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domingo, 20 de mayo de 2012

Retomando


Les confieso algo que creo sabrán comprender bien: me resulta difícil remontar este blog después de lo que pasó acá. Creo que casi sin querer, de apuro y por impulso, toqué un tema demasiado profundo, que hizo que muchas de ustedes terminaran escribiendo comentarios de la longitud de posts, que hizo llorar a algunas, reflexionar a otras, pensar a casi todas.

Yo quería que pasara todo eso, sí, claro, pero la verdad es que ahora no sé qué hacer con tanto. Prometí que iba a contestar comentarios y no lo hice, no puedo, siento que no soy palabra autorizada en lo más mínimo. Creo que sus aportes van a quedar ahí, intactos, porque me parece que yo arranqué con una serie de catársis que continuaron ustedes. Que cada una necesitó decir lo que dijo, y así como me sentí tan respetada, considero que la mejor forma de respetarlas es no acotar nada a lo que cada una necesitó decir.

Dicho todo esto, ¿cómo sigo? Me inclino por retomar lo que más me importa en la vida, y lo que, se supone, sostiene este blog: mi hijo.

Les quiero contar que el idilio que empezó hace unos meses sigue, crece, se multiplica. Genaro está cada día más lindo, más genio, más nene-de-mamá, más interactivo, digital y 3D.

Me sorprende cómo los hombres comienzan a ser 'hombres' desde tan chicos: Genaro implora que en la compu le pongamos juegos y videos de deportes o de autos, y eso es lo que prefiere ver en la tele. La inmensa mayoría de las actividades que elige hacer implican fuerza y movimiento; su preferida, claro, es la pelota. Como una luz de esperanza hacia su mamá, últimamente se está volcando al basket, y dejando un poco de lado el fútbol. Ay, qué gran desilusión para Javi, no tenía al nuevo Messi durmiendo en el cuarto de al lado, después de todo.

Mi papá lo empezó a llevar seguido al club local, y medio que se está haciendo fanático del equipo de basket. El único problema es que ya lo dejaron varias veces 'entrenar' en la cancha cuando está vacía, entonces le cuesta entender por qué los guachos de los jugadores no le pasan la pelota en el medio del partido. Los entrenadores del club ya le regalaron una pelota chiquita, y medio que lo quieren hacer firmar un contrato para el 2025, como al nieto de Maradona. Es muy tierno ver cómo el chiquito se para en la cancha, rebota la pelota, mira el aro como que le va a embocar, flexiona las rodillas, mira el aro de vuelta, tira... y la pelota le cae en los pies. Pero él no se da por vencido, y empieza todo el proceso de nuevo...

Mi papá, obvio, ya le compró un aro que instaló en su casa, así que ahora las mañanas de mi mamá consistirán en ver cómo el pibito se la pasa volcando la pelota y jurando que es el nuevo Ginobili...

Empieza a elegir su ropa. Bah, no a elegirla, a festejarla. Qué lindo ver su carita cuando descubre en su remera a Pepe, a Mickey, o cualquier tipo de auto o pelota!

La música lo sigue emocionando tanto como antes. Puede estar en el medio de un berrinche -que nunca dura demasiado-, escuchar música de un auto que pasa por la ruta, ¡y a bailar! Tiene una innegable preferencia por la cumbia, pero cuando se distrae te puede bailar un rock, también.

Me encanta mostrarle fotos y ver cómo reconoce a todos, y nombra a los que puede. Mi hermana esta contentísima porque aunque ella es la madrina, Genaro no sabe su nombre, y sí el de su novio! Es que él tiene un feeling especial con todo ser de sexo masculino... Eso pasa seguido, ¿no?

La semana pasada Nutrilón dio una charla en el jardín, y nos mandaron una foto de las promotoras con todos los chicos de la salita. Me sorprendió mucho ver cómo Genaro reconoce a sus maestras y a sus compañeros! Yo le decía el nombre de cada uno y él los señalaba en la foto. Eso me hizo reflexionar un poco sobre cómo mi hijo ya tiene una vida propia, separada de mí, que no puede compartir conmigo por su falta de vocabulario... Me duele a veces pensar que esto no debería ser así, me recuerdo a mí misma diciendo que hasta que no hablara no lo iba a llevar al jardín, porque él no iba a poder manifestarnos si era feliz. Una vez más la vida se rió de mis siempre/nuncas y acá estoy, preguntándome cómo será mi bebé en una sala llena de pares, qué sentirá cada vez que lo dejo (porque al estacionar en la puerta del jardín aplaude, pero qué se yo...), qué carajo me estará pidiendo cada vez que le pregunto si quiere cantar canciones del jardín y me hace su ruido de caballo....

Como verán, estoy contenta con mi decisión de trabajo y jardín, pero me la replanteo bastante seguido... Sé que me pasaría lo mismo, o peor, si estuviera en casa toda la tarde como el año pasado; sé que tendría mucha más culpa y menos ganas de jugar.

Tampoco me quiero convertir en una madre rompebolas que pregunta todos los días, con rigurosidad, exactamente qué hizo, cómo se portó y cómo reaccionó mi hijo en cada actividad del jardín, pero... confieso que no estaría mal tener una camarita en la sala y espiarlo a mi antojo.

Lo quiero cada día más, y sospecho que así es justamente como se debe querer a los hijos, ¿no?

martes, 20 de marzo de 2012

Getting there

A lo largo de mi corta carrera como madre, he logrado escandalizar a bastante gente con mis comentarios y reflexiones sobre la maternidad. Verán, yo creo que no llegué a la depresión post-parto, pero le pasé muy cerca. Eso, sumado a mi compromiso con la más absoluta sinceridad, hizo que de mi boca salieran palabras que nadie quería escuchar.

