Finalmente llegó el día D... o el Día R. Vinieron los Reyes!
Como dijo Nikita en los comentarios anteriores, se armó le hecatombe, el debate del año, el mismo que se arma en mi vida real cada vez que aparece este tema... La única diferencia es que en la vida real mis interlocutores no se pueden poner una bolsa en la cabeza y decir cualquier cosa disfrazándose de anónimos.
Creo que por teorizar o generalizar no fui demasiado clara en cómo hacemos las cosas en casa, o al menos cómo hicimos este año.
Pasamos Nochebuena en lo de mi mamá, y como Geno se nos dormía, empezó a abrir regalos tipo 22:30. Algunos eran de parte de alguien en particular, otros de Papá Noel, dependiendo de la preferencia de cada uno. El 25 a la mañana, yo le di mi regalito diciéndole "Feliz Navidad" y chau picho.
Para Reyes, como dije, no compré nada. Pero me parece que Javi lee secretamente mi blog y le llegan los posts al mail, porque minutos después de haber publicado mi oda anti Reyes, espontáneamente empezó con el cuentito del pasto y el agua y los regalitos, y obviamente empezó a cebar al niño, que en su puta vida vio un camello pero ya entiende el concepto de "regalitos" a la perfección.
Así que, considerando que fue Javi quien compró una pistola que dispara pelotitas y un chaleco salvavidas mientras yo dormía la siesta, lo dejé que armara todo el circo, sin involucrarme. Anoche, por algún motivo, Geno no quería pisar el pasto de casa para buscar una pelota, pero cuando Javi le propuso juntar pastito para los Reyes, lo hizo sin dudarlo un segundo. Después el agua, después las ojotas... y Geno se pasó el resto de la noche tratando de convencer a alguno de mis amigos a que lo acompañaran a hacerse el dormido al lado del pasto así venían los camellos, que contaba incansablemente con los deditos: "Uno... dosh... tesh!"
Hoy a la mañana, después de pasarse a nuestra cama, quiso acompañar a Javi a preparar la mamadera, y aquí viene mi confesión: yo también salí de la cama para verle la cara cuando no encontrara el pasto. Fue lindo, como que no entendía nada, y después flasheó y alucinó con el regalo porque era lo que él quería desde que le regalaron lo mismo a su primo para Navidad.
Así que bueno, mi postura al respecto es mucho más laissez faire que convencerlo cruda y abiertamente de que nada de eso existe. Porque si esto 100% de acuerdo con un comentario, es con el de Lola: los chicos aprenden de la cultura que los rodea y van a creer lo que quieran hasta cuando ellos quieran. Sabía esto por las teorías sexuales de la infancia pero no se me había ocurrido trasladarlo a estas figuras. Lo de Papá Noel Geno lo trajo del jardín, estoy casi segura, porque sin haberle dicho nada en casa, un día vio la imagen en una publicidad y gritó "PaNoel!!". Lo mismo pasó con el Gangnam Style, dicho sea de paso.
Así que no, quédense tranquilas que mi hijo no va a andar despedazando sueños en el jardín (?) Pero cuando se le rompa el corazón, tarde o temprano, yo voy a ser la que le diga: "Hacé memoria Geno. Mami fue la única que jamás te mintió." Porque todo esto de la maternidad, como todos sabemos, en última instancia se trata de mí y nada más que de mí".
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domingo, 6 de enero de 2013
domingo, 14 de octubre de 2012
Cara o ceca
No voy a empezar por hablar de Según Roxi porque estimo que a esta altura ya todas la conocen, o deberían. Si no la conocen CONÓZCANLA, solo si son madres; si no me imagino que pierde bastante gracia. Bueno en fin, Roxi es mi Sri Sri, la amo cada día más, es la forma de autoayuda materna más potente que he encontrado hasta el momento.
Hasta ahora sólo conocía los capítulos, su Twitter y su Facebook, pero hoy me puse a leer el blog, y como no es tan raro de suponer, terminé llorando.
Porque escribió una nota que publicó Rolling Stone con una entrevista a Lennon, y terminó el post con un video de Beautiful Boy que me quebró. Porque justo hoy, a la siesta, Geno lloraba y lloraba y yo le canté esa canción y se quedó mirándome primero y se durmió antes del final, y yo que no podía creerlo, hubiese empezado a llorar myself si no era porque tenía tanto sueño que probablemente tampoco haya llegado a terminarla para mí misma.
Y ver a Sean en el video, y Yoko jugando con él tirados en el pasto, y toda esa escena tan familiar, tan cotidiana y tan feliz, hizo que se me mezclaran dos sentimientos muy contradictorios.
Por un lado, y son libres de cagarse de risa si así lo desean, yo quiero dejar asentado aquí y ahora que últimamente me ando considerando buena mamá. Sí, yo, la turra que se fue a Disney sin el hijo. Sí, la que empezó a escribir este blog porque la maternidad la estaba matando, aún cuando todavía no conocía a Roxi. Sí, la que depende de toda una red de contención emocional para transitar el día a día madre-hijo. Esa, yo, escribió un par de líneas más arriba que se considera buena mamá.
Es que, más allá del obvio amor incondicional que siento por él por sobre todas las cosas, siento que le tengo bastante más paciencia, que estoy más presente y más disponible, que sé cómo llegar a él, que lo conozco, que él sabe que estoy acá, y que si no estoy, voy a volver.
Empecé a disfrutar los momentos a solas con él en casa, ya no armo planes a ver adónde me puedo escapar o quién puede venir, al menos, a charlarme un rato y ayudarme a sobrellevar la experiencia. Sí, yo hacía eso, mucho. Y no estoy diciendo que no lo vaya a volver a hacer jamás, tampoco.
De a poco nos empiezo a ver como un equipo; yo juego a los Carrrs y a la Pey y al ásket y al cúcol, y él me banca mientras hago la comida, lavo la ropa, y hasta, a veces, mientras estoy en la compu. De a poco, es todo un proceso. Pero siento que los Terrible Twos hicieron un muy buen debut en esta casa; nos quedan 11 meses más que pffff, qué papa que van a ser, ¿no? ¿No? (Me hago autochistes, no se preocupen).
Bueno, el otro lado, el reverso de toda esta oda a mí misma, es que ayer se me ocurrió la genialísima idea de que Genaro acababa de dejar el chupete, en ese mismísimo acto mental mío, sin consultarlo con él ni con su padre, basándome solamente en las órdenes de Piñón Fijo. Mañana a las 8 am se cumplen 48 hs de abstinencia, pero la puta que han sido duras. No me quiero imaginar tener que acompañar a alguien en una abstinencia frente a alguna adicción posta, porque ayudar a Geno a dormir la siesta sin chupete, ayer, fue devastador. Hoy, gracias a Lennon, y al proceso de resignación que estoy segura ya comenzó, todo fue mejor.
Me tuve que defender de todo el mundo, de los que me miraban indignados mientras él repetía, "Tete... teteee..." como una letanía. Lo trágico es que no tengo defensa, no tengo motivos demasiado convincentes, solo sentí que ya era el momento, que era suficiente, que él está preparado y que estoy recontra mil podrida de estar más pendiente de si llevo chupete que de lavarme los dientes. No sé si funcionará, no será tan fácil, yo sé que pasa, no será tan simple como pensaba. Pero ahora me la tengo que bancar. Sucumbir y devolvérselo mañana reforzaría la idea de que soy una hija de puta que hizo pasar a su hijo 48 hs sin chupete, al pedo.
¿Ahora entienden por qué los sentimientos encontrados? ¿No es lógica pura que un video filmado hace más de 30 años de un pibito corriendo me haya hecho llorar? ¿No es Roxi un camino a la Iluminación?
Hasta ahora sólo conocía los capítulos, su Twitter y su Facebook, pero hoy me puse a leer el blog, y como no es tan raro de suponer, terminé llorando.
Porque escribió una nota que publicó Rolling Stone con una entrevista a Lennon, y terminó el post con un video de Beautiful Boy que me quebró. Porque justo hoy, a la siesta, Geno lloraba y lloraba y yo le canté esa canción y se quedó mirándome primero y se durmió antes del final, y yo que no podía creerlo, hubiese empezado a llorar myself si no era porque tenía tanto sueño que probablemente tampoco haya llegado a terminarla para mí misma.
Y ver a Sean en el video, y Yoko jugando con él tirados en el pasto, y toda esa escena tan familiar, tan cotidiana y tan feliz, hizo que se me mezclaran dos sentimientos muy contradictorios.
Por un lado, y son libres de cagarse de risa si así lo desean, yo quiero dejar asentado aquí y ahora que últimamente me ando considerando buena mamá. Sí, yo, la turra que se fue a Disney sin el hijo. Sí, la que empezó a escribir este blog porque la maternidad la estaba matando, aún cuando todavía no conocía a Roxi. Sí, la que depende de toda una red de contención emocional para transitar el día a día madre-hijo. Esa, yo, escribió un par de líneas más arriba que se considera buena mamá.
Es que, más allá del obvio amor incondicional que siento por él por sobre todas las cosas, siento que le tengo bastante más paciencia, que estoy más presente y más disponible, que sé cómo llegar a él, que lo conozco, que él sabe que estoy acá, y que si no estoy, voy a volver.
Empecé a disfrutar los momentos a solas con él en casa, ya no armo planes a ver adónde me puedo escapar o quién puede venir, al menos, a charlarme un rato y ayudarme a sobrellevar la experiencia. Sí, yo hacía eso, mucho. Y no estoy diciendo que no lo vaya a volver a hacer jamás, tampoco.
De a poco nos empiezo a ver como un equipo; yo juego a los Carrrs y a la Pey y al ásket y al cúcol, y él me banca mientras hago la comida, lavo la ropa, y hasta, a veces, mientras estoy en la compu. De a poco, es todo un proceso. Pero siento que los Terrible Twos hicieron un muy buen debut en esta casa; nos quedan 11 meses más que pffff, qué papa que van a ser, ¿no? ¿No? (Me hago autochistes, no se preocupen).
Bueno, el otro lado, el reverso de toda esta oda a mí misma, es que ayer se me ocurrió la genialísima idea de que Genaro acababa de dejar el chupete, en ese mismísimo acto mental mío, sin consultarlo con él ni con su padre, basándome solamente en las órdenes de Piñón Fijo. Mañana a las 8 am se cumplen 48 hs de abstinencia, pero la puta que han sido duras. No me quiero imaginar tener que acompañar a alguien en una abstinencia frente a alguna adicción posta, porque ayudar a Geno a dormir la siesta sin chupete, ayer, fue devastador. Hoy, gracias a Lennon, y al proceso de resignación que estoy segura ya comenzó, todo fue mejor.
Me tuve que defender de todo el mundo, de los que me miraban indignados mientras él repetía, "Tete... teteee..." como una letanía. Lo trágico es que no tengo defensa, no tengo motivos demasiado convincentes, solo sentí que ya era el momento, que era suficiente, que él está preparado y que estoy recontra mil podrida de estar más pendiente de si llevo chupete que de lavarme los dientes. No sé si funcionará, no será tan fácil, yo sé que pasa, no será tan simple como pensaba. Pero ahora me la tengo que bancar. Sucumbir y devolvérselo mañana reforzaría la idea de que soy una hija de puta que hizo pasar a su hijo 48 hs sin chupete, al pedo.
¿Ahora entienden por qué los sentimientos encontrados? ¿No es lógica pura que un video filmado hace más de 30 años de un pibito corriendo me haya hecho llorar? ¿No es Roxi un camino a la Iluminación?
sábado, 18 de agosto de 2012
Acá estoy
Resulta que incluso cuando yo no estoy, el mundo blogger sigue girando. Y me encuentro, entre otras cosas, con que Lila, Lula y Cyn (que no es Lela, aunque quedaría bonito con los otros dos nombres), me pasaron el siguiente reconocimiento mundial:
La consigna es contar 7 secretos, pero como siempre llego tarde a todos los premios, como siempre para cuando yo lo quiero hacer la gente está podrida de leer los memes, voy a resignificarlo para contarles 7 cosas que pasaron estos días de ausencia virtual.
1. Internamos a mi abuelo, que tiene demencia senil, en un geriátrico. A menos de 12 horas de hacerlo, se escapó, y junto con mi familia vivimos las peores 4 horas de nuestras vidas, sin saber adónde estaba, cómo estaba, qué le estaba pasando. Lo encontraron mis viejos y mi abuela, casi de milagro, y no saben qué bien me hubiese venido creer en los milagros o cualquier cosa religiosa en esos momentos de búsqueda desesperada, desolada y desgarradora.
2. Mis abuelos, por decantación casi, están viviendo en lo de mi mamá. Y para tener tiempo y la mente fría para saber cuál va a ser el próximo paso, con Javi decidimos que lo mejor era que Geno empezara a ir al jardín doble turno, en vez de quedarse a la mañana con su abuela. Si bien seguimos creyendo que es la decisión correcta para esta situación, me sigue costando dejarlo a las 8 sabiendo que hasta las 5 no lo vamos a ver... Él está más que contento, come bien, juega bien, duerme y descansa en el jardín, peeeero.
3. Un mail de TAM me recordó que en un mes exacto nos vamos de viaje. Un mes es un montón de tiempo, pero yo ya empiezo a extrañar a Geno anticipadamente. Y a soñar con lo que siempre soñé, claro, entonces se imaginan el combo explosivo de sentimientos encontrados que me inunda, ¿no?
4. Hubo un quilombo tal en uno de los colegios donde trabajo que una maestra se terminó yendo, por decisión no tan propia. Como imaginarán, esto caldeó los ánimos de todo el mundo, la sala de maestros se convirtió en un foro de debate; cada uno tiene algo para aportar. Yo muy poco, en realidad, pero sorprende cómo se manejan las cosas en los colegios hoy en día. Por supuesto que solo somos un reflejo de la sociedad de la que formamos parte...
5. Decidimos que efectivamente vamos a festejar el cumple de Geno -que es en dos semanas- como lo habíamos planeado, a pesar de la situación con mi abuelo. La verdad es que estoy bastante en bolas con el tema, solo tengo a una diseñadora estrella mundial armando las invitaciones, y muchas manos amigas listas para ayudarme en cuanto les diga con qué.
6. Recibí una noticia que esperaba con todo el corazón, tanto tanto que jamás se la había dicho a nadie, que es lo que pasa cuando deseás algo con tanta ilusión que te da miedo ponerla ahí a la vista de todos, por si no se te da, ¿les pasa? No hay nada confirmado todavía, por eso no cuento, pero fui pre-seleccionada. Con eso alcanzó para que mi corazón sonriera indisimulablemente, por más superada y tranquila que quisiera parecer.
