jueves, 9 de diciembre de 2010

De árboles y lucecitas

Cuando era chica, a mi papá a veces le daba por llenar la casa de lucecitas de Navidad. Hacía el contorno de la casa, las ventanas, etc. Después, hacíamos la salida familiar por el barrio y él se encargaba de organizar el Concurso Anual de Decoración Navideña, donde él era el único jurado. Lo más gracioso del tema es que siempre perdía en su propio concurso; justo cuando estaba por ganar, pasábamos por cierta casa y chau, perdía. La casa en cuestión tenía un árbol grande en el jardín que daba a la calle y lo iluminaban hasta las ramas más altas, la verdad que quedaba buenísimo y era suficiente para que papá volviera abatido a casa, año tras año. Verán que mi papá es un tipo extremadamente justo, que no se permite ni mentirse a sí mismo diciéndose que ganó.

Flash Forward a muchos años después. La hija mayor de mi padre, a.k.a. yo, cae a casa con su nuevo novio, a.k.a. J. Suegro y yerno se ponen a charlar de la vida, para empezar a conocerse, y uno de los primeros temas que salen es el de la familia de origen de J. Y sí, por supuesto, como ya supondrán, ¿cuál era la casa de los padres de J? La del árbol, claro, o para qué voy a hacer tanta introducción. Y encima, el encargado año tras año de treparse hasta lo más alto, ¿quién era? J, por supuesto. Así que así empezamos, vaya manera de congraciarse con el nuevo suegro, pero como recordarán, mi papá es un tipo tan justo, que conocer este dato hizo que la relación entre ellos empezara de la mejor manera, porque tenían en común el gusto por las lucecitas navideñas y si hay alguien que le va a caer bien a mi papá es un tipo que no tiene problema en treparse hasta lo más alto de un árbol para una causa tan noble.

Avanzamos un par de años más en la historia. Como era de esperarse, J este año empezó a decir alrededor de julio que "este año quiero poner más luces que nunca; es la primera Navidad de G y quiero que la casa esté especialmente linda". Claro que no a todo el mundo le puede parecer que las lucecitas hagan más linda una casa, pero según él, no hay Navidad sin ellas.  Así que ayer, 8 de diciembre, fue Misión Navidad, J decoró por fuera y yo armé el arbolito. A G le compramos un muñequito Papá Noel con la idea de empezarle una colección. Después me copé y enguirnaldé (?) todo: televisor, biblioteca, estantes. Y bueh, si vamos a hacer cachiruleadas, vayamos con todo.


3 comentarios:

  1. Yeah! Mencanta el espíritu navideño! Año a año desde que empecé mi blog (el de ahora no, uno anterior, hace como 5 años ya) veía que había demasiada gente que se deprimía y enojaba y ponía de mal humor con la llegada de diciembre y de las fiestas. Este año, por suerte, voy viendo que todavía queda gente con espíritu festivo.
    Para mí no hay nada más lindo que Navidad, y por más problemas o preocupaciones que tenga, el 8 siempre me encuentra decorando mi casa y el 24 siempre estoy celebrando feliz.

    ¡Te quedó todo relindo! Besotes

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  2. Si bien no es la combinación más llamativa, más famosa o más tradicional, me encanta la de plateado con azul!!!
    Yo soy de las que últimamente no estaba muy feliz para estas épocas, y no es que hoy sea un cascabel, precisamente, pero cuando tenés chicos te entusiasmás aunque no quieras.
    Al margen, no hay muchos países que tengan la tradición de armar el arbolito el 8; creo que es una de las más lindas.
    Besos

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  3. Es verdad, yo pensé que era una costumbre más global y resulta que no! Para mí es algo que empezó desde que vivo con J, antes, mi mamá llegó a armar el árbol presionada el 24 a la tarde...
    (Yo pensé que plateado + azul era re típico; creo que tengo que rever muchas de mis concepciones...)

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