No podría jamás describir los primeros meses compartidos con mi bebé como un idilio madre-hijo... tenía muchas más ganas de huir que de quedarme. Pero como aparentemente sigo más del lado de la neurosis que el de la psicosis -aunque, créanme, en ese momento no estaba tan convencida-, me quedé.

Y oh my God, cuánto valió la pena.

No importa si se tienen que persignar antes de leer la siguiente frase: recién ahora, a sus 18 meses, puedo decir que disfruto plenamente del tiempo compartido con mi hijo. Recién por estos días es que me doy cuenta de que sé exactamente qué hacer con él, como entretenerlo sin desesperarme, cómo no morir de agotamiento en el transcurso de un día entero a solas con él.

Hubo pequeños indicadores que me alertaron de este cambio tan positivo en mí: el hecho de extrañarlo más que nunca, de querer ir a buscarlo al jardín para ser la primera en abrazarlo, la paciencia magnificada al infinito, y, principalmente, el hecho de que cuando Javi me planteó su genial idea de comprar una platea de Boca (onda, para ir a ver todos los partidos que juegue de local, iupi), la idea no me aterrorizó. Sí, me embola, sí, me parece cualquiera taaaannnta necesidad del "te sigo a todas partes", pero todo eso pasa por un tema de adultos, nada que ver con Geno.

Hablando de él, está hecho un capo. Llegaron los gloriosos días en los que el bebé forma parte activa de la vida familiar. El pibito toma sus propias decisiones en cada vez más áreas, sabe dónde está todo lo que necesita y cómo conseguirlo, y también empezó a ayudar. Tengo un helper particular que tira a la basura todo lo que le pido, ¡sin quedarse a investigar los contenidos del tacho!, que ayuda a la hora del "a guardar, a ordenar, cada cosa en su lugar", que sabe de dónde traer una cuchara para su yoghurt o la palita cuando mamá está barriendo.

Un bebé que ya de bebé tiene poco, que ama bailar, que organiza fiestas en el living cada vez que empiezan los Backyardigans o High5 o capta al pasar alguna nota de Wachiturros (horror, pero qué quieren que haga?). Un enanito que come solo haciendo cada vez menos desastres, que llama al sapo Pepe y al pájaro Blu (de Rio) por sus nombres, que distingue quién es mamá y quién papá, y que ama cepillarse los dientes. 14 veces al día. Un nene que ya no duerme tan bien como antes, que se despierta seguido a la noche, pero que vuelve a acostarse para dormirse en el instante en que sus padres abren la puerta de su cuarto, que está muy bien adaptado a su jardín y hasta aprendió a dormir la siesta en el piso, rodeado de otros chicos, y con música.

Genaro es lo más, estoy sinceramente fascinada con él, coincido con todas en que esta es la mejor etapa de los toddlers, y acá viene la terrible confesión inconfesable: no quiero dejar mi trabajo de la tarde para estar con él. Me jode, me avergüenza decirlo, pero sé que si volviésemos a pasar tantas horas juntos como el año pasado, volvería mi irritación, mi falta de paciencia, mi anhelo por querer hacer cosas que no estén estrictamente relacionadas al mundo de los sub-2.

Déjenme a mí con mi culpa, que me lleva a querer exprimir cada momento que tengo con Geno al máximo. La misma que me tiene convencida de que 3 horas de puro amor y compañerismo valen muchísimo más que 8 horas de "dejame un ratito, miremos America´s Next Top Model, dale, no quiero jugar más..."

Chicas, yo no nací para ser madre. No lo traía innato, y no se me hizo fácil acomodar mis neuronas a la nueva situación vital. Pero ahora, despacito, suavemente, estoy empezando a sospechar que ese título que me dieron sin merecerlo, me está quedando cada vez menos grande. Y esa es la mejor sensación que tuve en 18 meses.

martes, 3 de enero de 2012

Genaro

No quiero escribir el post más largo de mi vida, principalmente porque son las 12:09 cuando empiezo a escribir, pero este muchacho se lo merecería.

Genaro es G, para las recién llegadas o las desinformadas. Es mi hijo, el que nació el 2 de septiembre de 2010 y que tantas, tantas emociones ha generado en mí desde el 2 de enero de ese año, día en que me enteré que ya habitaba mi cuerpo.

Los primeros meses después de su nacimiento fueron los más complejos de mi vida. No digo difíciles, porque la verdad que usar esa palabra sería desacreditar toda la inmensa ayuda que recibí, que hizo que, la verdad-verdad, todo fuera mucho más llevadero. Pero complejos, sí que fueron.

Pasar de ser el centro del universo a la teta esclava de quien es realmente el centro del universo, que solamente te estaba usando temporalmente como objeto acarreador, ouch, es un golpe muy fuerte, en caída libre, que para las primeras hijas egocéntricas como yo es muy difícil de llevar.

Después, el tiempo pasa, a las hormonas se las va llevando el Fernet que por suerte podemos volver a tomar. Y un buen día, el pibito te sonríe. Y Oh My God, se te cae el mundo a pedazos, estallás de amor, entendés todo... Pero después quiere upa de nuevo, upa todo el tiempo, nada más que eso, y vos, que seguís estallada del amor, más tarde o más temprano volvés a reconocer que te gustaría hacer uso de tus dos manos, como en aquellas viejas épocas.