7. Anoche Geno durmió mal, pésimo, como hacía mucho que no nos pasaba. No pudimos evitar relacionarlo con el jardín, con el stress, con todo lo que nos pasa alrededor. Hasta que sacamos cuentas y concluímos que lo que tenía era hambre. Y ni leche para una mamadera había. Yoghurt a la 1:30 am y conciencia de que lo nuestro ya va mucho más allá de ser padres relajados; esto roza el abandono, ¿no? Juro que no se repetirá.
Gracias por pasármelo, muchachas! Sirvió de desahogo.
Besos a todas.
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martes, 20 de marzo de 2012
Getting there
A lo largo de mi corta carrera como madre, he logrado escandalizar a bastante gente con mis comentarios y reflexiones sobre la maternidad. Verán, yo creo que no llegué a la depresión post-parto, pero le pasé muy cerca. Eso, sumado a mi compromiso con la más absoluta sinceridad, hizo que de mi boca salieran palabras que nadie quería escuchar.
No podría jamás describir los primeros meses compartidos con mi bebé como un idilio madre-hijo... tenía muchas más ganas de huir que de quedarme. Pero como aparentemente sigo más del lado de la neurosis que el de la psicosis -aunque, créanme, en ese momento no estaba tan convencida-, me quedé.
Y oh my God, cuánto valió la pena.
No importa si se tienen que persignar antes de leer la siguiente frase: recién ahora, a sus 18 meses, puedo decir que disfruto plenamente del tiempo compartido con mi hijo. Recién por estos días es que me doy cuenta de que sé exactamente qué hacer con él, como entretenerlo sin desesperarme, cómo no morir de agotamiento en el transcurso de un día entero a solas con él.
Hubo pequeños indicadores que me alertaron de este cambio tan positivo en mí: el hecho de extrañarlo más que nunca, de querer ir a buscarlo al jardín para ser la primera en abrazarlo, la paciencia magnificada al infinito, y, principalmente, el hecho de que cuando Javi me planteó su genial idea de comprar una platea de Boca (onda, para ir a ver todos los partidos que juegue de local, iupi), la idea no me aterrorizó. Sí, me embola, sí, me parece cualquiera taaaannnta necesidad del "te sigo a todas partes", pero todo eso pasa por un tema de adultos, nada que ver con Geno.
Hablando de él, está hecho un capo. Llegaron los gloriosos días en los que el bebé forma parte activa de la vida familiar. El pibito toma sus propias decisiones en cada vez más áreas, sabe dónde está todo lo que necesita y cómo conseguirlo, y también empezó a ayudar. Tengo un helper particular que tira a la basura todo lo que le pido, ¡sin quedarse a investigar los contenidos del tacho!, que ayuda a la hora del "a guardar, a ordenar, cada cosa en su lugar", que sabe de dónde traer una cuchara para su yoghurt o la palita cuando mamá está barriendo.
Un bebé que ya de bebé tiene poco, que ama bailar, que organiza fiestas en el living cada vez que empiezan los Backyardigans o High5 o capta al pasar alguna nota de Wachiturros (horror, pero qué quieren que haga?). Un enanito que come solo haciendo cada vez menos desastres, que llama al sapo Pepe y al pájaro Blu (de Rio) por sus nombres, que distingue quién es mamá y quién papá, y que ama cepillarse los dientes. 14 veces al día. Un nene que ya no duerme tan bien como antes, que se despierta seguido a la noche, pero que vuelve a acostarse para dormirse en el instante en que sus padres abren la puerta de su cuarto, que está muy bien adaptado a su jardín y hasta aprendió a dormir la siesta en el piso, rodeado de otros chicos, y con música.
Genaro es lo más, estoy sinceramente fascinada con él, coincido con todas en que esta es la mejor etapa de los toddlers, y acá viene la terrible confesión inconfesable: no quiero dejar mi trabajo de la tarde para estar con él. Me jode, me avergüenza decirlo, pero sé que si volviésemos a pasar tantas horas juntos como el año pasado, volvería mi irritación, mi falta de paciencia, mi anhelo por querer hacer cosas que no estén estrictamente relacionadas al mundo de los sub-2.
Déjenme a mí con mi culpa, que me lleva a querer exprimir cada momento que tengo con Geno al máximo. La misma que me tiene convencida de que 3 horas de puro amor y compañerismo valen muchísimo más que 8 horas de "dejame un ratito, miremos America´s Next Top Model, dale, no quiero jugar más..."
Chicas, yo no nací para ser madre. No lo traía innato, y no se me hizo fácil acomodar mis neuronas a la nueva situación vital. Pero ahora, despacito, suavemente, estoy empezando a sospechar que ese título que me dieron sin merecerlo, me está quedando cada vez menos grande. Y esa es la mejor sensación que tuve en 18 meses.
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martes, 3 de enero de 2012
Genaro
No quiero escribir el post más largo de mi vida, principalmente porque son las 12:09 cuando empiezo a escribir, pero este muchacho se lo merecería.
Genaro es G, para las recién llegadas o las desinformadas. Es mi hijo, el que nació el 2 de septiembre de 2010 y que tantas, tantas emociones ha generado en mí desde el 2 de enero de ese año, día en que me enteré que ya habitaba mi cuerpo.
Los primeros meses después de su nacimiento fueron los más complejos de mi vida. No digo difíciles, porque la verdad que usar esa palabra sería desacreditar toda la inmensa ayuda que recibí, que hizo que, la verdad-verdad, todo fuera mucho más llevadero. Pero complejos, sí que fueron.
Pasar de ser el centro del universo a la teta esclava de quien es realmente el centro del universo, que solamente te estaba usando temporalmente como objeto acarreador, ouch, es un golpe muy fuerte, en caída libre, que para las primeras hijas egocéntricas como yo es muy difícil de llevar.
Después, el tiempo pasa, a las hormonas se las va llevando el Fernet que por suerte podemos volver a tomar. Y un buen día, el pibito te sonríe. Y Oh My God, se te cae el mundo a pedazos, estallás de amor, entendés todo... Pero después quiere upa de nuevo, upa todo el tiempo, nada más que eso, y vos, que seguís estallada del amor, más tarde o más temprano volvés a reconocer que te gustaría hacer uso de tus dos manos, como en aquellas viejas épocas.
Más adelante se empieza a sentar solo, empieza a agarrar las cosas, empieza a agarrar absolutamente todo, se lo lleva a la boca, intentás volver a meterlo en tu panza pero ya es definitivamente demasiado tarde.
Otro día estrena el andador, o empieza a gatear, o lo que sea, pero Oh, Milagro: de repente, hay minutos enteros en los que parece no necesitarte. Ojo, hablo siempre de los momentos a solas con él, porque la verdad, Genaro siempre tuvo momentos en los que no me necesitó, por estar rodeadísimo de familiares y amigos que le bastan y sobran.
Y así van pasando los días, las semanas, los meses, y el calendario me trae hasta acá.
El 6 de diciembre pasado, Genaro empezó a caminar. Y mi vida cambió drásticamente.
Es una guachada lo que voy a decir, pero sinceramente no me importa que sueneasí, porque es lo que siento. El hecho de que él empezara a caminar, el hecho de verlo alejarse de mí, hizo que yo empezara a vivir la maternidad desde otro lugar. Más tranquilo, más feliz, y más ansioso al mismo tiempo.
Tranquilo, porque entendí que todo llega, que él efectivamente se toma su tiempo para hacer las cosas, que todo lo que no hace aún, ya llegará, y si no, no es momento todavía de preocuparme.
Ansioso, porque empiezo a entender que este a bebé que tengo, le queda poco hilo en el carretel de ser llamado bebé, que en cualquier momento lo miro y le digo "Qué lindo nene que sos!". O sea, el tiempo pasa, las cosas mejoran infinitamente, pero todo lo bueno que vamos viviendo en el camino, dura sólo un rato, y mejor que empecemos a disfrutar de cada uno de esos momentos, de cada etapa, de cada logro que pronto es olvidado cuando llega otro más groso.
Y feliz, porque verlo disfrutar de las cosas de la vida cotidiana me da un placer que me cuesta muchísimo poner en palabras. Como dice mi amiga Memé, Genaro es un ser humano que toma sus propias decisiones, que muchísimas veces son bastante opuestas a los deseos de su mamá.
Que tu hijo, ese que medía 2 milímetros en aquellas ecografías, venga por atrás y te asuste cuando estás de espaldas, no tiene precio. Que te busque la palita cuando estás barriendo, que traiga a la cama de sus papás -desde la cocina- el escobillón y la palita un sábado a la mañana, dando indirectas muy directas, que decida que su mini piletita es en realidad un agujero negro adonde deben ir a parar absolutamente todos los objetos de su casa, que encuentre un pote vacío de yoghurt en la mesa de luz y lo vaya a tirar al tacho de basura, que venga con el librito que le leés muchas noches abierto en la página donde está el 'gran perro negro que asustó a Ricitos' haciendo "uuuuu" porque ese es su sonido para decir perro, que mire una escena de autos pasando por la Panamericana y haga su sonido para autos, que entienda todo, pero todo lo que le decís, que coma solo, que duerma solo, que te sepa decir sí o no, que se alegre cuando estacionamos en la casa de sus abuelos, que disfrute más que nada en el mundo de sacar hojas de la pileta, que sepa adónde están las galletitas, la mamadera, los pañales, que dé los besos más tiernos del mundo a diestra y siniestra, casi que bordeando la promiscuidad, que baile solo en cualquier circunstancia, por cualquier música, que se tire de mis brazos a los de sus primos favoritos, que le tire besos a la pantalla y diga Papá cada vez que J aparece en la tele (aunque face to face no lo haga nunca!), que te sepa avisar cuándo tuvo suficiente joda y ya se quiere ir a dormir, que te esconda las pelotas de su pelotero en los lugares más recontra insólitos, que haga desaparecer las llaves del auto en los momentos claves, al punto de tener que irme caminando porque el señorito decidió colgarla de un pasador de la puerta de atrás, que te obligue a chasquear los dedos como hace su abuela cuando en Baby TV pasan música clásica...
Todo eso. Que no se corte nunca, aunque sé que es imposible, porque a todas esas ternuras le seguirán cosas mejores, peores, iguales. Las cosas mutan, avanzan, se renuevan, se reciclan. Pero yo les puedo asegurar por primera vez desde que soy primeriza, que si me dieran hoy el control remoto de Click, no me molestaría apretar pausa y quedarme en este lugar de Genaro y mío para siempre. Y valoren mucho más lo que estoy diciendo, al considerar que lo digo a más de 10 días de empezar mis vacaciones...
Genaro es G, para las recién llegadas o las desinformadas. Es mi hijo, el que nació el 2 de septiembre de 2010 y que tantas, tantas emociones ha generado en mí desde el 2 de enero de ese año, día en que me enteré que ya habitaba mi cuerpo.
Los primeros meses después de su nacimiento fueron los más complejos de mi vida. No digo difíciles, porque la verdad que usar esa palabra sería desacreditar toda la inmensa ayuda que recibí, que hizo que, la verdad-verdad, todo fuera mucho más llevadero. Pero complejos, sí que fueron.
Pasar de ser el centro del universo a la teta esclava de quien es realmente el centro del universo, que solamente te estaba usando temporalmente como objeto acarreador, ouch, es un golpe muy fuerte, en caída libre, que para las primeras hijas egocéntricas como yo es muy difícil de llevar.
Después, el tiempo pasa, a las hormonas se las va llevando el Fernet que por suerte podemos volver a tomar. Y un buen día, el pibito te sonríe. Y Oh My God, se te cae el mundo a pedazos, estallás de amor, entendés todo... Pero después quiere upa de nuevo, upa todo el tiempo, nada más que eso, y vos, que seguís estallada del amor, más tarde o más temprano volvés a reconocer que te gustaría hacer uso de tus dos manos, como en aquellas viejas épocas.
Más adelante se empieza a sentar solo, empieza a agarrar las cosas, empieza a agarrar absolutamente todo, se lo lleva a la boca, intentás volver a meterlo en tu panza pero ya es definitivamente demasiado tarde.
Otro día estrena el andador, o empieza a gatear, o lo que sea, pero Oh, Milagro: de repente, hay minutos enteros en los que parece no necesitarte. Ojo, hablo siempre de los momentos a solas con él, porque la verdad, Genaro siempre tuvo momentos en los que no me necesitó, por estar rodeadísimo de familiares y amigos que le bastan y sobran.
Y así van pasando los días, las semanas, los meses, y el calendario me trae hasta acá.
El 6 de diciembre pasado, Genaro empezó a caminar. Y mi vida cambió drásticamente.
Es una guachada lo que voy a decir, pero sinceramente no me importa que sueneasí, porque es lo que siento. El hecho de que él empezara a caminar, el hecho de verlo alejarse de mí, hizo que yo empezara a vivir la maternidad desde otro lugar. Más tranquilo, más feliz, y más ansioso al mismo tiempo.
Tranquilo, porque entendí que todo llega, que él efectivamente se toma su tiempo para hacer las cosas, que todo lo que no hace aún, ya llegará, y si no, no es momento todavía de preocuparme.
Ansioso, porque empiezo a entender que este a bebé que tengo, le queda poco hilo en el carretel de ser llamado bebé, que en cualquier momento lo miro y le digo "Qué lindo nene que sos!". O sea, el tiempo pasa, las cosas mejoran infinitamente, pero todo lo bueno que vamos viviendo en el camino, dura sólo un rato, y mejor que empecemos a disfrutar de cada uno de esos momentos, de cada etapa, de cada logro que pronto es olvidado cuando llega otro más groso.
Y feliz, porque verlo disfrutar de las cosas de la vida cotidiana me da un placer que me cuesta muchísimo poner en palabras. Como dice mi amiga Memé, Genaro es un ser humano que toma sus propias decisiones, que muchísimas veces son bastante opuestas a los deseos de su mamá.
Que tu hijo, ese que medía 2 milímetros en aquellas ecografías, venga por atrás y te asuste cuando estás de espaldas, no tiene precio. Que te busque la palita cuando estás barriendo, que traiga a la cama de sus papás -desde la cocina- el escobillón y la palita un sábado a la mañana, dando indirectas muy directas, que decida que su mini piletita es en realidad un agujero negro adonde deben ir a parar absolutamente todos los objetos de su casa, que encuentre un pote vacío de yoghurt en la mesa de luz y lo vaya a tirar al tacho de basura, que venga con el librito que le leés muchas noches abierto en la página donde está el 'gran perro negro que asustó a Ricitos' haciendo "uuuuu" porque ese es su sonido para decir perro, que mire una escena de autos pasando por la Panamericana y haga su sonido para autos, que entienda todo, pero todo lo que le decís, que coma solo, que duerma solo, que te sepa decir sí o no, que se alegre cuando estacionamos en la casa de sus abuelos, que disfrute más que nada en el mundo de sacar hojas de la pileta, que sepa adónde están las galletitas, la mamadera, los pañales, que dé los besos más tiernos del mundo a diestra y siniestra, casi que bordeando la promiscuidad, que baile solo en cualquier circunstancia, por cualquier música, que se tire de mis brazos a los de sus primos favoritos, que le tire besos a la pantalla y diga Papá cada vez que J aparece en la tele (aunque face to face no lo haga nunca!), que te sepa avisar cuándo tuvo suficiente joda y ya se quiere ir a dormir, que te esconda las pelotas de su pelotero en los lugares más recontra insólitos, que haga desaparecer las llaves del auto en los momentos claves, al punto de tener que irme caminando porque el señorito decidió colgarla de un pasador de la puerta de atrás, que te obligue a chasquear los dedos como hace su abuela cuando en Baby TV pasan música clásica...
