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lunes, 6 de diciembre de 2010

Hoy fuimos al banco en expedición familiar, J, G y yo. Llegamos y teníamos unas 30 personas adelante. Súper. G empieza a llorisquear, algunos nos miran, y el señor de atrás me dice "si estás con el bebé tenés prioridad, avisale a la cajera..." Yo, sonrisita tímida mediante, digo "no, no, está bien..."
G empieza a llorar más fuerte (raro en él), J se lo lleva más lejos y yo empiezo a sospechar que esa no es la mejor solución, ya que G no se calmaba, la gente empezaba a molestarse, y a mí me seguían faltando 29 personas!
Vuelvo a agarrar a G, se calma un poco pero igual está evidentemente incómodo y enseguida va a volver a llorar... Justo pasa una empleada del banco que me ve y dice "vos estás para una caja? ahh no, parate ahí adelante de todos que te atienden..."
Listo, la 2da es la vencida, y ahora me lo dijo una empleada del banco, así que ya fue. G en un brazo, la cartera y el bolso de G en el otro, me voy hacia la caja. De repente miro y J había desaparecido, por lo que tuve que hacer literales malabares para sacar la billetera, el DNI, firmar y hablar con el cajero con G a upa!
Lo bueno es que tardamos máximo 10 minutos en un trámite que me hubiese llevado más de 1 hora, pero tanto a J como a mí nos dio muchísima vergüenza... Mientras estuve embarazada nunca sentí que se me debiera dar prioridad, porque la verdad que yo estaba lo más bien y no me hacía nada esperar un poco; muy pocas veces usé los estacionamientos exclusivos y esas cosas. Pero ahora, con G y toda su circunstancia encima, sí pienso hacer uso y abuso de todos los beneficios que pueda, porque realmente todo es más complicado con un bebé a cuestas.
J hoy se fue cuando vio que me iba a poner primera porque pensó "todos van a pensar 'qué vivo éste, en vez de sostener al bebé, pasan primeros'", pero la verdad es que para mí, hoy la prioridad la tuvimos porque es inhumano tener un bebé llorando una hora en un banco, tanto para el propio bebé como para sus padres, las otras personas de la cola, los empleados del banco y la humanidad en general. Así que listo, así se hizo.

No está mal, no?

jueves, 18 de noviembre de 2010

Aventurándonos al mundo

Hoy nos tocó el control oftalmológico que nos había pedido el pediatra. Para no ir al súper hospital que tenemos cerca, ese en el que nació G, ese en el que inevitablemente tenés que esperar más de una hora porque está sobresaturado, ese mismo, elegí una oftalmóloga del pueblo, que me quedaba a 3 cuadras de casa.

La idea, entonces, era to keep it simple, vamos acá cerca, volvemos, y ya. Pero, por supuesto, o si no habría post alguno, no. Llegamos y en la sala de espera de más o menos 10 sillas, no había asientos libres. Mala señal. Me acerco a la secretaria y mira con cara de espanto el cochecito. "Genial", habrá pensado, "un bebé llorando va a hacer la espera más amena para todos..."

Enseguida me dijo lo obvio: iba a tener que esperar bastante. Y me ofreció lo más lógico: andate y volvé. "Ok", pensé yo, "supongo que es lo menos malo que podría hacer... ¿En cuánto vuelvo?" Así que nos fuimos, con la promesa de volver en una hora.

Era momento de tomar una decisión. Podía volver a casa, 3 cuadras para atrás, o ir 3 cuadras para adelante y llegar al 'centro'. Lo pongo así porque una plaza, un par de bancos y algunos negocios no constituyen algo demasiado céntrico, ¿no? Pero es lo que tenemos por acá. Me decidí por avanzar, y, ya que estábamos, imprimir unas fotos. Al principio, la luz estaba cortada en varias manzanas (just my luck), pero por suerte después volvió y lo logré. Pasé a saludar a la mamá de un amigo -tiempo sobraba- y desde ahí llamé al consultorio. Me pidieron 15 minutos más, volví en 20... y esperé media hora. Ge-nial.

G está perfectamente bien, y obvio que eso es lo que importa, pero estaría igual de bien incluso sin la espera interminable en un lugar no acostumbrado a bebés, donde todos nos miraban con cara de "Lo único que te pido es que no empiece a llorar..." Por suerte éste es un bebé bastante sobreadaptado en situaciones sociales: el pibito te puede aullar una hora sin parar y sin motivo aparente en casa, pero llegamos a algún lugar público donde el silencio es importante (consultorios, un casamiento en una Iglesia, ¡un minuto de silencio en una cena!) y pum, se convierte en uno de los Ángeles de Charlie (?) Hoy, incluso, se durmió una siesta a upa un rato antes de que nos llamaran, y me dejó leer las típicas revistas de sala de espera (de febrero/2008, pero esa no es su culpa...)

Como le dice su padrino, este pibito es un crack.