Más adelante se empieza a sentar solo, empieza a agarrar las cosas, empieza a agarrar absolutamente todo, se lo lleva a la boca, intentás volver a meterlo en tu panza pero ya es definitivamente demasiado tarde.

Otro día estrena el andador, o empieza a gatear, o lo que sea, pero Oh, Milagro: de repente, hay minutos enteros en los que parece no necesitarte. Ojo, hablo siempre de los momentos a solas con él, porque la verdad, Genaro siempre tuvo momentos en los que no me necesitó, por estar rodeadísimo de familiares y amigos que le bastan y sobran.

Y así van pasando los días, las semanas, los meses, y el calendario me trae hasta acá.

El 6 de diciembre pasado, Genaro empezó a caminar. Y mi vida cambió drásticamente.

Es una guachada lo que voy a decir, pero sinceramente no me importa que sueneasí, porque es lo que siento. El hecho de que él empezara a caminar, el hecho de verlo alejarse de mí, hizo que yo empezara a vivir la maternidad desde otro lugar. Más tranquilo, más feliz, y más ansioso al mismo tiempo.

Tranquilo, porque entendí que todo llega, que él efectivamente se toma su tiempo para hacer las cosas, que todo lo que no hace aún, ya llegará, y si no, no es momento todavía de preocuparme.

Ansioso, porque empiezo a entender que este a bebé que tengo, le queda poco hilo en el carretel de ser llamado bebé, que en cualquier momento lo miro y le digo "Qué lindo nene que sos!". O sea, el tiempo pasa, las cosas mejoran infinitamente, pero todo lo bueno que vamos viviendo en el camino, dura sólo un rato, y mejor que empecemos a disfrutar de cada uno de esos momentos, de cada etapa, de cada logro que pronto es olvidado cuando llega otro más groso.

Y feliz, porque verlo disfrutar de las cosas de la vida cotidiana me da un placer que me cuesta muchísimo poner en palabras. Como dice mi amiga Memé, Genaro es un ser humano que toma sus propias decisiones, que muchísimas veces son bastante opuestas a los deseos de su mamá.

Que tu hijo, ese que medía 2 milímetros en aquellas ecografías, venga por atrás y te asuste cuando estás de espaldas, no tiene precio. Que te busque la palita cuando estás barriendo, que traiga a la cama de sus papás -desde la cocina- el escobillón y la palita un sábado a la mañana, dando indirectas muy directas, que decida que su mini piletita es en realidad un agujero negro adonde deben ir a parar absolutamente todos los objetos de su casa, que encuentre un pote vacío de yoghurt en la mesa de luz y lo vaya a tirar al tacho de basura, que venga con el librito que le leés muchas noches abierto en la página donde está el 'gran perro negro que asustó a Ricitos' haciendo "uuuuu" porque ese es su sonido para decir perro, que mire una escena de autos pasando por la Panamericana y haga su sonido para autos, que entienda todo, pero todo lo que le decís, que coma solo, que duerma solo, que te sepa decir sí o no, que se alegre cuando estacionamos en la casa de sus abuelos, que disfrute más que nada en el mundo de sacar hojas de la pileta, que sepa adónde están las galletitas, la mamadera, los pañales, que dé los besos más tiernos del mundo a diestra y siniestra, casi que bordeando la promiscuidad, que baile solo en cualquier circunstancia, por cualquier música, que se tire de mis brazos a los de sus primos favoritos, que le tire besos a la pantalla y diga Papá cada vez que J aparece en la tele (aunque face to face no lo haga nunca!), que te sepa avisar cuándo tuvo suficiente joda y ya se quiere ir a dormir, que te esconda las pelotas de su pelotero en los lugares más recontra insólitos, que haga desaparecer las llaves del auto en los momentos claves, al punto de tener que irme caminando porque el señorito decidió colgarla de un pasador de la puerta de atrás, que te obligue a chasquear los dedos como hace su abuela cuando en Baby TV pasan música clásica...

Todo eso. Que no se corte nunca, aunque sé que es imposible, porque a todas esas ternuras le seguirán cosas mejores, peores, iguales. Las cosas mutan, avanzan, se renuevan, se reciclan. Pero yo les puedo asegurar por primera vez desde que soy primeriza, que si me dieran hoy el control remoto de Click, no me molestaría apretar pausa y quedarme en este lugar de Genaro y mío para siempre. Y valoren mucho más lo que estoy diciendo, al considerar que lo digo a más de 10 días de empezar mis vacaciones...

jueves, 10 de noviembre de 2011

Alguien tiene que hacerlo

Acabo de decidir que he sido enviada al mundo para desarrollar el primer superhombre capaz de encontrar CUALQUIER cosa que su mujer, madre o hermana lo mande a buscar, SIN pedir ayuda ni volver convencidísimo de que eso no está donde le dijeron, solo para sonreír avergonzadamente cuando la susodicha va al mismísimo lugar y lo localiza en menos de 3 segundos.

Tamaña misión, pero alguien tiene que hacerlo...

(Todo vino a cuento de que G me acaba de llevar de la mano al lugar correcto cuando le pregunté "¿adónde dejaste tu chupete?")