Todo eso. Que no se corte nunca, aunque sé que es imposible, porque a todas esas ternuras le seguirán cosas mejores, peores, iguales. Las cosas mutan, avanzan, se renuevan, se reciclan. Pero yo les puedo asegurar por primera vez desde que soy primeriza, que si me dieran hoy el control remoto de Click, no me molestaría apretar pausa y quedarme en este lugar de Genaro y mío para siempre. Y valoren mucho más lo que estoy diciendo, al considerar que lo digo a más de 10 días de empezar mis vacaciones...
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domingo, 18 de diciembre de 2011
Mañanas de domingo XX + El estado de las cosas
Wow, ¿pueden creer que ya arrastré a J y a G a desayunar en familia VEINTE veces este año? La última chance que nos queda es el domingo que viene, pero al ser Navidad, no creo que suceda. Veinte es un lindo número, igual, y el objetivo para el 2012 será superar ese número.
En fin, hoy, mientras nos preparábamos para salir, llamaron mis viejos para pedirnos permiso para llevarse a G a comprar algunas cosas. Como me parece que está bárbaro que estén con él no sólo cuando nosotros los necesitamos y se los pedimos, sino también cuando ellos tienen ganas de verlo y compartir momentos, con mucho gusto les dijimos que sí. Y obvio yo, adicta a los descuentos, justo-justo tenía ganas de ir a un shopping que hoy tenía 25% off. Justo, qué casualidad.
Así que Starbucks nuevamente fue:
En fin, hoy, mientras nos preparábamos para salir, llamaron mis viejos para pedirnos permiso para llevarse a G a comprar algunas cosas. Como me parece que está bárbaro que estén con él no sólo cuando nosotros los necesitamos y se los pedimos, sino también cuando ellos tienen ganas de verlo y compartir momentos, con mucho gusto les dijimos que sí. Y obvio yo, adicta a los descuentos, justo-justo tenía ganas de ir a un shopping que hoy tenía 25% off. Justo, qué casualidad.
Así que Starbucks nuevamente fue:
Frappuccino de dulce de leche + un pan de queso para J; Iced shaken lemon tea de frutos rojos + uun muffin de chocolate para mí.
"Qué poco les duró la dieta", dirán algunos. A lo que yo contestaría: "Totalmente". Pero todo tiene una explicación: nos abandonó la nutricionista. Bah, no nos abandonó, pero resulta que se dio cuenta de que nuestra obra social no la cubría, y para seguir teníamos que pagar aparte. Y la verdad, nos pareció muy forzado pagar para empezar un tratamiento en la época más difícil del año... Además, la verdad que pagamos bastante por la obra social, y habiendo otros profesionales, no tenemos ganas de pagar extra... Veremos qué hacemos una vez pasada la locura del combo fiestas + vacaciones.
Hablando de las fiestas... No sé cómo será en sus casos, pero por acá hay muchos regalos por hacer. Por suerte, en las dos familias (la mía y la de J), hacen amigo invisible, por lo que nos toca ocuparnos de 4 regalos en vez de 20+, como sucedería de no ser así. (O sea, como no sucedería jamás, porque definitivamente NO estamos en condición de comprar tantos regalos!)
De todas maneras, hay mucho para pensar, para comprar, y, gracias a la genial idea de mis amigas regalarnos cosas homemade este año, para hacer. Pero vamos bien. Perdón por el embole que viene a continuación, pero voy a usar mi blogcito para hacer lo que más me gusta: listita!
AMIGO INVISIBLE DE J 1: Comprado
AMIGO INVISIBLE DE J 2: Encargado, viene por correo, esperemos que llegue a tiempo!
AMIGO INVISIBLE MIO 1: Comprado
AMIGO INVISIBLE MIO 2: Pensado, es cuestión de sentarme un laaargo rato en la compu y armarlo.
G: Comprado.
J: Comprado lo comprable, pensado lo artesanal; también necesito un buen rato a solas para armarlo.
AMIGA TOI: Listo.
AMIGA MELI: Faltan las terminaciones.
AMIGA MAINU: Falta armarlo.
AMIGA MEMÉ: Falta todo, sólo tengo una idea. Chan!
AMIGA HELEN: Pensado, falta comprar un material.
SORPRESA 1, 2, 3: Listos.
SORPRESA 4: Falta comprar un portarretratos.
SORPRESA 5: Estoy al horno.
¿Vieron que era bastante? Perdón por tanto misterio, pero como mi blog es apto para todo público, no puedo decir quiénes son los amigos invisibles ni cuáles los regalos, porque cualquiera podría entrar y arruinar la gracia!
En otro orden de cosas, sí quiero compartir que el regalo que le compré a G será absolutamente controversial en ambas familias, y probablemente en el resto del mundo. Pero estoy convencidísima de lo que hice, pese a que el mismo J está en contra, así que se pueden ir poniendo en filita india para chuparme un huevo si no les gusta. (Wow. Qué agresividad me salió de repente).
¿Están listas?
A G le regalé algo como.... esto.
Es lo que más le gusta en el Universo, así que, como diría la gran pensadora contemporánea Natalia Oreiro... "Que digan lo que quieran, yo tengo ya mi brújula interior!"
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sábado, 5 de noviembre de 2011
La cosa no camina
En el post anterior, mencioné que quería leer la Guía Inútil para Madres Primerizas, y alguien, con la mejor intención, me recomendó que no leyera tanto sobre maternidad. En realidad, mientras estaba embarazada y durante los primeros meses del bebé, devoré cuanta literatura sobre el tema pude encontrar. Hice que me trajeran de USA el famosísimo "What to Expect When You Are Expecting", y recontra valió la pena. Después, me basé mucho en esas páginas reconocidas como Baby Center, que primero te van contando el tamaño del bebé en la panza y comparándolo con frutas, y después te va marcando las pautas de cómo manejarte con tu recién nacido.
Pero todo eso se fue decantando solo; hace meses que los mails semanales son sistemáticamente borrados sin ser leídos, o a lo sumo después de una ojeada rápida. No es que me crea la súper mamá, obvio. Claramente no siento que me las sé todas y que no hay nada que un especialista me pueda enseñar. No. Pero tengo que reconocer que, con el tiempo, la desorientación total va dando paso a una etapa más calma, más relajada, más segura para la mamá en constante aprendizaje. Cuando la maniobra de cambiar pañales se vuelve un acto tan automático como manejar, cuando finalmente te vas a dormir a la noche sabiendo que "hasta mañana" significa exactamente eso, cuando el niñito ya puede hacerte entender más o menos efectivamente qué es lo que le está pasando... la canchereás un poco, sí.
Me acuerdo que estaba tan perdida que hasta busqué en YouTube un video para aprender cómo carajos se baña a un recién nacido; que aprendí a enseñarle a aprender a dormirse solo leyendo el Duérmete Niño, que leía las indicaciones del Termofren todas las veces que se lo tuve que dar. Y no me arrepiento de nada de eso, y sé que en cuanto la vuelva a necesitar, Internet y la literatura van a volver en mi auxilio.
Pero volviendo al principio, esta Guía de la que les hablaba es la anti-guía, es el libro que más me gustó porque es el que tiene el mensaje que más me marcó a fuego y el único que consejo que me animo a dar a una embarazada o una primeriza recién iniciada: hacemos lo que podemos. O lo que nuestros hijos nos dejan hacer. Trabajar adentro o afuera de casa, o no trabajar pero igual tener mucama y niñera, todo eso está bien. Que el chico duerma en moisés, en cuna, en un cajón de manzanas o en la cama con nosotros, es una decisión que se debería reservar a cada familia.
Las nuevas mamás estamos tan llenas de voces externas, que nos remite al gran pensador contemporáneo Charly García: "no puedes ser feliz con tanta gente hablando, hablando a tu alrededor". Tías, abuelas, cuñadas, amigas, suegras, opinadores en general, todos tienen algo para decir. Todos se jactan de saber mejor que vos qué es lo adecuado para el niñito, o al menos de tener la seguridad de que VOS no lo sabés del todo. Y hay que tener la mente muy fría y calculadora para no dejarse llevar por todas esas voces recontra bien intencionadas cuando sos una coctelera hormonal.
Pero todo eso ya quedó atrás, ya logré que mi pequeñito sobreviva un año entero; se lo ve sano y feliz y nuestra pareja está intacta, listo, se ve que ya me gané unos cuantos créditos en la carrera materna.
Y sin embargo, hay una materia en la que nos estamos quedando. Ya lo saben: el nene no me camina. Se agarra de todo y de todos, va de la mano, arrastra las sillas, incluso se desliza por las paredes cual Spiderman, pero en el instante que lo soltás, chau, se tira al piso y a gatear se ha dicho. Y yo, que no me tengo estudiados los percentiles pero sé perfectamente qué espero de mi propio niño, me frustro. No me enojo, no me avergüenzo, no me preocupo: me frustro conmigo misma por no saber esperar, por no poder dejarlo en paz, y, principalmente, por haber hecho de este dato que eventualmente será insignificante, la tarjeta de presentación de G.
"Qué lindo qué está!" "Sí, pero no camina".
"Qué grande!" "Sí, viste, ya podría caminar, pero no".
"Qué vivo, mirá cómo hizo tal o cual cosa" "Sí, podría usar esa viveza para empezar a caminar de una vez, ¿no?"
"Ay, qué buenito que es!" "Sí, buenito y vago, porque caminar, ni miras"
Y así. Obviamente la respuesta es siempre "bueno, ya se va a largar", "el sobrino de mi cuñado se largó a los 2 años y hoy juega en la reserva de Chacarita", y la omnipresente "¿Para qué querés que camine? Después, cuando lo tengas que correr por todos lados te vas a querer morir".
No sé por qué lo hago. Supongo que es un mecanismo de defensa: al tirarlo así de entrada, obligo a la otra parte a darme la respuesta tranquilizadora, mientras que si dejara que fueran ellos los que trajeran el tema, sería yo la encargada de dar explicaciones que no tengo.
El libro este, decía, trata el tema. Más específicamente, se ríe de los que no entendieron que los chicos empiezan a caminar MÁS O MENOS al año, y que esto puede significar que el chico tenga menos, pero también más, que 365 días. Se ríe de la gente que presiona y presiona para jactarse de haber sido quien lo alentó a dar los primeros pasos, se ríe de las madres preocupadas por el tema. Se ríe de mí. Y eso, lejos de aumentar mi neurosis y preocupación, o de revolear el librito hacia la hoguera de mi frustración, me hace reírme de mí misma. Y recordar que tengo toda la vida para disfrutar de cada etapa de mi hijo.
Pero todo eso se fue decantando solo; hace meses que los mails semanales son sistemáticamente borrados sin ser leídos, o a lo sumo después de una ojeada rápida. No es que me crea la súper mamá, obvio. Claramente no siento que me las sé todas y que no hay nada que un especialista me pueda enseñar. No. Pero tengo que reconocer que, con el tiempo, la desorientación total va dando paso a una etapa más calma, más relajada, más segura para la mamá en constante aprendizaje. Cuando la maniobra de cambiar pañales se vuelve un acto tan automático como manejar, cuando finalmente te vas a dormir a la noche sabiendo que "hasta mañana" significa exactamente eso, cuando el niñito ya puede hacerte entender más o menos efectivamente qué es lo que le está pasando... la canchereás un poco, sí.
Me acuerdo que estaba tan perdida que hasta busqué en YouTube un video para aprender cómo carajos se baña a un recién nacido; que aprendí a enseñarle a aprender a dormirse solo leyendo el Duérmete Niño, que leía las indicaciones del Termofren todas las veces que se lo tuve que dar. Y no me arrepiento de nada de eso, y sé que en cuanto la vuelva a necesitar, Internet y la literatura van a volver en mi auxilio.
Pero volviendo al principio, esta Guía de la que les hablaba es la anti-guía, es el libro que más me gustó porque es el que tiene el mensaje que más me marcó a fuego y el único que consejo que me animo a dar a una embarazada o una primeriza recién iniciada: hacemos lo que podemos. O lo que nuestros hijos nos dejan hacer. Trabajar adentro o afuera de casa, o no trabajar pero igual tener mucama y niñera, todo eso está bien. Que el chico duerma en moisés, en cuna, en un cajón de manzanas o en la cama con nosotros, es una decisión que se debería reservar a cada familia.
Las nuevas mamás estamos tan llenas de voces externas, que nos remite al gran pensador contemporáneo Charly García: "no puedes ser feliz con tanta gente hablando, hablando a tu alrededor". Tías, abuelas, cuñadas, amigas, suegras, opinadores en general, todos tienen algo para decir. Todos se jactan de saber mejor que vos qué es lo adecuado para el niñito, o al menos de tener la seguridad de que VOS no lo sabés del todo. Y hay que tener la mente muy fría y calculadora para no dejarse llevar por todas esas voces recontra bien intencionadas cuando sos una coctelera hormonal.
Pero todo eso ya quedó atrás, ya logré que mi pequeñito sobreviva un año entero; se lo ve sano y feliz y nuestra pareja está intacta, listo, se ve que ya me gané unos cuantos créditos en la carrera materna.
Y sin embargo, hay una materia en la que nos estamos quedando. Ya lo saben: el nene no me camina. Se agarra de todo y de todos, va de la mano, arrastra las sillas, incluso se desliza por las paredes cual Spiderman, pero en el instante que lo soltás, chau, se tira al piso y a gatear se ha dicho. Y yo, que no me tengo estudiados los percentiles pero sé perfectamente qué espero de mi propio niño, me frustro. No me enojo, no me avergüenzo, no me preocupo: me frustro conmigo misma por no saber esperar, por no poder dejarlo en paz, y, principalmente, por haber hecho de este dato que eventualmente será insignificante, la tarjeta de presentación de G.
"Qué lindo qué está!" "Sí, pero no camina".
"Qué grande!" "Sí, viste, ya podría caminar, pero no".
