va a aplaudir. No le importa de dónde vino, él te agradece tu esfuerzo y básicamente, todo le viene bien.

24. Excepto las aceitunas, y el helado de limón, aunque si los tiene que comer, los come. Eso es todo lo que he encontrado que no le gusta, en 3 años y medio de relación. Qué tipo jodido.

25. Él fue quien me enseñó que el Fernet es Branca, y que es rico.

26. Tiene unos anteojos, que no usa nunca, pero el otro día los encontró y de repente se maravilló ante lo nítido que se veía el mundo. Yo aproveché y le presenté a G, cosa que lo viera bien por última vez antes de volver a perder los anteojos. A mi panza post-bebé me encargué de esconderla bien.

27. Le encanta jugar juegos de mesa y de cartas, otra de las características del hombre ideal (por si alguien se lo preguntaba, sí, son todas características de mi padre. Groso edipo. Shut up).

28. Le gusta la música nacional, pero jamás pretendas que se acuerde más de una estrofa.

29. Mejor no le pidas que se acuerde de nada con mucha exactitud. Yo soy lo contrario, así que ya aprendió a no discutirme nada relativo al pasado, inmediato o lejano.

30. Mira "Un año para recordar", la novela de Carla Peterson, que a mí me parece un divague aburridísimo. Y cuando le quiero hablar, me dice "pero estoy mirando mi novela!". ¿Doña Rosa, él?

31. Ahora se quiere casar. Y ahora yo no quiero. Si tan sólo pudiéramos invertir los roles, ponerle a él el vestido blanco, hacer que él caminara por el pasillo ese hasta el altar (igual por Iglesia no podemos porque es divorciado, por suerte!), y se sacara 5.000 fotos posando con el ramo, estaríamos todos contentos. Pero no, che, parece que yo también tengo que estar en las fotos, yo también tengo que sonreir y bailar toda la noche y saludar a la tía Elsa que me diga que estoy 'preciosa'. Y yo así, no. Así, de perfil, no. Así que veremos J, disfrutá tus 31. Seguí así, no cambies nunca, la radio está buenísima. Gracias por elegirme.

jueves, 17 de marzo de 2011

En el mini viaje del fin de semana me pasó algo bueno que ya me había pasado una vez anteriormente, en Río de Janeiro.

J y yo no somos exigentes en la elección de alojamiento, para nada! Nos basta con que haya una cama (ni sommier pedimos), un baño relativamente limpio, e idealmente una pileta en algún lugar, ya que a mí no me gusta la playa. Así que por lo general, buscamos presupuestos, vemos un par de fotos, "¿te gusta?" "Sí, dale", llamamos, confirmamos, y a otra cosa. Generalmente los lugares son como se ven en la foto o un poquito menos, siempre algún detalle falta, siempre la foto es de la mejor habitación con la mejor luz con la ambientación ideal. Pero de todas maneras, como dije, no somos para nada exigentes, y ya el hecho de tener unos días para nosotros y de vacaciones nos alcanza...

Decía, entonces, de estas 2 veces que los hoteles nos sorprendieron para bien. La primera vez fue en enero del año pasado, en Río. Habíamos pasado una semana en Buzios, es una posada tranqui, y reservamos (con muuucha anticipación, quizás esta fue la clave) la última noche del viaje en el Copacaban Río Hotel. Cuando llegamos, hicimos el check-in y el señor de la recepción, al darnos el número de la habitación, comentó "ah, piso 14, qué bueno!" Jamás nos imaginamos a qué se refería.

Resulta que nos habían asignado una suite, que contaba con living, cocinita, baño enooorme, habitación inmensa con un sector de escritorio y otro de lectura, y un balcón con vista al mar. What? Era la primera vez en nuestra relación que, ponele, teníamos un plasma en la habitación del hotel. Tanto tanto nos pareció, que nos daba miedo desarmar los bolsos porque estábamos seguros de que iba a venir alguien a pedirnos disculpas por la equivocación. Claro, veníamos de una posada donde por 10 reales menos, nos habían dado una cama, un baño, una tele 20 pulgadas y lagartijas que se colaban por el aire acondicionado! Y nosotros felices! Nos arrepentimos de haber reservado sólo una noche ahí, porque además estábamos a una cuadra de la playa y en una ciudad con muchas más opciones que Buzios para gente antiplaya como yo! La inexperiencia...