Wish me luck. Empezamos bien.

lunes, 11 de julio de 2011

Post-breakfast: Pimp my Baby


Hay trabajos simples, trabajos complejos, y trabajos complicados. Peluquero de bebés, a mi entender, cae en la última categoría. Pero G ya estaba perdiendo parte de su visión por el flequillo descontrolado, así que optamos por tomar el toro por las astas (?) ahora, cuando todavía faltan 2 meses para su cumple, y el pelo tiene tiempo de crecer y mutar a una forma que realmente me guste. Verán, por regla general, a mí no me gustan los cortes de pelo recientes. Muy pocas veces le pude decir a J que estaba lindo cuando volvía de la peluquería; sencillamente no me sale. A los pocos días me acostumbro, y a la semana ya me olvidé de que el corte alguna veces existió.
Qué bueno que usé este razonamiento con G. Porque honestamente, todavía no me gusta. El corte fue ayer, así que no desespero. 
No retraso más el momento -imagino que deben estar mordiéndose las uñas-; acá están las fotos.


Fuimos a una peluquería infantil, con juegos y esas cosas. El chico que ven atrás estaba con su papá, que lo trató tan mal cada vez que se movía un centímetro, que 
a) me daban ganas de meterme
b) me dio miedo de convertirme en alguien así, con tan poca paciencia, cuando G sea más grande.


Él, debo reconocerlo, se portó espectacularmente bien. Aceptó su destino pasivamente. No les voy a decir que le gustó, ojo, pero está expresión, mezcla de WTF? y completa seriedad, fue la que mantuvo de principio a fin. No se movió nunca, no lloró, no atinó a tirarnos los brazos. Un capo.


Le saqué 350 fotos pero como sabrán a esta altura, no tengo ningún tipo de habilidad para la fotografía, y estas son las que más o menos zafaron. El peluquero, el del trabajo complicado, estaba contento, aliviado de que su labor no se hubiera convertido en una lucha cuerpo a cuerpo.


Usó incluso la maquinita, temiendo que lo asustara el ruido, pero a él no pudo importarle menos.


Espantosa foto del modelo terminado. Bebé que sigue sin entender del todo qué acaba de pasarle, mamá orgullosa y feliz de haber dado el asunto por finalizado. 

Ah, por cierto, si no pueden parar de pensar a quién les hace acordar, think no further.

domingo, 12 de junio de 2011

Mañanas de domingo IX - Té para tres (4, en realidad)

Hoy G amaneció a las 7:15 pero después de una excelente noche de sueño, así que no hubo quejas de nuestra parte (bueno, quizás algunas...)
Me saqué las ganas de ir adonde yo quería la semana pasada, y hasta invité a una amiga que sólo había escuchado hablar sobre las bondades de este lugar (y en particular, del cuadrado de chocolate!). Por suerte estaba despierta temprano y aceptó venir.

 Submarino con medialunas para J que no entiende nada de la vida; té con cuadrado de chocolate para M y yo, who know where it's at. Ya sé, necesitan un close-up:

¿Empalagoso? Pfff naaaahhh....

G se portó recontra bien, como siempre, pero esta vez, que hubo sobremesa más larga por tener invitada especial, no se la bancó en el carrito todo el tiempo y necesitó salir a explorar...




En otro orden de cosas, le compramos el caminador y vamos bastaaaante bien...

lunes, 30 de mayo de 2011

Mañanas de domingo VII - La que tuvo una estrella invitada!

La noche del sábado, con amigos en casa, (de la que en la semana les contaré), nos acostamos a las 3 am. Yo anticipaba un domingo dificilísimo, contando con sólo 4 hs de sueño, pero se ve que los niños realmente tienen una sensibilidad especial, porque el SANTO de G se despertó... a las 9 y media!! 2 horas y pico más tarde que su horario habitual, a pesar de haberlo acostado a la hora de siempre. J se quedó con él mientras yo ordenaba lo que había quedado de la noche anterior, y al final se hicieron las 11 y media hasta que finalmente logramos partir. Imaginarán el hambre que teníamos! Esto fue lo que elegimos:

Café doble con crema y una medialuna de jamón y queso para J, té y una porción de torta brownie para mí. 

La torta estaba buenísima, evidentemente había quedado antojada
Elegimos una panadería que para mí es la mejor de Pilar (al menos antes de que llegaran las más conocidas, como la Rocca), que hace un tiempo le agregó un sector de café. Como el lugar queda en la esquina de la casa de mi abuela (la que cree que tengo poderes sobrenaturales), cumplí mi deber de nieta y la llamé para invitarla. Como un bisnieto mueve montañas, a los 43 segundos estaba ahí. El APÓSTOL de G estaba otra vez plácidamente dormido, así que pudimos charlar un rato largo antes de que se despertara. 
Como mi abuela tiene su propia tradición de desayuno dominguero post-misa con sus amigas, no quiso tomar nada; en cambio se dedicó a malcriar un rato al señorito.

G, para agradecerle, le hizo "ojitos" unas 346 veces. Ella, derretida de amor. Él, un dandy.

El resto del domingo fue tranquilísimo. Almuerzo en lo de mi suegra, siesta de a 3 con el BEATO de G, y a la noche, lo que todas las docentes amamos: BOLETINES! Iupi! Envidian mi joda, lo sé.

domingo, 22 de mayo de 2011

Mañanas de domingo VI + Un racconto de fin de semana

Después de bastante trabajo el sábado (ya les cuento), hoy a la mañana nos levantamos decididos a hacer lo que no pudimos el domingo pasado: ir a Havanna! Me concentré mucho y esta vez lo logré:


Frappé de frutos rojos + alfajor de chocolate para mí, submarino + alfajor de nuez para J. 