"Qué vivo, mirá cómo hizo tal o cual cosa" "Sí, podría usar esa viveza para empezar a caminar de una vez, ¿no?"
"Ay, qué buenito que es!" "Sí, buenito y vago, porque caminar, ni miras"
Y así. Obviamente la respuesta es siempre "bueno, ya se va a largar", "el sobrino de mi cuñado se largó a los 2 años y hoy juega en la reserva de Chacarita", y la omnipresente "¿Para qué querés que camine? Después, cuando lo tengas que correr por todos lados te vas a querer morir".
No sé por qué lo hago. Supongo que es un mecanismo de defensa: al tirarlo así de entrada, obligo a la otra parte a darme la respuesta tranquilizadora, mientras que si dejara que fueran ellos los que trajeran el tema, sería yo la encargada de dar explicaciones que no tengo.
El libro este, decía, trata el tema. Más específicamente, se ríe de los que no entendieron que los chicos empiezan a caminar MÁS O MENOS al año, y que esto puede significar que el chico tenga menos, pero también más, que 365 días. Se ríe de la gente que presiona y presiona para jactarse de haber sido quien lo alentó a dar los primeros pasos, se ríe de las madres preocupadas por el tema. Se ríe de mí. Y eso, lejos de aumentar mi neurosis y preocupación, o de revolear el librito hacia la hoguera de mi frustración, me hace reírme de mí misma. Y recordar que tengo toda la vida para disfrutar de cada etapa de mi hijo.
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lunes, 12 de septiembre de 2011
Think about it
Ayer, leyendo uno de los muchos blogs que leo en inglés, encontré esta frase:
Pueden leer el post original acá. Más allá del juego de palabras, que me parece ingenioso, la frase me pegó mucho.
Para empezar, por la situación cotidiana, en el colegio. Desde que J me regaló la compu, el año pasado, sabía que iba a venir conmigo a trabajar todos los días. Y sí, es una ayuda que está buenísima; es genial tener todo acá y no lidiar con cuadernos, carpetas, listas que se pierden, etc. Pero también es muy peligrosa. Tener gmail, y por ende Google Reader y acceso indiscriminado a blogs, es contraproducente. Paso mucho más tiempo del que me gustaría admitir leyendo y comentando. Mis alumnos vienen con sus cuadernos, ansiosos por que los corrija, y muchas veces les prometo que mañana, que en un rato, que ya-ya, pero ahora no.
Y eso no está bueno. Porque no estoy haciendo ni una cosa ni la otra. No es que estoy súper concentrada, estoy leyendo rápido y clickeando por todos lados, con miedo de que me vean, con culpa por los chicos.
Los mismo hago, a veces, con la cena. Mi excusa es que J mira deportes, y a mí no me interesan en lo más mínimo, pero sé perfectamente que si yo cierro la compu y le pido que cambie, o directamente que apague la tele para que charlemos, él nunca me diría que no.
Y, finalmente y más importantemente, está G. A él no le gusta mirar blogs, ya me ha dado suficientes muestras de eso. La compu está, me informó, para ver la presentación de La Casa de Mickey Mouse, over and over, and over again. Y yo fuerzo, fuerzo, fuerzo la situación, y la pasamos pésimo los dos. Yo, enojada porque "no puede ser" que no me deje leer; él frustrado porque mamá no le da bola y lo obliga a sentarse a mirar lámparas y fotos de otros bebés. Qué joda.
Así que desde hoy, quiero hacer todo lo posible por hacer lo que hago cuando lo estoy haciendo.
Empecemos por estos objetivos mínimos:
-En el cole, pasar las dos cosas básicas (lista de asistencia y planning) a papel, y retrasar el encendido de la compu hasta que realmente la necesite.
-En casa, suspender el uso de la compu desde que empiezo a cocinar hasta que nos vamos a acostar. No more quedarme en la mesa y llegar a la cama cuando J ya está dormido hace rato. Después de todo, la magia de las notebooks es que se pueden llevar con uno, ¿no?
-Con el gordo, particularmente, tengo que cambiar el enfoque. Estar con él cuando él necesite estar conmigo, lisa y llanamente. Dejar de lavar los platos cuando él se aburrió de jugar solo. Sentarme en el piso cuando quiere jugar conmigo. Ni acercarme a la compu cuando él no tiene nada más entretenido para hacer.
Esta frase, que encontré de casualidad, me hizo darme cuenta de que estuve por cometer un grave error. Le pedí a J que para mi cumpleaños me regalara un BlackBerry. Él, que es todo buena voluntad, me dijo que para mi cumple todavía faltaba mucho -1 mes y pico-, que mejor me la daba para el día del maestro. Me entusiasmé, no lo voy a negar. Pero ahora, pensándolo bien, me doy cuenta de que no necesito ningún upgrade en mi telefonía celular. Y que definitivamente NO necesito un aparatito, todavía más móvil y portable, que me haga estar online cada segundo de mi vida. No.
Me parecía divertido tenerlo para subir fotos a fb de los distintos momentos de mi vida. Después tuve una idea mucho mejor: ¿qué tal si empiezo a vivirla como protagonista, en vez de como camarógrafa? I mean, tengo la cámara siempre conmigo, en la cartera. ¿No es suficiente? ¿Cuál es la necesidad de transmitir mi ordinaria y tremendamente común vida por facebook a toda mi familia y un montón de semiconocidos?
Me gusta más este nuevo enfoque. Total, si llegado el caso me llego a arrepentir dentro de un tiempo, sé que J siempre va a encontrar alguna genial excusa para cumplir mis deseos.
Do what you're doing,
While you're doing it.
Pueden leer el post original acá. Más allá del juego de palabras, que me parece ingenioso, la frase me pegó mucho.
Para empezar, por la situación cotidiana, en el colegio. Desde que J me regaló la compu, el año pasado, sabía que iba a venir conmigo a trabajar todos los días. Y sí, es una ayuda que está buenísima; es genial tener todo acá y no lidiar con cuadernos, carpetas, listas que se pierden, etc. Pero también es muy peligrosa. Tener gmail, y por ende Google Reader y acceso indiscriminado a blogs, es contraproducente. Paso mucho más tiempo del que me gustaría admitir leyendo y comentando. Mis alumnos vienen con sus cuadernos, ansiosos por que los corrija, y muchas veces les prometo que mañana, que en un rato, que ya-ya, pero ahora no.
Y eso no está bueno. Porque no estoy haciendo ni una cosa ni la otra. No es que estoy súper concentrada, estoy leyendo rápido y clickeando por todos lados, con miedo de que me vean, con culpa por los chicos.
Los mismo hago, a veces, con la cena. Mi excusa es que J mira deportes, y a mí no me interesan en lo más mínimo, pero sé perfectamente que si yo cierro la compu y le pido que cambie, o directamente que apague la tele para que charlemos, él nunca me diría que no.
Y, finalmente y más importantemente, está G. A él no le gusta mirar blogs, ya me ha dado suficientes muestras de eso. La compu está, me informó, para ver la presentación de La Casa de Mickey Mouse, over and over, and over again. Y yo fuerzo, fuerzo, fuerzo la situación, y la pasamos pésimo los dos. Yo, enojada porque "no puede ser" que no me deje leer; él frustrado porque mamá no le da bola y lo obliga a sentarse a mirar lámparas y fotos de otros bebés. Qué joda.
Así que desde hoy, quiero hacer todo lo posible por hacer lo que hago cuando lo estoy haciendo.
Empecemos por estos objetivos mínimos:
-En el cole, pasar las dos cosas básicas (lista de asistencia y planning) a papel, y retrasar el encendido de la compu hasta que realmente la necesite.
-En casa, suspender el uso de la compu desde que empiezo a cocinar hasta que nos vamos a acostar. No more quedarme en la mesa y llegar a la cama cuando J ya está dormido hace rato. Después de todo, la magia de las notebooks es que se pueden llevar con uno, ¿no?
-Con el gordo, particularmente, tengo que cambiar el enfoque. Estar con él cuando él necesite estar conmigo, lisa y llanamente. Dejar de lavar los platos cuando él se aburrió de jugar solo. Sentarme en el piso cuando quiere jugar conmigo. Ni acercarme a la compu cuando él no tiene nada más entretenido para hacer.
Esta frase, que encontré de casualidad, me hizo darme cuenta de que estuve por cometer un grave error. Le pedí a J que para mi cumpleaños me regalara un BlackBerry. Él, que es todo buena voluntad, me dijo que para mi cumple todavía faltaba mucho -1 mes y pico-, que mejor me la daba para el día del maestro. Me entusiasmé, no lo voy a negar. Pero ahora, pensándolo bien, me doy cuenta de que no necesito ningún upgrade en mi telefonía celular. Y que definitivamente NO necesito un aparatito, todavía más móvil y portable, que me haga estar online cada segundo de mi vida. No.
Me parecía divertido tenerlo para subir fotos a fb de los distintos momentos de mi vida. Después tuve una idea mucho mejor: ¿qué tal si empiezo a vivirla como protagonista, en vez de como camarógrafa? I mean, tengo la cámara siempre conmigo, en la cartera. ¿No es suficiente? ¿Cuál es la necesidad de transmitir mi ordinaria y tremendamente común vida por facebook a toda mi familia y un montón de semiconocidos?
Me gusta más este nuevo enfoque. Total, si llegado el caso me llego a arrepentir dentro de un tiempo, sé que J siempre va a encontrar alguna genial excusa para cumplir mis deseos.
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Me myself and I
domingo, 31 de julio de 2011
Never a SAHM
G gatea hasta mi ropero, abre las puertas, logra abrir los cajones, improvisa un pelotero usando mis medias hechas bolita, después pasa a la ropa interior. Se aburre, va al living, llega a los libros, los tira metódicamente, uno a uno. Después encuentra DVDs, no hay mucho que hacer con ellos una vez que los desparramó por el piso. ¿Qué hay por allá? La cocina, mirá que copado. Un tacho de basura, lo abre, lo voltea, saca lo que puede hasta que lo agarro y lo reto, y lo dejo fuera de su alcance. Lo mismo con el tacho chiquito, el de los pañales, que es su fascinación. Otro cajón, acá hay ollas, buenísimo, saca todas, hace ruido, mucho ruido. Pasa Canela, la gata. La sigue, llora cuando se le escapa, por ahí la agarra, la aprieta, la tortura. Mamá abre la puerta para tirar un pañal afuera. Felicidad instantánea. Mamá cierra la puerta: el sueño terminó. Más llanto. Vamos a jugar a su cuarto, acá hay sólo juguetes, no se le ocurre un lugar más aburrido en el mundo... Volvamos al cuarto de mamá: eso sí que está bueno.
Con perdón a todos los niños y maestras del mundo: QUÉ BUENO QUE SE TERMINARON LAS VACACIONES!!
Con perdón a todos los niños y maestras del mundo: QUÉ BUENO QUE SE TERMINARON LAS VACACIONES!!
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De la crónica diaria,
La mala madre
jueves, 21 de julio de 2011
Así cualquiera
Ayer, finalmente, vinieron mis 3 amigas a casa, ya que J se cantó ir a comer a lo de un amigo, y alguien debía quedarse acá con el niño... Al final estuvo buenísima la decisión, ya que gastamos poco, comimos rico, no volvimos con olor a humo ni los oídos sangrantes por la música... (VIEJA!).
Además, se unió a la reunión la amigademiamiga, que me cae muy bien y que está ya íntimamente comprometida ayudándome con todo el tema de la fiesta.
En fin, como toda reunión de mujeres, el elemento principal fue la charla. Creo que no nos quedó tema sin tocar. Cuando finalmente sentimos que ya era suficiente, miramos la hora... 4:18! What? Las 3 que quedábamos estamos de vacaciones por trabajar en Colegios, pero hete aquí que yo tengo un pequeño saltamontes que se había ido a dormir a las 7:30 pm... O sea, yo tenía la certeza de que en menos de 3 horas iba a tener que estar con todas las luces para cuidar a G. Imposible, impracticable.
Por suerte tengo a mi santa, santa madre. La llamé a las 8:30, cuando J ya se estaba yendo a trabajar, y le expliqué la situación. Enseguida alineó gente, organizó su propia agenda, y sin dudarlo me dijo "Mandámelo". Moraleja: dormí hasta las 11:30. Me levanté, ordené toda la casa, y hasta tengo el tupé de sentarme a escribir esto antes de ir a buscarlo.
La maternidad joven, en este sentido, es lo más. Mi mamá y mis hermanas están dispuestas a ayudarme, y tienen la energía y la disponibilidad para hacerlo. Y yo soy una malcriada total, pero eso no es novedad para nadie.
En conclusión, mi día del amigo estuvo genial, pero mi mejor regalo, sin dudas, lo recibí hoy.
Además, se unió a la reunión la amigademiamiga, que me cae muy bien y que está ya íntimamente comprometida ayudándome con todo el tema de la fiesta.
En fin, como toda reunión de mujeres, el elemento principal fue la charla. Creo que no nos quedó tema sin tocar. Cuando finalmente sentimos que ya era suficiente, miramos la hora... 4:18! What? Las 3 que quedábamos estamos de vacaciones por trabajar en Colegios, pero hete aquí que yo tengo un pequeño saltamontes que se había ido a dormir a las 7:30 pm... O sea, yo tenía la certeza de que en menos de 3 horas iba a tener que estar con todas las luces para cuidar a G. Imposible, impracticable.
Por suerte tengo a mi santa, santa madre. La llamé a las 8:30, cuando J ya se estaba yendo a trabajar, y le expliqué la situación. Enseguida alineó gente, organizó su propia agenda, y sin dudarlo me dijo "Mandámelo". Moraleja: dormí hasta las 11:30. Me levanté, ordené toda la casa, y hasta tengo el tupé de sentarme a escribir esto antes de ir a buscarlo.
La maternidad joven, en este sentido, es lo más. Mi mamá y mis hermanas están dispuestas a ayudarme, y tienen la energía y la disponibilidad para hacerlo. Y yo soy una malcriada total, pero eso no es novedad para nadie.
En conclusión, mi día del amigo estuvo genial, pero mi mejor regalo, sin dudas, lo recibí hoy.
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Me myself and I,
Those around me
domingo, 10 de julio de 2011
Mañanas de domingo XI - Volvimos con todo!
Retomamos los clásicos (?) desayunos dominicales después de un impasse de dos semanas. Elegimos para la ocasión The Coffee Store, y quiero empezar por pedir, una vez más, un aplauso de pie para G, que se dedicó a hacer lo que se ve en la foto hasta que la moza trajo la cuenta.
Tiene el párpado izquiero re hinchado y colorado. Motivos inciertos. Este pibe no tiene paz...