Esta vez, en Costa del Este, pasó algo parecido. Mi papá, el organizador oficial del viaje, también es de los que se conforman con poco, y considerando que buscaba algo para 9 personas... La verdad que fui con la expectativa de parar en un antro oscuro y alejado de la civilización, y me encontré con esto:

Vista desde nuestro cuarto

 Me encantó el detalle de la cuna para G!

 Playroom for babies?

 SUM, aunque faltó foto de la pileta climatizada que estaba al lado!

Atrás nuestro, el mar... 

Sé que para la gente viajada (cof-Alicia-cof!) esto es nada, pero por favor recuerden que en mi mente, yo iba a un lugar así:


Qué lindo cuando la vida te da sorpresas de las buenas! Les pasó?

miércoles, 2 de febrero de 2011

La plata, el dinero, el show me the money, siempre fue un tema para mí. Supongo que tendrá sus orígenes en esta cuestión de ser la becada en colegio bilingüe, en la obviedad de que todos sabían de mi situación económica y yo sabía de la de todos. Entonces listo, la plata se convirtió en un tema tabú autoimpuesto, igual que el peso, y a otra cosa.

Esto se arrastró, años después, a mi vida laboral. Eso de pelear un sueldo, negociar o pedir un aumento, venderme de alguna manera a mi empleador de turno, nunca me fue fácil. Y no porque sienta que no lo merezco, porque siempre trato de dar lo mejor en cada trabajo, pero... no sé. No sé qué decir, le tengo pánico al no, siempre estoy tratando de prever qué van a pensar de mí si pidiera esto o pretendiera lo otro.

Pero, (porque siempre hay un pero), ahora las cosas cambiaron. Con la llegada de G, no había manera de que pudiera mantener los 2 colegios. Bah, manera había, pero iba a ser bastante más complicada la cosa. Ya retomaremos el tema el año que viene. Decía, entonces, que había que elegir. El colegio al que voy a la mañana era la mejor opción por varios motivos, principalmente por el horario (vuelvo a las 12 y me queda el resto del día para estar con G, lo cual es el objetivo final de todo esto) y porque es el lugar donde más cómoda me siento, con respecto a mis compañeras.

Entonces, tuve que ir, un poco contra mi voluntad, y un mucho a favor de mi economía familiar, a hablar del tema sueldo, porque la verdad es que todo muy lindo, pero ganaba varios cientos menos que en el otro cole!
En síntesis, las cosas salieron bien, obtuve un aumento más que sustancial, me trataron siempre bien y todos contentos. Mi reflexión pasa en realidad otra vez por G. Este bebé me está haciendo hacer cosas que me dan miedo, teniendo siempre su bienestar en mente, y es sinceramente algo que le agradezco. No sólo por la plata extra que va a empezar a entrar a casa, que nos es tan necesaria en este nuevo panorama, pero principalmente por la oportunidad/obligación de ir más allá, enfrentar mis limitaciones y convertirme en una mujer cada vez mejor plantada, más segura y más convencida de que todo lo que hago está bien, siempre que sean por y para él.