Yo quería una porción de torta, pero en este local no hacen, ¡qué suerte la mía! J es consistente, ¿vieron? Cada vez que hay disponible, elige submarino. Mi frappé estaba bueno, pero me pareció un poco ácido por ser de varios frutos rojos. Le agregué azúcar, whatever. Sigo prefiriendo el de McCafé, que es de frutilla y banana. G también es muy coherente en sus decisiones: todas las mañanas de su vida desayuna lo mismo, y es feliz.


Mamadera de Vital 2 para G.

Una vez más, G se portó espectacularmente, estuvo jugando un poquito hasta que nos trajeron el desayuno a nosotros, ahí le dimos sus mamadera para que nos dejara comer tranquilos. Se la terminó, se levantó, tomó un poquito de mi frappé, y se puso a observar el mundo. En la mesa de al lado había una nenita unos meses más grandes que G. Sus papás no podían quedarse sentados, la tuvieron que correr por todo el lugar todo el tiempo. Nos vieron mirándolos compadecidos, y nos devolvieron una sentencia terrible: "Prepárense. Disfruten sus desayunos mientras puedan". Ok, lo haremos. Deséennos suerte.

Además, tengo ganas de contarles que me voy a dormir feliz hoy, después de haber hecho muchas cosas en la casa. Además de lavar y  planchar ropa de G, limpiar la heladera, ir a 2 cumples, juntarme con mis compañeras de la facultad a ponernos al día, y hacer las 20.000 cosas que hace cualquier mamá atrás de su niño todo el día, todos los días, convencí a J y empezamos con la limpieza del garage.
Una frase que resume toda la experiencia fue: "Si alguien me hubiese dicho hace unos años que limpiar cualquier cosa me iba a ser tan feliz, nunca le hubiese creído". Pero pasó. Limpié a fondo el termotanque, el lavarropas, la pileta (es garage/lavadero/depósito). Ya mostraré fotos de antes y después. El después les va a parecer de lo más común y lógico, pero prepárense a espantarse y tener pesadillas con el antes.
Me costó conseguir la mano de obra (J), así que espero que en algún momento de esta semana (¿el miércoles, que es feriado?) me dé bola de nuevo para seguir. 


lunes, 16 de mayo de 2011

Anótenle otro punto al Dr Estivill de mi parte

¿Saben de quién estoy hablando? El tal Dr Estivill es una especie de monstruo desalmado para algunos, y un gurú salvador para otros. Yo era del primer grupo, pero ahora tengo que admitir que estoy instaladísima en el segundo.
Escribió un libro llamado "Duérmete, niño", y ahora seguramente ya lo irán ubicando más. Supongo que es la versión hispana del Dr Ferber? Algo así.
La cuestión es que de bebés, antes de nacer G, yo no sabía NADA. Sabía que lloraban, que había que cambiarles los pañales, que tomaban la teta, que dormían poco y entrecortado. Pero no me había puesto a pensar en todas esas cosas en primera persona, como ser humano a cargo del mini ser humano. Resulta que un día me lo dieron en el hospital, envuelto para regalo, me desearon una feliz vida, y acá vinimos. Yo, desesperada, hice lo único que sabía hacer: blogueé. Y encontré muchos blogs de mamás, la mayoría, al principio, españoles. Eso no me duró mucho, porque hay algo sobre leer palabras y conjugaciones que te son ajenas, que cansa rápido. Pero más allá de eso, lo que descubrí con esos primeros mommy blogs es que a los bebés hay que darles la teta, mucho, todo el tiempo, durante todo el tiempo posible; que está perfecto dormir con ellos hasta que cumplan 16 años y vengan con la novia a tu cama, y que nunca, jamás, never ever se te puede ocurrir la monstruosa idea de dejarlo llorar. Ok, perfecto. Mi pequeño cerebro de primeriza absorbía toda esta información como una esponja.
Pero hete aquí que, como ya conté, lo de la teta no funcionó más allá del 2do mes de G. Chau teta, y yo feliz, pero no podía seguir leyendo esos blogs militantes de la teta, porque me reforzaban la idea de lo mala madre y desapegada que estaba siendo.
Como dicen, 'ojos que no ven, corazón que no siente'. Al dejar de leer, me empecé a relajar y dejé de sufrir por mi fracaso y empecé a disfrutar de las ventajas de la mamadera.