Submarino 'especial', con crema, salsa de chocolate, y no sé qué más, y una medialuna.
Yo, que estoy en la lucha nutricional, si bien estoy en semana de mantenimiento -concepto jodidísimo-, no me quería zarpar demasiado. Bien, no lo logré. Pedí una promoción, el Desayuno Bio, que incluía lo siguiente:
3 tostadas de pan integral con Casancrem y mermelada de algo raro...
Té (podía ser café con leche), y un vaso de jugo de naranja exprimido...
Y un yoghurt Dahi de frutos del bosque que cuando lo mezclabas con los cereales y las frutas -frutillas, kiwis, bananas y manzanas-...
...quedaba así.
Todo -lo mío- por $40. No me pareció tan mal, ¿no? Además, aproveché para leer la revista Brando, ya que nunca había tenido el gusto, mientras J era todo un adulto que leía el diario.
La pasamos muy bien, chillaxin', como deberían ser las mañanas de cualquier domingo.
Sin embargo, quiero utilizar este pequeño espacio que me conceden para aclarar que la mañana no empezó tan bien. G se despertó a las 7:20 -nosotros habíamos estado con amigos en casa hasta la 1- y estuvimos dos horas rogándole que volviera a dormirse, aunque él insistía en que lo más divertido era seguir arrojándose, alternadamente, sobre la cabeza de mamá y papá.
Llegué a mi punto límite y lo bajé de la cama. "Listo, G. Ahí está. Andá a hacerte un café con leche y no nos rompas más las bolas". Él, feliz, descubrió mis zapatos adentro del ropero. Y ese sencillo y ridiculísimo acto, hizo que yo me resignara a que el día había empezado hacía rato, y yo no estaba en él.
A partir de ahí, todo fue sonrisas.
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Sunday Mornings
jueves, 23 de junio de 2011
Jugale al 56
"Un jueves como cualquier jueves", fue lo primero que pensé esta mañana. Anoche nos habíamos acostado un poco tarde, indignados con lo que veíamos en el partido de River, y G se había despertado varias veces a lo largo de la noche, pero me levanté bastante bien, me sentía descansada. G se despertó alrededor de las 7, J lo trajo a nuestra cama y le preparó una mamadera, como todos los días. Como todos los días, cuando por fin logramos levantarnos 'del todo', cada uno tiene algo que hacer. J se baña, yo preparo el desyuno, me cambio, y entretengo a G hasta que J sale del baño. Hoy me levanté 10 minutos más tarde que siempre, ahora que me acuerdo. Me cambié mientras jugaba con G, él exploraba los confines remotos de la cama y yo lo atajaba. Cuando ya había terminado de vestirme, era la hora del desayuno. Dejé a G en la cama con mis 3 armas infalibles: Baby TV, almohadones a los costados, y mi caja de pulseras y relojes que son el mejor juguete que este bebé puede imaginar. El agua ya estaba hirviendo, así que preparar el té no me llevó más de ¿3 minutos? Como todos los días. Dejé las tazas arriba de la mesa, y me asomé al cuarto. G seguía alternando su atención entre la tele y las pulseras. Tranquilísimo. "No problem", pensé. "Le preparo la ropa para que J lo cambie, y me voy a tomar el té a la cama". Elegí el jogging, el body, la remera. Agarré las zapatillas, y mientras las apoyaba arriba de la cuna, el golpe. ¿Cuánto se puede tardar en reaccionar sobre qué significa un golpe seco cuando hay un bebé solo? Lo que le lleva a ese mismísimo bebé largar el llanto, supongo. Segundos. Milésimas de segundo, probablemente.
"¡Se cayó!" llegué a gritarle a J mientras corría a buscarlo. Lo encontré boca abajo al costado de la cama, de mi lado. No era su primera experiencia en caídas, debo admitirlo. Pero cuando lo alcé y vi sangre, el mundo, o mi cabeza, empezó a girar más rápido. "¡Sangre, J, J, sangre, sangre!" Le abrí la puerta al pobre padre desprevenido, desnudo, asustado. "No es nada, no es nada, tranquila..." La respuesta de manual de cualquier hombre cuya mujer e hijo pelean por quién grita más fuerte. Pero cuando empezó a limpiarle y vio que no era superficial, ni la encía, ni la pavada que creíamos que era, todo su espíritu apaciguador se convirtió en diligencia. "Ponele la campera, apretale este algodón. ¿Tenés el carnet de la obra social?" Sí, sí, y sí, en medio del llanto desgarrador de G, de mis movimientos torpes y temblorosos. Llamé a mi amiga H, compañera del colegio. Fue recién ahí, relatándole a un 3ero lo que acababa de pasar, que lloré por primera vez. Más allá de la sangre, del no saber bien qué le había pasado, tenía que hacerme cargo. Yo lo había dejado solo. Cualquier cosa que terminara siendo, era mi culpa. Yo le había hecho el primer mal, hecho y derecho y para que todo el mundo pudiera verlo, a mi bebé.
Camino al hospital, llamé a la casa de mi mamá. Hablé con mi hermana y le dije que no esperaran a G ni a J, y que en cuanto supiera algo más, llamaba. Entramos a la guardia y en cuanto vieron la situación (y se aseguraron de ver el carnet, aunque no me retuvieron más de un minuto), me mandaron a un cuarto que decía "Triage". Nunca había estado ahí, y no tenía idea de qué significaba. Lo acabo de googlear, y, por si están en la misma que yo, acá les pego lo que dice wikipedia al respecto:
"triage es un método de la medicina de emergencias y desastres para la selección y clasificación de los pacientes basándose en las prioridades de atención, privilegiando la posibilidad de supervivencia, de acuerdo a las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles."
Mirá vos, che. Lo de G definitivamente no era de riego de vida, de hecho ni siquiera sangraba para cuando llegamos. Pero eran las 8 am, y tuvimos la suerte de que no había nada demasiado tremendo sucediendo en la guardia. La enfermera de Triage le puso una gasa, una cinta, y nos mandó a esperar al pasillo. En ese ratito, que fue la espera más larga que nos tocó (más o menos 20 minutos), G se dedicó a gritarle a un nene que había cerca, a coquetear con la guardia de seguridad, y a caminar por el pasillo, agarrado de mis manos, en pyjama y medias, como estaba. Típico G, lo que me dejaba más tranquila.
Llegó la pediatra a buscarnos. Miran la herida, nos cuentan que la cirujana plástica ya está llamada (¿¿qué??), pero que, como estaba de guardia pasiva, iba a tardar entre una y dos horas en llegar. Ok, genial. Ahí empezamos a caer en la cuenta de que efectivamente teníamos un niño en pyjama, y, lo que era peor, no teníamos nada para alimentarlo! Nos mandaron a hacer una radiografía de cráneo; pensé que íbamos a tardar un montón pero en menos de 20 minutos teníamos las placas en la mano. ¿Hacer que un bebé de 10 meses se quede quieto mientras le sacan radiografías de frente y perfil? No es la cosa más sencilla del mundo. Pero lo logramos al 2do intento.
De ahí, de vuelta a la guardia. Nos dijeron que estaban con un tema importantísimo (habíamos escuchado: una nena a la que le habían hecho un trasplante de médula ósea 15 días atrás había llegado con 39 grados de fiebre). Nos fuimos obedientemente al pasillo a esperar a la cirujana. Pensé que, si habían dicho 2 horas, íbamos a tener que esperar 3. Por suerte, y por 3era vez en el día, el Hospital Austral me sorprendió gratamente: no habían pasado 10 minutos, y la Dra vino a presentarse. Lo miró, nos reconfirmó lo que ya nos habían recontraconfirmado: necesitaba puntos. Varios.
La herida nacía justo arriba del labio superior, recorría esa hendidura que tenemos hasta la nariz, y se metía hasta el piso nasal. Unas horas después, ya tranquilos y en casa, J y yo nos confesamos que los dos habíamos pensado lo mismo: parecía un labio leporino. No de los casos más extremos, por supuesto. Pero para nosotros, primerizos, impresionables, era terrible.
Yo apelé a mi sentido común. "J, si no te molesta, yo espero afuera. No tiene sentido quedarme y que me tengan que atender a mí en vez de al bebé". Todos estuvieron de acuerdo.
Cuando salí, la Dra le habló a J de las opciones. "Podemos hacerle anestesia total, pero para eso tiene que tener un mínimo de 8hs de ayuno (iba 3), y hacerle todos los estudios, como un pre-quirúrgico. O si no, si te la aguantás, en 10 minutos lo hacemos. Si hay algo que define a J, es su aguante, en todos los sentidos que puedan imaginar. Así que mientras yo seguía hablando por teléfono con gente en el pasillo, llorando más fuerte cada vez que lo oía gritar a él, J lo sostuvo, lo miró a los ojos, trató de calmarlo y se bancó ver no sólo el proceso en sí, sino la mirada en los ojos de su hijo, esa mirada que tanto temo, esa que dice "Papá, ¿por qué estás permitiendo que me hagan esto?". Lo pienso y vuelvo a llorar.
Sigo maravillada ante la valentía de mis dos hombres, mi hijo y mi marido. Tengo tanta, tanta suerte de tenerlos a los dos. Sin J, no hubiese podido atravesar este día. O quizás sí, pero todo hubiese sido tanto más terrible, más aterrorizante, hubiese estado tanto más perdida. J me consoló desde el primer momento, mi liberó de culpa y cargo de entrada, se bancó ese momento horrible, y me abrazó cuando llegamos a casa y pudimos volver a respirar.
Y G, qué decir de él. Dejó de llorar en el momento que me vio llorar a mí, antes de salir de casa. Nos regaló sonrisas desde abajo de su venda, que lo hace parecer un mini-Hitler, de bigotito blanco. Jugó el resto del día, comió, gateó, se trepó a todo lo que encontró. Estuvo a upa de papás, abuelos, tías, primas, contento con todos. Se dejó la venda todo el tiempo en su lugar. Incluso recién, cuando lo fuimos a despertar para darle su remedio (¡despertar a un bebé! ¡Va en contra de todas mis creencias!), intentó seguir durmiendo de todas las formas posibles, se resignó, lo tomó, y aceptó que lo devolviera a su cuna sin chistar.
¿Si me perdono? No, claro que no. No me siento la peor del mundo, pero si hoy tuviera que autoevaluarme como madre, estaría más cercana a pedir que Servicios Sociales le encontrara una mamá que supiera cuidarlo mejor. Si alguna vez les pasó, no hace falta que me explaye sobre el tema de la culpa y el dolor indescriptible que causa el dolor en un hijo. Si nunca lo pasaron, no se los deseo.
Mientras esperábamos que J acercara el auto a la puerta, llegó una embarazada con contracciones. La miré con cara de lástima, pobre, sabía lo que sufría. Pero al instante le dije a la guardia de seguridad, a esta altura ya novia de G, "Pasaría mil partos antes de volver a vivir algo como lo de hoy". Y se los juro, ¿eh? Un parto por día antes que volver a sentir que mi hijo sufre (¡por mi descuido!) y yo no puedo hacer nada más que llorar con él.
"¡Se cayó!" llegué a gritarle a J mientras corría a buscarlo. Lo encontré boca abajo al costado de la cama, de mi lado. No era su primera experiencia en caídas, debo admitirlo. Pero cuando lo alcé y vi sangre, el mundo, o mi cabeza, empezó a girar más rápido. "¡Sangre, J, J, sangre, sangre!" Le abrí la puerta al pobre padre desprevenido, desnudo, asustado. "No es nada, no es nada, tranquila..." La respuesta de manual de cualquier hombre cuya mujer e hijo pelean por quién grita más fuerte. Pero cuando empezó a limpiarle y vio que no era superficial, ni la encía, ni la pavada que creíamos que era, todo su espíritu apaciguador se convirtió en diligencia. "Ponele la campera, apretale este algodón. ¿Tenés el carnet de la obra social?" Sí, sí, y sí, en medio del llanto desgarrador de G, de mis movimientos torpes y temblorosos. Llamé a mi amiga H, compañera del colegio. Fue recién ahí, relatándole a un 3ero lo que acababa de pasar, que lloré por primera vez. Más allá de la sangre, del no saber bien qué le había pasado, tenía que hacerme cargo. Yo lo había dejado solo. Cualquier cosa que terminara siendo, era mi culpa. Yo le había hecho el primer mal, hecho y derecho y para que todo el mundo pudiera verlo, a mi bebé.
Camino al hospital, llamé a la casa de mi mamá. Hablé con mi hermana y le dije que no esperaran a G ni a J, y que en cuanto supiera algo más, llamaba. Entramos a la guardia y en cuanto vieron la situación (y se aseguraron de ver el carnet, aunque no me retuvieron más de un minuto), me mandaron a un cuarto que decía "Triage". Nunca había estado ahí, y no tenía idea de qué significaba. Lo acabo de googlear, y, por si están en la misma que yo, acá les pego lo que dice wikipedia al respecto:
"triage es un método de la medicina de emergencias y desastres para la selección y clasificación de los pacientes basándose en las prioridades de atención, privilegiando la posibilidad de supervivencia, de acuerdo a las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles."
Mirá vos, che. Lo de G definitivamente no era de riego de vida, de hecho ni siquiera sangraba para cuando llegamos. Pero eran las 8 am, y tuvimos la suerte de que no había nada demasiado tremendo sucediendo en la guardia. La enfermera de Triage le puso una gasa, una cinta, y nos mandó a esperar al pasillo. En ese ratito, que fue la espera más larga que nos tocó (más o menos 20 minutos), G se dedicó a gritarle a un nene que había cerca, a coquetear con la guardia de seguridad, y a caminar por el pasillo, agarrado de mis manos, en pyjama y medias, como estaba. Típico G, lo que me dejaba más tranquila.
Llegó la pediatra a buscarnos. Miran la herida, nos cuentan que la cirujana plástica ya está llamada (¿¿qué??), pero que, como estaba de guardia pasiva, iba a tardar entre una y dos horas en llegar. Ok, genial. Ahí empezamos a caer en la cuenta de que efectivamente teníamos un niño en pyjama, y, lo que era peor, no teníamos nada para alimentarlo! Nos mandaron a hacer una radiografía de cráneo; pensé que íbamos a tardar un montón pero en menos de 20 minutos teníamos las placas en la mano. ¿Hacer que un bebé de 10 meses se quede quieto mientras le sacan radiografías de frente y perfil? No es la cosa más sencilla del mundo. Pero lo logramos al 2do intento.