lunes, 6 de diciembre de 2010

La verdad que mi embarazo fue espectacular. Nunca tuve ninguno de los síntomas típicos e indeseados: mareos, náuseas, vómitos. Ni siquiera se me hincharon los pies! Podía dormir de noche y mi libido estaba intacta. Sí tuve dolores fuertes de espalda el último tiempo, pero generalmente se solucionaban mejorando la postura.
La fecha probable de parto para G era el 9/9/2010, pero siempre la tomé como una fecha estimativa. Estaba sergurísima de que iba a tener que esperar mucho más que eso para conocerlo, entonces tomaba ese día como el que empezaría la seguidilla de días de altos niveles de ansiedad, creyendo que en cualquier momento G iba a llegar.
Hice el baby shower el 21/8, todavía faltaba bastante así que estaba de lo más tranquila. Hicimos una "apuesta" entre todas para ver qué día nacería, algunas coincidieron conmigo en que sería después del 16/9.
Secretamente, en lo más íntimo, yo soñaba con que fuera el 1/9, fecha de mi aniversario de convivencia con J, pero ese día llegó y no pasó nada. Esa noche teníamos pensado ir a comer al restaurant más caro que conocemos por esta zona (Kansas), y después volver y seguir el 'festejo' en privado en casa. Me empecé a preparar. Cuando estaba a punto de entrar a la ducha, sentí algo que no había sentido nunca antes en mi vida, que me hizo frenar y agarrarme del lavatorio. 'Ok, qué es esto?' me pregunté, pero no me quise dar manija y decidí seguir como si nada. Me bañé e inmediatamente empecé a fantasear con que lo que acababa de sentir podía llegar a ser la 1era de una serie de contracciones que terminaría en G, pero como no sentí nada más, mi mente divagó para otros lados y ahí quedó. Salí del baño, me vestí, me peiné, me maquillé, y le dije a J que estaba lista para ir.
En cuanto puso el auto en marcha, de nuevo ese dolor. Esta vez sí se lo conté a J, pero en tono de chiste: "Bueno, mirá, me parece que estoy teniendo contracciones. Cómo nos ves terminando el aniversario en el hospital?" A él le pareció tan gracioso como a mí, y partimos.
Durante toda la comida estuvimos haciendo chistes con lo mismo, yo sentía contracciones cada tanto pero eso no me impedía seguir comiendo todo lo que me pusieran enfrente. La comida estaba riquísima y aunque tenía que parar a cada rato para concentrarme y respirar hasta que pasara el dolor, no iba a dejar de comer.
En un momento le conté a J que había tenido la intención de hacerle un regalo, pero que había preferido contar con su aprobación y guía ya que se trataba de tarjetas personales y era mejor si él mismo decidía qué poner. "Igual", le dije, "el trato era no hacernos regalos, así que todo bien".
Cuando dije eso, él sonrió y sacó del bolsillo una cajita envuelta en el distintivo papel de la joyería más conocida de por acá. Empecé a quejarme: "No vale, dijimos sin regalos, yo no tengo nada para darte..." y cuando lo empezaba a abrir, otra contracción. "No, no, esperá que pase el dolor, no quiero que lo abras estando así..." Esperé, entonces, y después lo abrí. Y en esa caja donde esperaba encontrar un collar o un par de aros, vi dos alianzas. Y lo miré a J y él con una sonrisa enorme me dijo "Quería que fuera oficial. ¿Te querés casar conmigo?"
Vale aclarar que el tema del casamiento estaba charlado de antemano. Ya teníamos pensada hasta la fecha (01/09/2012), pero el hecho de hacerlo patente y tangible con alianzas nunca se había mencionado. Así que para mí fue una sorpresa enorme, que terminó de coronar esa noche perfecta.
Como el hospital donde iba a nacer G es en extremo católico, empecé a hacer chistes con que "Menos mal que ahora tengo una alianza, si no no me iban a querer atender", y cosas del estilo.
Para cuando terminamos de comer (entrada, plato y postre, no me iba a quedar con las ganas de nada), ya no cabían dudas de que estaba teniendo contracciones cada más o menos 10 minutos, y que algo estaba pasando...
En el viaje de vuelta a casa le pedí a J si podíamos pasar por la casa de mis papás. Mi excusa fue que quería mostrar las alianzas y contarles del flamante compromiso oficial, pero en realidad necesitaba estar con gente que hubiera pasado por esto antes, alguien que me explicara de qué se trataba y, sobre todo, que me asegurara que todo iba a estar bien. Sentía que me estaba por convertir en madre, pero quería sentirme hija por última vez antes de obtener el nuevo título.

(Lo dejo acá porque veo que se está haciendo eterno, y quizás si lo termino en otro capítulo habrá chance de que alguien lo lea...)