Pasaron un par de meses más, todo iba más o menos bien, hasta que empecé a leer en páginas como BabyCenter o BabiesOnline que los bebés de la edad de G ya podían dormir toda la noche. Come again? Toda la noche??? O sea vos me estás hablando de ese universo paralelo donde la gente se va a dormir cuando está la luna y no vuelve a abrir un ojo hasta que sale el sol?? Sí, por favor, dame 3 kilos de eso.
Me sentía estafada, ultrajada, embaucada por este bebé que a pura sonrisa diurna me estaba escondiendo información vital como su habilidad fisiológica para dormir toda la noche. Hacía 6 meses que ni siquiera me permitía fantasear con esa idea, por lejana y ridícula. Y en ese punto, encima, la cosa se puso peor.
G ya dormía en su cuna, levantándose 5 o 6 veces por noche, muchas a tomar un poco de mamadera (2 o 3 tragos, para enseguida quedarse dormido), y algunas para recibir una dosis extra de atención porque se ve que 16 hs seguidas no le alcanzaban. Pero, decía, todo empeoró. G llegaba a despertarse hasta 10 veces por noche (sacábamos las cuentas a la mañana, poniendo en común cuántas veces había ido cada uno) y para ponerle el moño a la situación, había aprendido el simpatiquísimo hábito de dormirse sólo en brazos y volver a llorar frente al más mínimo roce con su cuna. Un primor. La cosa ya no daba para más. La atmósfera nocturna en casa era tan tensa que con J ya ni nos hablábamos, porque todo lo que se dijera de madrugada podía ser usado en tu contra. 6 meses sin dormir, gente. No es justo, ni necesario.
Con este panorama, una noche le dije a J: "Bueno, mirá, es sencillo. O lo traemos de vuelta a la cama, y nos arriesgamos a no sacarlo nunca más... o lo dejamos llorar". Se lo dije y me cubrí con una almohada, esperando una reacción violenta causada por la barrabasada que acababa de decir. Pero no, ningún objeto contundente. J se quedó pensando, meditabundo, y sentenció: "Lo que a vos te parezca. Pero tenés razón, no estaría bueno volver a traerlo a la cama."
Ok, tenía vía libre para ese experimento al que llamé "Operación Sueño". Mentira, en ese momento no podía siquiera pensar en un nombre tan poco inventivo como ese. ¿Saben por qué? Porque con sueño no se piensa, vivís en piloto automático y rogás no matar a un alumno que llegó tarde porque la mamá se quedó dormida.
Fui y me compré el bendito libro. Tomé mis precauciones: me puse anteojos negros, peluca colorada y un sobretodo, no fuera a ser que alguien me viera cometiendo semejante acto impuro. La cosa es que logré salir de la librería sin una manifestación de madres con pancartas exigiendo que me tiraran a la hoguera, me leí el libro en una tarde (era urgente), y aplicamos el método.
A ver: yo me considero una mina fría, y con esto lo comprobé. No les voy a decir que me encantaba escuchar a mi bebé llorar como loco, pero tampoco me clavé cuchillos en los oídos para no escucharlo sufrir. Se esperaba que el chico llorase, y lloraba. Fin. Controlé los minutos y nunca me pasé, pero en ningún momento flaqueé. El primer día lloró 20 minutos, Y DURMIÓ 11 HORAS. El segundo día lloró 15 minutos, Y DURMIÓ 11 HORAS. Así fue bajando estrepitosamente la cantidad de minutos llorados, pero las 11 horas se mantienen, gracias a todos los Dioses grecorromanos, egipcios, a Gilda y al Gauchito Gil, porque creo que les recé a todos en profundo agradecimiento por el don del Sueño, recientemente redescubierto.
No fue sólo dejarlo llorar. Establecimos una rutina estricta: baño, cena, cuentito y a la cuna, siempre a la misma hora, por el mismo baticanal. Me puse las pilas y empecé a decir NO a invitaciones entre semana; si quieren vernos, vengan, porque los queremos mucho pero más nos gusta dormir toda la noche.
Cuando por algún motivo la rutina no se cumple, y lo acostamos más tarde de su horario habitual (entre las 8 y las 9), el truco no funciona tan bien. Se despierta un par de veces, nada grave, chupete y sigue durmiendo, pero ahí no vale quejarse porque los que rompimos el trato fuimos nosotros, él estaba dispuesto a hacer todo como siempre.
Hoy en día G no llora más, ni un poquito, cuando lo pongo en su cuna a la noche al lado de su amigo Pepito, un osito que le hizo su bisabuela, y que estoy presionando para que se convierta en su objeto transicional (¿funcionará?). Le doy un beso, lo acuesto, él encuentra  a Pepito, estira su manito para tocarlo, y se duerme. Parece magia negra, posta. Pero fue magia blanca, o así me hizo creer el Dr Estivill.
NO SE LO RECOMIENDO A NADIE, ojo, jamás le diría a alguien que lo intente, porque es como la droga. Ahora, si viene alguien con ganas de probar, vamos al callejón oscuro que está acá la vuelta, y antes de que venga la mami-policía, te explico cómo funciona y después me contás. La primera es gratis, la segunda vemos.
Y ahora me voy a dormir, o no. No sé, tengo toda la noche para pensarlo. Y ENCIMA, miren lo lindo que es cuando duerme (en este caso, la siesta):

miércoles, 16 de marzo de 2011

Aunque es cierto que durante las levantadas nocturnas anhelo los tiempos pasados y pienso con cierta mucha envidia en esas suertudas que duermen toda la noche, también sé que puedo mirar algunos escalones más abajo, y sentirme más que afortunada.

Pienso, por ejemplo, en esta pobre chica y en lo mal que la debe estar pasando, pienso en cómo sería convivir con un bebé que llora y llora incansablemente y a todo volumen, con un bebé que no acepta estar con nadie más que con su mamá, al que nada parece entretenerlo durante más de 5 minutos. También en esas que no tienen un co-equiper, las que, por los motivos que fuera, son o devinieron madres solteras. Y ni hablar, NI HABLAR, de las mamás que lidian con enfermedades de los chicos. Para eso sí que no hay palabras.

Sé que dentro de este universo paralelo que es la maternidad, me tocaron los 2 anchos y el 7 de espadas: J, la salud del bebé, y su personalidad sociable y alegre. De a poco los 3 nos vamos animando a aventurarnos hacia el mundo; salimos, conocemos lugares nuevos, o revisitamos lugares que parecen tan distintos a lo que eran cuando éramos 2. Por ejemplo, ahora valoro y entiendo lo imprescindibles que son los ascensores en los shoppings. Claro, antes con las escaleras mecánicas bastaba y sobraba para las vagas como yo, pero ahora sin ascensor no funciono! Me impresiona cómo se puede ser tan ciego e insensible a las necesidades de los otros. Ahora me siento parte de una hermandad, la comunidad de los que andamos con cochecitos por la vida, ahora elijo las calles según el criterio de cuáles tienen las veredas menos averiadas y rampa en la esquina, y ya no basándome en cuáles ofrecen las mejores vidrieras.