De ahí, de vuelta a la guardia. Nos dijeron que estaban con un tema importantísimo (habíamos escuchado: una nena a la que le habían hecho un trasplante de médula ósea 15 días atrás había llegado con 39 grados de fiebre). Nos fuimos obedientemente al pasillo a esperar a la cirujana. Pensé que, si habían dicho 2 horas, íbamos a tener que esperar 3. Por suerte, y por 3era vez en el día, el Hospital Austral me sorprendió gratamente: no habían pasado 10 minutos, y la Dra vino a presentarse. Lo miró, nos reconfirmó lo que ya nos habían recontraconfirmado: necesitaba puntos. Varios.
La herida nacía justo arriba del labio superior, recorría esa hendidura que tenemos hasta la nariz, y se metía hasta el piso nasal. Unas horas después, ya tranquilos y en casa, J y yo nos confesamos que los dos habíamos pensado lo mismo: parecía un labio leporino. No de los casos más extremos, por supuesto. Pero para nosotros, primerizos, impresionables, era terrible.
Yo apelé a mi sentido común. "J, si no te molesta, yo espero afuera. No tiene sentido quedarme y que me tengan que atender a mí en vez de al bebé". Todos estuvieron de acuerdo.
Cuando salí, la Dra le habló a J de las opciones. "Podemos hacerle anestesia total, pero para eso tiene que tener un mínimo de 8hs de ayuno (iba 3), y hacerle todos los estudios, como un pre-quirúrgico. O si no, si te la aguantás, en 10 minutos lo hacemos. Si hay algo que define a J, es su aguante, en todos los sentidos que puedan imaginar. Así que mientras yo seguía hablando por teléfono con gente en el pasillo, llorando más fuerte cada vez que lo oía gritar a él, J lo sostuvo, lo miró a los ojos, trató de calmarlo y se bancó ver no sólo el proceso en sí, sino la mirada en los ojos de su hijo, esa mirada que tanto temo, esa que dice "Papá, ¿por qué estás permitiendo que me hagan esto?". Lo pienso y vuelvo a llorar.
Sigo maravillada ante la valentía de mis dos hombres, mi hijo y mi marido. Tengo tanta, tanta suerte de tenerlos a los dos. Sin J, no hubiese podido atravesar este día. O quizás sí, pero todo hubiese sido tanto más terrible, más aterrorizante, hubiese estado tanto más perdida. J me consoló desde el primer momento, mi liberó de culpa y cargo de entrada, se bancó ese momento horrible, y me abrazó cuando llegamos a casa y pudimos volver a respirar.
Y G, qué decir de él. Dejó de llorar en el momento que me vio llorar a mí, antes de salir de casa. Nos regaló sonrisas desde abajo de su venda, que lo hace parecer un mini-Hitler, de bigotito blanco. Jugó el resto del día, comió, gateó, se trepó a todo lo que encontró. Estuvo a upa de papás, abuelos, tías, primas, contento con todos. Se dejó la venda todo el tiempo en su lugar. Incluso recién, cuando lo fuimos a despertar para darle su remedio (¡despertar a un bebé! ¡Va en contra de todas mis creencias!), intentó seguir durmiendo de todas las formas posibles, se resignó, lo tomó, y aceptó que lo devolviera a su cuna sin chistar.
¿Si me perdono? No, claro que no. No me siento la peor del mundo, pero si hoy tuviera que autoevaluarme como madre, estaría más cercana a pedir que Servicios Sociales le encontrara una mamá que supiera cuidarlo mejor. Si alguna vez les pasó, no hace falta que me explaye sobre el tema de la culpa y el dolor indescriptible que causa el dolor en un hijo. Si nunca lo pasaron, no se los deseo.
Mientras esperábamos que J acercara el auto a la puerta, llegó una embarazada con contracciones. La miré con cara de lástima, pobre, sabía lo que sufría. Pero al instante le dije a la guardia de seguridad, a esta altura ya novia de G, "Pasaría mil partos antes de volver a vivir algo como lo de hoy". Y se los juro, ¿eh? Un parto por día antes que volver a sentir que mi hijo sufre (¡por mi descuido!) y yo no puedo hacer nada más que llorar con él.
domingo, 29 de mayo de 2011
Las dos caras de la maternidad 'joven' (Parte 2)
No fui una madre adolescente. Lejos de ello. G nació un mes y pico antes de que yo cumpliera mis 26 años. Para ese momento yo tenía una carrera universitaria, dos trabajos y dos años de convivencia recién cumplidos en mi haber. Y sin embargo, no se imaginan la cantidad de veces que tuve que responder si el embarazo había sido buscado, a gente que se animó a preguntarlo y a gente que sólo pudo insinuar la pregunta de la forma más indirecta que encontró.
Tuve que contar, entonces, que con J planificamos buscar un bebé un año antes de empezar a hacerlo, que en ese año dejé de fumar, fui a una nutricionista para bajar unos kilos, me hice todos los estudios recomendables, incluida la visita al odontólogo, y empecé a tomar ácido fólico cuando todavía no había dejado las pastillas anticonceptivas. Así que sí, fue buscado. Aunque tuviera que mostrar mi diario íntimo para demostrarlo.
Esta actitud de la gente, (junto con la de preguntarme si me iba a casar, la cual me sorprendió muchísimo más) me hace pensar que soy una madre joven. Joven para los tiempos que corren, redundamos siguiendo el post anterior. Y la verdad que eso me hace muy feliz.
Está genial tomarse su tiempo, como les decía antes, voltear muñecos durante los años locos de la soltería, hacerse un carrerón inimaginable. Pero el chip Susanitesco, en algún momento, va a volver a reclamar lo que es suyo. Y ahora me pregunto: ¿qué van a hacer todas las grosas que lograron ser CEO antes de los 35, cuando el tic tac del reloj biológico no las deje escuchar ni a su propia junta directiva? ¿Van a abandonar la carrera? ¿Van a tener hijos criados por niñeras y mucamas mientras ellas siguen pensando en Wall Street o en Tribunales? ¿Van a llevar a los chicos a la oficina? ¿O van a dejar de lado todo eso que supieron conseguir con tanto esfuerzo?
Yo tengo dos ventajas importantísimas para no dudar de que elegí el mejor camino para mí: por un lado, sé que soy la persona más infeliz cuando estoy soltera, jamás tuve levante ni pude hablar con un tipo que medianamente me gustara sin ponerme nerviosa y decir las boludeces más hundidoras. Así que vida de soltera coleccionando chongos, jamás. Y por otro lado, soy lo menos ambiciosa que hay, tanto que trabajo de una cosa cuando estudié algo distinto (soy psicóloga, ¿ya lo había dicho?). O sea, jamás podría hacer carrera de nada, o en realidad sí, pero en un campo diferente del que descubrí que me gusta verdaderamente, que es la docencia.
El momento de tener a G era ese. Ya había pasado todas las etapas, ya estaba 'lista', y, por sobre todas las cosas, ya no tenía más nada que esperar.
La verdad, que todo este tema de tener a G a esta edad me gusta principalmente por 3 motivos.
Los generales son,
-Por un lado, que me siento lo suficientemente 'chica' como para pasar con el bebé más tiempo tirada en el piso que sentada en una silla. Seguramente mamás de 35 o 40 años con bebitos también lo harán, pero así como siento que soy menos flexible que hace 10 años, lo seré mucho menos en 15 más! Además, siento que me gusta más haber afrontado el giro de 180º que obligatoriamente un bebé da a tu vida a esta edad que dentro de unos años, cuando mi vida ya se haya vuelto lo suficientemente estática y ordenada como me imagino que sucede después de muchos años de vida en pareja y sin hijos. Si me voy a tener que despertar de noche a dar la teta, cosa que ODIO, ok, mejor hacerlo ahora y que para los 40 eso haya quedado muuuuy atrás.
-Lo cual me lleva al punto 2, que es parecido. Si les soy sincera, yo tuve hijos por ese bendito chip que te insertan en la juguetería el día que comprás tu primera muñeca. Soy mujer, estoy sana, tengo pareja, tengo óvulos esperando ser fertilizados. HAY que tener hijos. The End. Como soy muy sobreadaptada, no se me ocurriría cuestionar semejante verdad. Y como soy muy competidora, qué mejor que hacerlo antes que las demás de mi edad. Es chocante lo que voy a decir, pero siento que ya cumplí el 50% del trabajo. Porque claro, la PD de este mandamiento sobre tener hijos, es que "no se debe tener sólo uno, los niños necesitan un hermano". Así que me faltaría uno más, y estamos. Estoy esperando que me agarre el mismo sentimiento de "tiene que ser ahora" que me pasó con G, que anticipo sucederá para cuando cumpla 30. Un chico de 5 y un recién nacido. No me parece el negocio del año pero al menos para cuando tenga 40, voy a tener el 100% del trabajo listo y 2 hijos que se queden a dormir en lo de los amigos. Una guacha, ya sé, pero entiendan que estoy hablando desde el costado más frío, descontamos todo lo lindo y gratificante que traen los hijos.
El 3er motivo es mucho más personal, y es también el más egoísta:
-Además de por una cuestión de competencia, a mi me convenía tener a G en este momento. ¿Por qué? Porque iba a ser el 1er nieto de mis viejos, el 1er sobrino de mis hermanas, el 1er bebé en mi grupo de amigas. Iba a ser la novedad, y entonces todos iban a estar más pendientes de él, y más dispuestos a ayudarme a criarlo. Cuando mis hermanas y mi mamá lean esto seguramente no se van a sorprender, a lo sumo confirmarán una sospecha. Pero sí, es verdad. Me alivia pensar que hay gente que realmente quiere tener un ratito para cuidar o jugar con G. Si mis hermanas y mis amigas estuvieran cada una ocupadas con sus propios niños, mi vida sería bastante más complicada. ¿Para cuando tenga el 2do? No sé, ¡me buscaré amigas más jóvenes!
En fin, la verdad que muchas veces me pregunto si habré tomado esta decisión de ser madre basándome en los motivos correctos. Y la respuesta es fácil: claro que no. Pero sin embargo acá está el fruto de mi inmadurez, de mi egoísmo, de mi competencia contra el mundo. Y lo amo con locura, y cada día agradezco más a todas esas razones equivocadas porque me regalaron 15 años de ventaja a la vida. Si yo hubiese esperado, ponele, hasta los 40, quizás los motivos que me hubiesen llevado a tener un hijo hubiesen sido más acertados. Quizás hubiese disfrutado todo de otra manera, con otro deseo. Quizás hubiese invertido esos 15 años en mí misma, en desarrollarme espiritual o laboralmente.
Pero hubiese pasado 15 años sin G, lo cual, ahora que lo conozco, me parece el peor panorama posible. Sigo eligiendo las tardes tirada en el piso, o revoleándolo por el aire, o cantándole canciones inapropiadas de cumbia y reggaetón, u horrorizando abuelas al dejarlo hacer básicamente lo que él quiere. Nada me da miedo, o casi. Porque soy joven, y J es joven, y nos quedan todavía muchísimos años de crecer los 3 juntos.
Tuve que contar, entonces, que con J planificamos buscar un bebé un año antes de empezar a hacerlo, que en ese año dejé de fumar, fui a una nutricionista para bajar unos kilos, me hice todos los estudios recomendables, incluida la visita al odontólogo, y empecé a tomar ácido fólico cuando todavía no había dejado las pastillas anticonceptivas. Así que sí, fue buscado. Aunque tuviera que mostrar mi diario íntimo para demostrarlo.
Esta actitud de la gente, (junto con la de preguntarme si me iba a casar, la cual me sorprendió muchísimo más) me hace pensar que soy una madre joven. Joven para los tiempos que corren, redundamos siguiendo el post anterior. Y la verdad que eso me hace muy feliz.
Está genial tomarse su tiempo, como les decía antes, voltear muñecos durante los años locos de la soltería, hacerse un carrerón inimaginable. Pero el chip Susanitesco, en algún momento, va a volver a reclamar lo que es suyo. Y ahora me pregunto: ¿qué van a hacer todas las grosas que lograron ser CEO antes de los 35, cuando el tic tac del reloj biológico no las deje escuchar ni a su propia junta directiva? ¿Van a abandonar la carrera? ¿Van a tener hijos criados por niñeras y mucamas mientras ellas siguen pensando en Wall Street o en Tribunales? ¿Van a llevar a los chicos a la oficina? ¿O van a dejar de lado todo eso que supieron conseguir con tanto esfuerzo?
Yo tengo dos ventajas importantísimas para no dudar de que elegí el mejor camino para mí: por un lado, sé que soy la persona más infeliz cuando estoy soltera, jamás tuve levante ni pude hablar con un tipo que medianamente me gustara sin ponerme nerviosa y decir las boludeces más hundidoras. Así que vida de soltera coleccionando chongos, jamás. Y por otro lado, soy lo menos ambiciosa que hay, tanto que trabajo de una cosa cuando estudié algo distinto (soy psicóloga, ¿ya lo había dicho?). O sea, jamás podría hacer carrera de nada, o en realidad sí, pero en un campo diferente del que descubrí que me gusta verdaderamente, que es la docencia.
El momento de tener a G era ese. Ya había pasado todas las etapas, ya estaba 'lista', y, por sobre todas las cosas, ya no tenía más nada que esperar.
La verdad, que todo este tema de tener a G a esta edad me gusta principalmente por 3 motivos.
Los generales son,
-Por un lado, que me siento lo suficientemente 'chica' como para pasar con el bebé más tiempo tirada en el piso que sentada en una silla. Seguramente mamás de 35 o 40 años con bebitos también lo harán, pero así como siento que soy menos flexible que hace 10 años, lo seré mucho menos en 15 más! Además, siento que me gusta más haber afrontado el giro de 180º que obligatoriamente un bebé da a tu vida a esta edad que dentro de unos años, cuando mi vida ya se haya vuelto lo suficientemente estática y ordenada como me imagino que sucede después de muchos años de vida en pareja y sin hijos. Si me voy a tener que despertar de noche a dar la teta, cosa que ODIO, ok, mejor hacerlo ahora y que para los 40 eso haya quedado muuuuy atrás.
-Lo cual me lleva al punto 2, que es parecido. Si les soy sincera, yo tuve hijos por ese bendito chip que te insertan en la juguetería el día que comprás tu primera muñeca. Soy mujer, estoy sana, tengo pareja, tengo óvulos esperando ser fertilizados. HAY que tener hijos. The End. Como soy muy sobreadaptada, no se me ocurriría cuestionar semejante verdad. Y como soy muy competidora, qué mejor que hacerlo antes que las demás de mi edad. Es chocante lo que voy a decir, pero siento que ya cumplí el 50% del trabajo. Porque claro, la PD de este mandamiento sobre tener hijos, es que "no se debe tener sólo uno, los niños necesitan un hermano". Así que me faltaría uno más, y estamos. Estoy esperando que me agarre el mismo sentimiento de "tiene que ser ahora" que me pasó con G, que anticipo sucederá para cuando cumpla 30. Un chico de 5 y un recién nacido. No me parece el negocio del año pero al menos para cuando tenga 40, voy a tener el 100% del trabajo listo y 2 hijos que se queden a dormir en lo de los amigos. Una guacha, ya sé, pero entiendan que estoy hablando desde el costado más frío, descontamos todo lo lindo y gratificante que traen los hijos.
El 3er motivo es mucho más personal, y es también el más egoísta:
-Además de por una cuestión de competencia, a mi me convenía tener a G en este momento. ¿Por qué? Porque iba a ser el 1er nieto de mis viejos, el 1er sobrino de mis hermanas, el 1er bebé en mi grupo de amigas. Iba a ser la novedad, y entonces todos iban a estar más pendientes de él, y más dispuestos a ayudarme a criarlo. Cuando mis hermanas y mi mamá lean esto seguramente no se van a sorprender, a lo sumo confirmarán una sospecha. Pero sí, es verdad. Me alivia pensar que hay gente que realmente quiere tener un ratito para cuidar o jugar con G. Si mis hermanas y mis amigas estuvieran cada una ocupadas con sus propios niños, mi vida sería bastante más complicada. ¿Para cuando tenga el 2do? No sé, ¡me buscaré amigas más jóvenes!
En fin, la verdad que muchas veces me pregunto si habré tomado esta decisión de ser madre basándome en los motivos correctos. Y la respuesta es fácil: claro que no. Pero sin embargo acá está el fruto de mi inmadurez, de mi egoísmo, de mi competencia contra el mundo. Y lo amo con locura, y cada día agradezco más a todas esas razones equivocadas porque me regalaron 15 años de ventaja a la vida. Si yo hubiese esperado, ponele, hasta los 40, quizás los motivos que me hubiesen llevado a tener un hijo hubiesen sido más acertados. Quizás hubiese disfrutado todo de otra manera, con otro deseo. Quizás hubiese invertido esos 15 años en mí misma, en desarrollarme espiritual o laboralmente.
Pero hubiese pasado 15 años sin G, lo cual, ahora que lo conozco, me parece el peor panorama posible. Sigo eligiendo las tardes tirada en el piso, o revoleándolo por el aire, o cantándole canciones inapropiadas de cumbia y reggaetón, u horrorizando abuelas al dejarlo hacer básicamente lo que él quiere. Nada me da miedo, o casi. Porque soy joven, y J es joven, y nos quedan todavía muchísimos años de crecer los 3 juntos.
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Antes de G,
La mala madre,
Me myself and I
lunes, 16 de mayo de 2011
Anótenle otro punto al Dr Estivill de mi parte
¿Saben de quién estoy hablando? El tal Dr Estivill es una especie de monstruo desalmado para algunos, y un gurú salvador para otros. Yo era del primer grupo, pero ahora tengo que admitir que estoy instaladísima en el segundo.
Escribió un libro llamado "Duérmete, niño", y ahora seguramente ya lo irán ubicando más. Supongo que es la versión hispana del Dr Ferber? Algo así.
La cuestión es que de bebés, antes de nacer G, yo no sabía NADA. Sabía que lloraban, que había que cambiarles los pañales, que tomaban la teta, que dormían poco y entrecortado. Pero no me había puesto a pensar en todas esas cosas en primera persona, como ser humano a cargo del mini ser humano. Resulta que un día me lo dieron en el hospital, envuelto para regalo, me desearon una feliz vida, y acá vinimos. Yo, desesperada, hice lo único que sabía hacer: blogueé. Y encontré muchos blogs de mamás, la mayoría, al principio, españoles. Eso no me duró mucho, porque hay algo sobre leer palabras y conjugaciones que te son ajenas, que cansa rápido. Pero más allá de eso, lo que descubrí con esos primeros mommy blogs es que a los bebés hay que darles la teta, mucho, todo el tiempo, durante todo el tiempo posible; que está perfecto dormir con ellos hasta que cumplan 16 años y vengan con la novia a tu cama, y que nunca, jamás, never ever se te puede ocurrir la monstruosa idea de dejarlo llorar. Ok, perfecto. Mi pequeño cerebro de primeriza absorbía toda esta información como una esponja.
Pero hete aquí que, como ya conté, lo de la teta no funcionó más allá del 2do mes de G. Chau teta, y yo feliz, pero no podía seguir leyendo esos blogs militantes de la teta, porque me reforzaban la idea de lo mala madre y desapegada que estaba siendo.
Como dicen, 'ojos que no ven, corazón que no siente'. Al dejar de leer, me empecé a relajar y dejé de sufrir por mi fracaso y empecé a disfrutar de las ventajas de la mamadera.
Pasaron un par de meses más, todo iba más o menos bien, hasta que empecé a leer en páginas como BabyCenter o BabiesOnline que los bebés de la edad de G ya podían dormir toda la noche. Come again? Toda la noche??? O sea vos me estás hablando de ese universo paralelo donde la gente se va a dormir cuando está la luna y no vuelve a abrir un ojo hasta que sale el sol?? Sí, por favor, dame 3 kilos de eso.
Me sentía estafada, ultrajada, embaucada por este bebé que a pura sonrisa diurna me estaba escondiendo información vital como su habilidad fisiológica para dormir toda la noche. Hacía 6 meses que ni siquiera me permitía fantasear con esa idea, por lejana y ridícula. Y en ese punto, encima, la cosa se puso peor.
G ya dormía en su cuna, levantándose 5 o 6 veces por noche, muchas a tomar un poco de mamadera (2 o 3 tragos, para enseguida quedarse dormido), y algunas para recibir una dosis extra de atención porque se ve que 16 hs seguidas no le alcanzaban. Pero, decía, todo empeoró. G llegaba a despertarse hasta 10 veces por noche (sacábamos las cuentas a la mañana, poniendo en común cuántas veces había ido cada uno) y para ponerle el moño a la situación, había aprendido el simpatiquísimo hábito de dormirse sólo en brazos y volver a llorar frente al más mínimo roce con su cuna. Un primor. La cosa ya no daba para más. La atmósfera nocturna en casa era tan tensa que con J ya ni nos hablábamos, porque todo lo que se dijera de madrugada podía ser usado en tu contra. 6 meses sin dormir, gente. No es justo, ni necesario.
Con este panorama, una noche le dije a J: "Bueno, mirá, es sencillo. O lo traemos de vuelta a la cama, y nos arriesgamos a no sacarlo nunca más... o lo dejamos llorar". Se lo dije y me cubrí con una almohada, esperando una reacción violenta causada por la barrabasada que acababa de decir. Pero no, ningún objeto contundente. J se quedó pensando, meditabundo, y sentenció: "Lo que a vos te parezca. Pero tenés razón, no estaría bueno volver a traerlo a la cama."
Ok, tenía vía libre para ese experimento al que llamé "Operación Sueño". Mentira, en ese momento no podía siquiera pensar en un nombre tan poco inventivo como ese. ¿Saben por qué? Porque con sueño no se piensa, vivís en piloto automático y rogás no matar a un alumno que llegó tarde porque la mamá se quedó dormida.
Fui y me compré el bendito libro. Tomé mis precauciones: me puse anteojos negros, peluca colorada y un sobretodo, no fuera a ser que alguien me viera cometiendo semejante acto impuro. La cosa es que logré salir de la librería sin una manifestación de madres con pancartas exigiendo que me tiraran a la hoguera, me leí el libro en una tarde (era urgente), y aplicamos el método.
A ver: yo me considero una mina fría, y con esto lo comprobé. No les voy a decir que me encantaba escuchar a mi bebé llorar como loco, pero tampoco me clavé cuchillos en los oídos para no escucharlo sufrir. Se esperaba que el chico llorase, y lloraba. Fin. Controlé los minutos y nunca me pasé, pero en ningún momento flaqueé. El primer día lloró 20 minutos, Y DURMIÓ 11 HORAS. El segundo día lloró 15 minutos, Y DURMIÓ 11 HORAS. Así fue bajando estrepitosamente la cantidad de minutos llorados, pero las 11 horas se mantienen, gracias a todos los Dioses grecorromanos, egipcios, a Gilda y al Gauchito Gil, porque creo que les recé a todos en profundo agradecimiento por el don del Sueño, recientemente redescubierto.
No fue sólo dejarlo llorar. Establecimos una rutina estricta: baño, cena, cuentito y a la cuna, siempre a la misma hora, por el mismo baticanal. Me puse las pilas y empecé a decir NO a invitaciones entre semana; si quieren vernos, vengan, porque los queremos mucho pero más nos gusta dormir toda la noche.
Cuando por algún motivo la rutina no se cumple, y lo acostamos más tarde de su horario habitual (entre las 8 y las 9), el truco no funciona tan bien. Se despierta un par de veces, nada grave, chupete y sigue durmiendo, pero ahí no vale quejarse porque los que rompimos el trato fuimos nosotros, él estaba dispuesto a hacer todo como siempre.
Hoy en día G no llora más, ni un poquito, cuando lo pongo en su cuna a la noche al lado de su amigo Pepito, un osito que le hizo su bisabuela, y que estoy presionando para que se convierta en su objeto transicional (¿funcionará?). Le doy un beso, lo acuesto, él encuentra a Pepito, estira su manito para tocarlo, y se duerme. Parece magia negra, posta. Pero fue magia blanca, o así me hizo creer el Dr Estivill.
NO SE LO RECOMIENDO A NADIE, ojo, jamás le diría a alguien que lo intente, porque es como la droga. Ahora, si viene alguien con ganas de probar, vamos al callejón oscuro que está acá la vuelta, y antes de que venga la mami-policía, te explico cómo funciona y después me contás. La primera es gratis, la segunda vemos.
Y ahora me voy a dormir, o no. No sé, tengo toda la noche para pensarlo. Y ENCIMA, miren lo lindo que es cuando duerme (en este caso, la siesta):
Escribió un libro llamado "Duérmete, niño", y ahora seguramente ya lo irán ubicando más. Supongo que es la versión hispana del Dr Ferber? Algo así.
La cuestión es que de bebés, antes de nacer G, yo no sabía NADA. Sabía que lloraban, que había que cambiarles los pañales, que tomaban la teta, que dormían poco y entrecortado. Pero no me había puesto a pensar en todas esas cosas en primera persona, como ser humano a cargo del mini ser humano. Resulta que un día me lo dieron en el hospital, envuelto para regalo, me desearon una feliz vida, y acá vinimos. Yo, desesperada, hice lo único que sabía hacer: blogueé. Y encontré muchos blogs de mamás, la mayoría, al principio, españoles. Eso no me duró mucho, porque hay algo sobre leer palabras y conjugaciones que te son ajenas, que cansa rápido. Pero más allá de eso, lo que descubrí con esos primeros mommy blogs es que a los bebés hay que darles la teta, mucho, todo el tiempo, durante todo el tiempo posible; que está perfecto dormir con ellos hasta que cumplan 16 años y vengan con la novia a tu cama, y que nunca, jamás, never ever se te puede ocurrir la monstruosa idea de dejarlo llorar. Ok, perfecto. Mi pequeño cerebro de primeriza absorbía toda esta información como una esponja.
Pero hete aquí que, como ya conté, lo de la teta no funcionó más allá del 2do mes de G. Chau teta, y yo feliz, pero no podía seguir leyendo esos blogs militantes de la teta, porque me reforzaban la idea de lo mala madre y desapegada que estaba siendo.
Como dicen, 'ojos que no ven, corazón que no siente'. Al dejar de leer, me empecé a relajar y dejé de sufrir por mi fracaso y empecé a disfrutar de las ventajas de la mamadera.
Pasaron un par de meses más, todo iba más o menos bien, hasta que empecé a leer en páginas como BabyCenter o BabiesOnline que los bebés de la edad de G ya podían dormir toda la noche. Come again? Toda la noche??? O sea vos me estás hablando de ese universo paralelo donde la gente se va a dormir cuando está la luna y no vuelve a abrir un ojo hasta que sale el sol?? Sí, por favor, dame 3 kilos de eso.
Me sentía estafada, ultrajada, embaucada por este bebé que a pura sonrisa diurna me estaba escondiendo información vital como su habilidad fisiológica para dormir toda la noche. Hacía 6 meses que ni siquiera me permitía fantasear con esa idea, por lejana y ridícula. Y en ese punto, encima, la cosa se puso peor.
G ya dormía en su cuna, levantándose 5 o 6 veces por noche, muchas a tomar un poco de mamadera (2 o 3 tragos, para enseguida quedarse dormido), y algunas para recibir una dosis extra de atención porque se ve que 16 hs seguidas no le alcanzaban. Pero, decía, todo empeoró. G llegaba a despertarse hasta 10 veces por noche (sacábamos las cuentas a la mañana, poniendo en común cuántas veces había ido cada uno) y para ponerle el moño a la situación, había aprendido el simpatiquísimo hábito de dormirse sólo en brazos y volver a llorar frente al más mínimo roce con su cuna. Un primor. La cosa ya no daba para más. La atmósfera nocturna en casa era tan tensa que con J ya ni nos hablábamos, porque todo lo que se dijera de madrugada podía ser usado en tu contra. 6 meses sin dormir, gente. No es justo, ni necesario.
Con este panorama, una noche le dije a J: "Bueno, mirá, es sencillo. O lo traemos de vuelta a la cama, y nos arriesgamos a no sacarlo nunca más... o lo dejamos llorar". Se lo dije y me cubrí con una almohada, esperando una reacción violenta causada por la barrabasada que acababa de decir. Pero no, ningún objeto contundente. J se quedó pensando, meditabundo, y sentenció: "Lo que a vos te parezca. Pero tenés razón, no estaría bueno volver a traerlo a la cama."
Ok, tenía vía libre para ese experimento al que llamé "Operación Sueño". Mentira, en ese momento no podía siquiera pensar en un nombre tan poco inventivo como ese. ¿Saben por qué? Porque con sueño no se piensa, vivís en piloto automático y rogás no matar a un alumno que llegó tarde porque la mamá se quedó dormida.
Fui y me compré el bendito libro. Tomé mis precauciones: me puse anteojos negros, peluca colorada y un sobretodo, no fuera a ser que alguien me viera cometiendo semejante acto impuro. La cosa es que logré salir de la librería sin una manifestación de madres con pancartas exigiendo que me tiraran a la hoguera, me leí el libro en una tarde (era urgente), y aplicamos el método.
A ver: yo me considero una mina fría, y con esto lo comprobé. No les voy a decir que me encantaba escuchar a mi bebé llorar como loco, pero tampoco me clavé cuchillos en los oídos para no escucharlo sufrir. Se esperaba que el chico llorase, y lloraba. Fin. Controlé los minutos y nunca me pasé, pero en ningún momento flaqueé. El primer día lloró 20 minutos, Y DURMIÓ 11 HORAS. El segundo día lloró 15 minutos, Y DURMIÓ 11 HORAS. Así fue bajando estrepitosamente la cantidad de minutos llorados, pero las 11 horas se mantienen, gracias a todos los Dioses grecorromanos, egipcios, a Gilda y al Gauchito Gil, porque creo que les recé a todos en profundo agradecimiento por el don del Sueño, recientemente redescubierto.