Esta semana fuimos a un shopping el lunes, a caminar por el pueblo ayer, y hoy al súper, los 3. G se sentó en esos changuitos que tienen como un bebesit incorporado, y se portó espectacularmente bien. Es un alivio saber que podemos seguir haciendo estas cosas mínimas pero indispensables con él; el ir al supermercado juntos es una de esas pavadas que J y yo siempre disfrutamos hacer, y estoy segura que a otras mamás, como MODG (la del blog), este es el tipo de cosas tan 'anhelable' como para mí sería el dormir de 11 a 7.


miércoles, 26 de enero de 2011

Hoy tocaron vacunas. 3, para ser exactos: 1 en cada pierna y una, por suerte, oral. Se las hicimos poner en la misma farmacia donde yo me daba las correspondientes al embarazo. Me asombra ver cómo toda la valentía que tenía en ese momento se evapora cuando es G el que tiene que padecerlo. Por suerte J estaba ahí, para sostenerlo, hablarle y calmarlo, y yo podía dar rienda suelta tranquila a mi impulso de morderme el labio y mirar para otro lado, rogándole a alguna fuerza superior un único deseo: "que no sufra".

Siempre pensé y dije, cuando se hablaba de los mayores miedos que cada uno tiene, que mi gran gran temor paralizante en la vida era el dolor físico. Y aunque sigo estando segura de que efectivamente el dolor propio (en mi caso, especialmente, el de la otitis) está rankeado alto en el Top 10 de Las Peores Cosas del Universo y Alrededores, ahora hay indiscutiblemente algo a lo que le tengo mucho más pavor: perder a G, o que sea él el que sufra el dolor. Traeme 10 otitis, una atrás de otra, que te las aguanto estoica, antes de pasar una tarde con G dolorido.

Por suerte todavía nunca tuve que vivirlo, y sé que el día llegará y pasará, y más aún, reconozco que toda esta súper revelación es algo más bien básico en la vida de una mamá, pero creo que es como esas etapas del duelo: aunque a todas nos pase más o menos lo mismo, cada una tiene que hacer su propio proceso a su ritmo. Yo, ahora, estoy en la etapa del "reconocimiento de la magnitud que alcanza el poner al otro antes que uno mismo", y así estoy muy bien.

PD: Una vez más, esa frase que me gustó una vez, "most of the things you worry about never happen", se hizo patente en mi vida. G lloró exactamente 4 segundos, 2 por cada pinchazo. En cuanto la aguja salía de su piernita y el dolor terminaba, también el grito. Un santo y un valiente, mi hijo.

jueves, 20 de enero de 2011

"I have to admit it's getting better, a little better, all the time..."

La vida con G se pone cada vez mejor, con un bebé cada vez más conectado con la vida, más dispuesto a pasar (breves) intervalos de tiempo jugando solo con sus juguetes, o a estar a upa pero tranquilo, sólo observando el mundo a su alrededor, como en este mismísimo momento. Eso me da una sensación de recuperación paulatina de mi vida incomparable, como que al fin podemos conectarnos y disfrutar del tiempo juntos y no sentirme su holding device todo el tiempo. Que a un bebé se le ilumine la cara cuando te ve, que de a poco empiece a estirar los brazos para que lo levantes, que se ría con tus pavadas... es una emoción indescriptible. Y no me importa nada tener que estar alerta todo el tiempo para ver qué agarra (e inmediatamente se lleva a la boca), me doy la razón a mí misma en este punto. Cuanto más grande, mejor. Y para los que estén pensando "Sí, bueno, volvamos a hablar cuando empiece a caminar y tocar todo lo que esté a su altura y gritar cuando no se cumplen sus deseos..." mi respuesta es bring.it.on.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Crack baby