No fue sólo dejarlo llorar. Establecimos una rutina estricta: baño, cena, cuentito y a la cuna, siempre a la misma hora, por el mismo baticanal. Me puse las pilas y empecé a decir NO a invitaciones entre semana; si quieren vernos, vengan, porque los queremos mucho pero más nos gusta dormir toda la noche.
Cuando por algún motivo la rutina no se cumple, y lo acostamos más tarde de su horario habitual (entre las 8 y las 9), el truco no funciona tan bien. Se despierta un par de veces, nada grave, chupete y sigue durmiendo, pero ahí no vale quejarse porque los que rompimos el trato fuimos nosotros, él estaba dispuesto a hacer todo como siempre.
Hoy en día G no llora más, ni un poquito, cuando lo pongo en su cuna a la noche al lado de su amigo Pepito, un osito que le hizo su bisabuela, y que estoy presionando para que se convierta en su objeto transicional (¿funcionará?). Le doy un beso, lo acuesto, él encuentra a Pepito, estira su manito para tocarlo, y se duerme. Parece magia negra, posta. Pero fue magia blanca, o así me hizo creer el Dr Estivill.
NO SE LO RECOMIENDO A NADIE, ojo, jamás le diría a alguien que lo intente, porque es como la droga. Ahora, si viene alguien con ganas de probar, vamos al callejón oscuro que está acá la vuelta, y antes de que venga la mami-policía, te explico cómo funciona y después me contás. La primera es gratis, la segunda vemos.
Y ahora me voy a dormir, o no. No sé, tengo toda la noche para pensarlo. Y ENCIMA, miren lo lindo que es cuando duerme (en este caso, la siesta):
martes, 18 de enero de 2011
Sigo en camino con los mini objetivos diarios. El de hoy, ordenar toda la ropa de G, era más largo y complicado, así que tuve que pedir ayuda externa. Mi mamá vino a la mañana a tenerlo (porque G tiene esa extraña enfermedad llamada nomesuelten) y después de comer en su casa, se ofreció a quedárselo ahí unas horas para que yo pudiera volver y terminar. Y así y todo, yo sola y sin interrupciones, la empresa me llevó 2 horas, porque había que rever toooda esa ropa sin clasificar, guardarla, y archivar lo que ya no le queda. La verdad que me llevé varias decepciones, porque encontré ropa que estaba esperando poder 'estrenar' y vi que ya no le quedaba! No me quiero castigar mucho con este tema, lo hecho hecho está, además, realmente no tuve tiempo real para hacer esto antes. También encontré ropa que ahora le quedaría perfecta... pero es de pleno invierno. De esta categoría hay mucho, y eso también me embola. Qué falta de previsión tenía cuando estaba embarazada... supongo que son errores de primeriza de manual. Next time I'll know better.
Y hablando de eso, llegué a dos conclusiones:
1. Toda esta ropa fue guardada prolijamente a la espera de un nuevo bebé propio en un medio-largo plazo, y sólo será dada antes de eso a bebés ajenos de 3 personas muy específicas. Si efectivamente el próximo es el mío, no hay chance de que yo vuelva a guardar tanta cantidad de cosas en mi casa; o alguien las recibe o serán donadas a algún lado (¿cuál? No tengo idea de adónde se pueden llevar estas cosas...).
2. Si mi próximo bebé es mujer, ya tengo decidido hacer un cambio en la nursery y llevarme un varón. Y mirá, ni siquiera creo necesitar robármelo, seguro alguna madre estará encantada de darme a su niño y llevarse a la diosa que sería mi nenita. No termino de escribir esa frase y ya me doy cuenta de la estupidez de la misma. Pero de verdad-verdad, quiero otro varón.
En fin, además de toda la ropa a la que se le pasó el cuarto de hora, G tiene demasiado. Es ridículo que un bebé de 4 meses tenga 5 camisas, 3 jeans, 4 sweaters (que ni ahí llegan al invierno) y n cantidad de bodies de todos los estilos. Lo que más deseo de este nene es que sepa valorar todo lo que tiene, tanto como lo valoro yo.
Y hablando de eso, llegué a dos conclusiones:
1. Toda esta ropa fue guardada prolijamente a la espera de un nuevo bebé propio en un medio-largo plazo, y sólo será dada antes de eso a bebés ajenos de 3 personas muy específicas. Si efectivamente el próximo es el mío, no hay chance de que yo vuelva a guardar tanta cantidad de cosas en mi casa; o alguien las recibe o serán donadas a algún lado (¿cuál? No tengo idea de adónde se pueden llevar estas cosas...).
2. Si mi próximo bebé es mujer, ya tengo decidido hacer un cambio en la nursery y llevarme un varón. Y mirá, ni siquiera creo necesitar robármelo, seguro alguna madre estará encantada de darme a su niño y llevarse a la diosa que sería mi nenita. No termino de escribir esa frase y ya me doy cuenta de la estupidez de la misma. Pero de verdad-verdad, quiero otro varón.
En fin, además de toda la ropa a la que se le pasó el cuarto de hora, G tiene demasiado. Es ridículo que un bebé de 4 meses tenga 5 camisas, 3 jeans, 4 sweaters (que ni ahí llegan al invierno) y n cantidad de bodies de todos los estilos. Lo que más deseo de este nene es que sepa valorar todo lo que tiene, tanto como lo valoro yo.
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martes, 28 de diciembre de 2010
Y se va la vigésimo sexta!
Termina el año, seguro es la primera vez que alguien dice esto. Termina el primer año que pasé embarazada, el año en el que me convertí en madre, el año en el que me comprometí, y ahí se achica el porcentaje de población que estará diciendo esto por estos días.
Recién ahora empiezo a mirar con añoranza esos días de embarazo; ayer alguien mencionó un parto y yo no pude evitar sentir un poco de nostalgia por ese día, la primera objeción mental a mi idea de "¿Por qué *tengo* que tener otro hijo? ¿No estamos bien los 3?" Supongo que habrá sido obra de alguna neurona que en mi cabeza habrá dicho "Me recordarán de episodios como Aunque estamos tan bien los dos, sería muy lindo tener un bebé... y Ya fue, dejemos de tomar la pastilla" Sí, neurona, lograste plantar esa objeción en mi cerebro, ok, pero armate de paciencia porque esto NO es a corto plazo...
Cuesta ser madre, che. Bah, a mí me cuesta. Todavía me tengo que obligar a salir de la cama cuando lo escucho llorar, tengo que hacer un esfuerzo mental por dejar de hacer lo que a mí me gusta para satisfacer las necesidades de juego y contacto humano del pequeño saltamontes. I Me Mine fue mi motto por 25 años, ¿quién podía pretender que yo hiciera el click instantáneo a You You Yours? Nadie, y en ese sentido, bastante contenta conmigo misma estoy, eh. Casi 4 meses y sigue vivo, entero, se ríe y sonríe y ahora hasta agarra cosas, todas milestones que vamos alcanzando y superando, que a normalidad no nos van a ganar tan fácil. Ahora, eso sí, no me pidan que lo trate como si estuviera hecho de porcelana. Es un bebito, sí, pero algún día medirá y pesará más que yo, y ya lo voy tratando como el hombre que será. Y él, feliz de la vida con los zamarreos y los reggaetones a los que se ve sometido diariamente. Así que escandalícense tranquilas, abuelas, tías y demases, pero este bebé se cría así.
Para el fin de año que viene tendrá casi un año y 4 meses, y eso, lejos de causarme nostalgia anticipada por el bebito que ya no será, me da esperanzas y fuerzas para seguir. Muero por verlo caminar, empezar a hablar, tocar todo. Sí, sí, ya sé, "be careful what you wish for", pero it's my party and I'll wish for a toddler if I want to, ok? And no, I'm not gonna miss little baby 'cause I'll have my big boy, just as right now I'm not missing my newborn, 'cause my little baby rocks big time.
Recién ahora empiezo a mirar con añoranza esos días de embarazo; ayer alguien mencionó un parto y yo no pude evitar sentir un poco de nostalgia por ese día, la primera objeción mental a mi idea de "¿Por qué *tengo* que tener otro hijo? ¿No estamos bien los 3?" Supongo que habrá sido obra de alguna neurona que en mi cabeza habrá dicho "Me recordarán de episodios como Aunque estamos tan bien los dos, sería muy lindo tener un bebé... y Ya fue, dejemos de tomar la pastilla" Sí, neurona, lograste plantar esa objeción en mi cerebro, ok, pero armate de paciencia porque esto NO es a corto plazo...
Cuesta ser madre, che. Bah, a mí me cuesta. Todavía me tengo que obligar a salir de la cama cuando lo escucho llorar, tengo que hacer un esfuerzo mental por dejar de hacer lo que a mí me gusta para satisfacer las necesidades de juego y contacto humano del pequeño saltamontes. I Me Mine fue mi motto por 25 años, ¿quién podía pretender que yo hiciera el click instantáneo a You You Yours? Nadie, y en ese sentido, bastante contenta conmigo misma estoy, eh. Casi 4 meses y sigue vivo, entero, se ríe y sonríe y ahora hasta agarra cosas, todas milestones que vamos alcanzando y superando, que a normalidad no nos van a ganar tan fácil. Ahora, eso sí, no me pidan que lo trate como si estuviera hecho de porcelana. Es un bebito, sí, pero algún día medirá y pesará más que yo, y ya lo voy tratando como el hombre que será. Y él, feliz de la vida con los zamarreos y los reggaetones a los que se ve sometido diariamente. Así que escandalícense tranquilas, abuelas, tías y demases, pero este bebé se cría así.
Para el fin de año que viene tendrá casi un año y 4 meses, y eso, lejos de causarme nostalgia anticipada por el bebito que ya no será, me da esperanzas y fuerzas para seguir. Muero por verlo caminar, empezar a hablar, tocar todo. Sí, sí, ya sé, "be careful what you wish for", pero it's my party and I'll wish for a toddler if I want to, ok? And no, I'm not gonna miss little baby 'cause I'll have my big boy, just as right now I'm not missing my newborn, 'cause my little baby rocks big time.
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miércoles, 1 de diciembre de 2010
Back to school
En 14 días vuelvo al colegio, a trabajar. En principio voy a ir con G (la magia del colegio sin niños), por eso hoy me permití el atrevimiento de decir, en un mail, que "cuento los días para volver". Y la verdad que sí, che, la tele matutina me tiene harta, jugar con el bebé tooodo el día es insostenible y, estando entre tantas mujeres, alguna va a querer tenerlo un rato mientras yo trato de volver a ponerme en órbita con la vida laboral. Igual, el temita del mal dormir de noche para levantarme a las 7:30? Mmmm not a fan.
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Me myself and I
domingo, 28 de noviembre de 2010
G no toma más la teta. Me cuesta decirlo, porque es el tema que más ambivalencia me ha causado desde que nació. Desde el hospital que nada nos fue fácil. Tanto costó, que enseguida me recomendaron pezoneras. Tanto me dolía, que enseguida las acepté. Nunca las pude dejar. El pediatra me pedía, me sugería, me rogaba que las dejara, pero nunca lo logré del todo. Empezábamos sin y al ratito ya las necesitaba; era eso o arrancarlo del dolor que me causaba. Consulté con una especialista en lactancia que vino a casa. Ella me enseñó a darle la teta acostada, lo cual estuvo genial, y sin pezonera. Lo primero lo adapté enseguida y sin problemas, pero lo segundo... duró hasta que cruzó la puerta para irse.
Paralelamente, teníamos el tema de la dificultad de G para ganar peso. El médico me recomendó, al principio, darle una mamadera de 100ml a la noche y otra igual a la mañana, siempre después de la teta y sólo hasta que ganara el peso que necesitaba. Admito que la idea de compartir al menos parcialmente la tarea de la alimentación no me disgustó... Además, me tranquilizaba el hecho de que más allá de esas 2 mamaderas, él seguía tomando la teta sin problemas...
Siguieron pasando las semanas y él seguía sin aumentar de peso como se esperaba. Yo no sabía muy bien qué pensar, a mis ojos el bebé estaba perfectamente bien, de buen ánimo... Pero nos mandaron a darle "lo que necesitara" de mamadera. A ver, ¿qué parte de 'primerizando' no se entiende? Es el primer bebé que tengo a mi cargo! ¿Cómo sé cuánto necesita? ¿Cómo diferencio si lo que 'necesita' es teta o fórmula?
Lo siguiente fue hacerle estudios de sangre y orina, y un control cardiológico. Este último dio perfecto, igual que el de orina, pero la sangre mostró que G estaba anémico. Ahí sí que todo pasó de castaño a oscuro. El bebé tomaba 2 o 3 mamaderas por día, y varias veces el pecho. Y estaba anémico. ¿Qué onda? El discurso del médico tuvo muchos menos rodeos esa vez. Me dijo "Ana, ya está, hiciste lo que pudiste, no lo sientas como un fracaso, le diste la teta los 2 primeros meses, los más importantes de su vida..." Listo, de repente, y con esas palabras, G se destetaba. Yo nunca más tuve leche, es decir, nunca más sentí los pechos duros, ni me chorrearon, ni sentí el pinchazo que sentía antes cuando espontáneamente mis pechos decidían que era la hora de dar de mamar. Ni una sola vez. Y desde que G pasó a estar alimentado exclusivamente con fórmula, ya no tiene los problemas de constipación que tenía antes, no está molesto en el día, y su mamá no se siente encerrada ni forzada a estar 100% del tiempo con él. Disfruto mucho más el ritual de la alimentación, el mirarlo a los ojos mientras chupa (sin que me duela) tratando de estar totalmente convencida de que lo que hicimos fue lo mejor que tuvimos a nuestro alcance, que las cosas se dieron así y que esto no lo va a afectar en el futuro. Me encargo de hacer lo posible por transmitirle todo mi amor en cada mamadera, pero además, el hecho de que los que tenemos alrededor también puedan encargarse de darle de comer, me deja tranquilísima cuando tengo que dejarlo.
Mi bebé está bien, y eso es lo que me importa. Quizás cuando tenga otro hijo las cosas se den de manera diferente y me arrepienta infinitamente por no haber luchado más por esta causa, quizás el hecho de ser primeriza ha pesado en esto más de lo que debería, pero la realidad es que así estamos, y así seguiremos, y no me quiero enroscar de más en asunto al que hoy por hoy no le veo vuelta atrás.
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