Y no, no es que yo haya consumido cocaína durante el embarazo. Es sólo que G es un crack. Así de simple.
Hace poco encontré una página que proponía el método "Dormir sin llorar". Todo lo que implique dormir más para mí siempre es tentador, así que prolijamente recorrí la página, imprimí lo que ofrecen para hacer el seguimiento del sueño, etc. De repente descubro un detalle importantísimo: el gran súper archi objetivo del programa es que los bebés (al menos los de la edad de G, 2 meses) durmieran un gran total de.... 5 horas!
Chan. G, por sí solito, duerme alrededor de 4 horas por noche, de corrido, generalmente de 22:30 a 2:30. Además, toma su última mamadera casi una hora antes de dormirse, así que lógicamente, cuando se levanta, lo hace con más de 5 horas de ayuno, desesperado por comer. Así que le doy otra mamadera y... vuelve a dormir! Últimamente, además, vuelve a su moisés o al huevito (dependiendo de dónde se durmió in the first place), y ahí puede durar hasta 3 horas más. Así que al fin y al cabo, mi bebé llega a dormir más de 6 horas por noche casi seguro! Si bien por supuesto a mí me gustaría que ya empezara a dormir 12 horas de corrido cada noche, se ve que todavía no han perfeccionado el método "Enseña a tu bebé de meses a dormir como un adolescente que volvió del boliche a las 7 am", así que para eso tendré que esperar ¿cuánto? ¿15 años? Pff pero si 15 años no es nada...!
Además, por otro lado, la página esta proponía como fundamental establecer una rutina de antes de dormir, para que el bebé supiera qué esperar, cómo lograrlo, haciendo siempre lo mismo, etc. Una vez más, yo, toda primeriza y prolijita, empecé a delimitar mentalmente cómo sería esa rutina, qué milagros habría que hacer diariamente para poder cumplirla y, sobre todo, cómo iba a hacer para convencer a su papá de la importancia de estar en casa todos los días a las 22:00 para leerle a su bebé, al que le da lo mismo que le hables gu-ga-gu o de política internacional, el cuentito de las buenas noches.
Y pensando, pensando, llegué a la conclusión de que aunque innegablemente las rutinas deben ser geniales y súper necesarias para los bebés, el mío no parece necesitarlas. El pibito tiene sus límites: nunca se va a quedar despierto más allá de las 11 de la noche, y no te va a andar pidiendo permiso a vos para dormirse: adonde sea que estemos, cae. Y adonde sea que lo llevemos, él va, pero sigue durmiendo. Así es como ya hemos ido con él a comidas multitudinarias, todo tipo de reuniones familiares, cumpleaños de 15, noches de juego, reuniones de amigos. Y él siempre igual: "Chicos, todo muy lindo, pero yo estoy muerto. Por suerte mis viejos me traen siempre el huevito así que yo me voy a dormir. No, por el ruido no se hagan drama, en serio. La luz tampoco me molesta, cuando mucho cierro la capota del cochecito (es convertible, las minas me aman). Lo único que les pido es que no me rompan las bolas tratando de despertarme antes de que yo lo decida, porque igual no lo van a conseguir".
Es genial, pasa de la practicuna que tiene en lo de los abuelos a mis brazos al huevito al auto a casa... lo bajamos en nuestro cuarto y él ni enterado! Así que no, mejor rutinas no, que se adapte día a día a nuestras vidas, que tampoco son tan caóticas, sólo que nos gusta que sean así, un poco impredecibles.
Como anoche, que ninguno de los dos tenía ningún interés ni voluntad de cocinar, y decidimos lanzarnos a la aventura de salir a comer, los 3, más amigos que se fueron sumando, a un bar. Un bar-bar, que aunque los jueves es restaurant, justo ayer tenía un evento con... karaoke! Así que ahí estábamos, nosotros comiendo, tomando, charlando, y él, al lado, en su huevito, haciendo lo único que está dispuesto a hacer a esa hora. La única regla que pedimos fue nada de cigarrillos cerca del bebé, y por supuesto todos la cumplieron. Cuando el karaoke empezó a subir el volumen, aunque él ni se enteró, igual nos fuimos a otro sector del bar, que estaba cerrado (tenemos contactos), y ahí todo fue más tranquilo.
Me encantó poder congeniar los dos aspectos que más 'chocan' en mi vida (mamá y ¿ama de casa? por un lado, 'chica' de 26 años por el otro), sin sentir que le hacía mal a nadie.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Aventurándonos al mundo

Hoy nos tocó el control oftalmológico que nos había pedido el pediatra. Para no ir al súper hospital que tenemos cerca, ese en el que nació G, ese en el que inevitablemente tenés que esperar más de una hora porque está sobresaturado, ese mismo, elegí una oftalmóloga del pueblo, que me quedaba a 3 cuadras de casa.

La idea, entonces, era to keep it simple, vamos acá cerca, volvemos, y ya. Pero, por supuesto, o si no habría post alguno, no. Llegamos y en la sala de espera de más o menos 10 sillas, no había asientos libres. Mala señal. Me acerco a la secretaria y mira con cara de espanto el cochecito. "Genial", habrá pensado, "un bebé llorando va a hacer la espera más amena para todos..."

Enseguida me dijo lo obvio: iba a tener que esperar bastante. Y me ofreció lo más lógico: andate y volvé. "Ok", pensé yo, "supongo que es lo menos malo que podría hacer... ¿En cuánto vuelvo?" Así que nos fuimos, con la promesa de volver en una hora.

Era momento de tomar una decisión. Podía volver a casa, 3 cuadras para atrás, o ir 3 cuadras para adelante y llegar al 'centro'. Lo pongo así porque una plaza, un par de bancos y algunos negocios no constituyen algo demasiado céntrico, ¿no? Pero es lo que tenemos por acá. Me decidí por avanzar, y, ya que estábamos, imprimir unas fotos. Al principio, la luz estaba cortada en varias manzanas (just my luck), pero por suerte después volvió y lo logré. Pasé a saludar a la mamá de un amigo -tiempo sobraba- y desde ahí llamé al consultorio. Me pidieron 15 minutos más, volví en 20... y esperé media hora. Ge-nial.

G está perfectamente bien, y obvio que eso es lo que importa, pero estaría igual de bien incluso sin la espera interminable en un lugar no acostumbrado a bebés, donde todos nos miraban con cara de "Lo único que te pido es que no empiece a llorar..." Por suerte éste es un bebé bastante sobreadaptado en situaciones sociales: el pibito te puede aullar una hora sin parar y sin motivo aparente en casa, pero llegamos a algún lugar público donde el silencio es importante (consultorios, un casamiento en una Iglesia, ¡un minuto de silencio en una cena!) y pum, se convierte en uno de los Ángeles de Charlie (?) Hoy, incluso, se durmió una siesta a upa un rato antes de que nos llamaran, y me dejó leer las típicas revistas de sala de espera (de febrero/2008, pero esa no es su culpa...)

Como le dice su padrino, este pibito es un crack.