No voy a empezar por hablar de Según Roxi porque estimo que a esta altura ya todas la conocen, o deberían. Si no la conocen CONÓZCANLA, solo si son madres; si no me imagino que pierde bastante gracia. Bueno en fin, Roxi es mi Sri Sri, la amo cada día más, es la forma de autoayuda materna más potente que he encontrado hasta el momento.
Hasta ahora sólo conocía los capítulos, su Twitter y su Facebook, pero hoy me puse a leer el blog, y como no es tan raro de suponer, terminé llorando.
Porque escribió una nota que publicó Rolling Stone con una entrevista a Lennon, y terminó el post con un video de Beautiful Boy que me quebró. Porque justo hoy, a la siesta, Geno lloraba y lloraba y yo le canté esa canción y se quedó mirándome primero y se durmió antes del final, y yo que no podía creerlo, hubiese empezado a llorar myself si no era porque tenía tanto sueño que probablemente tampoco haya llegado a terminarla para mí misma.
Y ver a Sean en el video, y Yoko jugando con él tirados en el pasto, y toda esa escena tan familiar, tan cotidiana y tan feliz, hizo que se me mezclaran dos sentimientos muy contradictorios.
Por un lado, y son libres de cagarse de risa si así lo desean, yo quiero dejar asentado aquí y ahora que últimamente me ando considerando buena mamá. Sí, yo, la turra que se fue a Disney sin el hijo. Sí, la que empezó a escribir este blog porque la maternidad la estaba matando, aún cuando todavía no conocía a Roxi. Sí, la que depende de toda una red de contención emocional para transitar el día a día madre-hijo. Esa, yo, escribió un par de líneas más arriba que se considera buena mamá.
Es que, más allá del obvio amor incondicional que siento por él por sobre todas las cosas, siento que le tengo bastante más paciencia, que estoy más presente y más disponible, que sé cómo llegar a él, que lo conozco, que él sabe que estoy acá, y que si no estoy, voy a volver.
Empecé a disfrutar los momentos a solas con él en casa, ya no armo planes a ver adónde me puedo escapar o quién puede venir, al menos, a charlarme un rato y ayudarme a sobrellevar la experiencia. Sí, yo hacía eso, mucho. Y no estoy diciendo que no lo vaya a volver a hacer jamás, tampoco.
De a poco nos empiezo a ver como un equipo; yo juego a los Carrrs y a la Pey y al ásket y al cúcol, y él me banca mientras hago la comida, lavo la ropa, y hasta, a veces, mientras estoy en la compu. De a poco, es todo un proceso. Pero siento que los Terrible Twos hicieron un muy buen debut en esta casa; nos quedan 11 meses más que pffff, qué papa que van a ser, ¿no? ¿No? (Me hago autochistes, no se preocupen).
Bueno, el otro lado, el reverso de toda esta oda a mí misma, es que ayer se me ocurrió la genialísima idea de que Genaro acababa de dejar el chupete, en ese mismísimo acto mental mío, sin consultarlo con él ni con su padre, basándome solamente en las órdenes de Piñón Fijo. Mañana a las 8 am se cumplen 48 hs de abstinencia, pero la puta que han sido duras. No me quiero imaginar tener que acompañar a alguien en una abstinencia frente a alguna adicción posta, porque ayudar a Geno a dormir la siesta sin chupete, ayer, fue devastador. Hoy, gracias a Lennon, y al proceso de resignación que estoy segura ya comenzó, todo fue mejor.
Me tuve que defender de todo el mundo, de los que me miraban indignados mientras él repetía, "Tete... teteee..." como una letanía. Lo trágico es que no tengo defensa, no tengo motivos demasiado convincentes, solo sentí que ya era el momento, que era suficiente, que él está preparado y que estoy recontra mil podrida de estar más pendiente de si llevo chupete que de lavarme los dientes. No sé si funcionará, no será tan fácil, yo sé que pasa, no será tan simple como pensaba. Pero ahora me la tengo que bancar. Sucumbir y devolvérselo mañana reforzaría la idea de que soy una hija de puta que hizo pasar a su hijo 48 hs sin chupete, al pedo.
¿Ahora entienden por qué los sentimientos encontrados? ¿No es lógica pura que un video filmado hace más de 30 años de un pibito corriendo me haya hecho llorar? ¿No es Roxi un camino a la Iluminación?
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domingo, 14 de octubre de 2012
sábado, 25 de agosto de 2012
Woe is me
¿Alguna vez les pasó de sentir que no pueden retomar el control de sus vidas? Sí, seguro que les pasó. No estoy descubriendo el fuego con esto. Pero me siento así desde hace un tiempo, y ya me está empezando a romper las pelotas.
Todos los miércoles viene Santa E. a casa y hace una especie de reseteo doméstico. Vuelvo y todo está limpio, ordenado, huele bien, no hay triciclos en el living ni ropa para planchar tirada por cualquier sillón. Por supuesto que el miércoles se ha convertido en mi día favorito. Y cada miércoles, sin falta, yo juro y perjuro que esta vez sí, que esta semana voy a poder sostener ese bendito orden que me ha sido regalado una vez más. Pero ven, hoy es sábado, y está mi guardapolvos, la mochila de Geno y una bolsa de pelotas de plástico arriba de un sillón. Un montón de porquerías innecesarias que compré hoy en el otro, y una bolsa con cotillón variado arriba de la mesa, al lado de las dos computadoras, un autito, unas pruebas a corregir, y el envoltorio de unos conos rellenos de dulce de leche que trajo una amiga ayer. Y la taza del desayuno de hoy, obvio. Y yo acá, escribiendo esto, gastando más tiempo del que me hubiera llevado ordenar un poco.
Llegué a un punto donde voy a dar clases sin planificación, el horror mismo para una control freak como alguna vez supe ser. Estoy de mal humor, me enojo con Javi y me amigo y me peleo sola, tejo estrategias que deriven en comer en casa ajena y/o llamar al delivery cada noche, no tengo la menor idea de cómo hacer para que las seños del jardín no se den cuenta de lo mal que comemos en esta casa, ahora que Geno lleva la bendita vianda.
Tengo planes, miles. Pero ya ni me gasto en hacerlos lista.
¿Vieron que yo les conté que soy licenciada en psicología? ¿Les conté también que básicamente me cago en la psicología, y muchísimas veces creo que no sirve para nada? Soy como un cura que no cree en la Santísima Trinidad, o un científico que lee la Biblia a escondidas. Y me chupa un huevo. El tema es que a veces, sólo muy de vez en cuando, me da por sospechar que tal vez me está pasando algo, que vuela tan bajo que no lo capto con el radar de la conciencia, y que me está repercutiendo así. Y después me río y me digo que soy una pelotuda y que todo lo que tengo es fiaca crónica, que ya va a pasar, más o menos dentro de nunca en la vida, porque así soy. Pero no sé, eh, no sé. Las cosas andan raras, me quiero ir pero no quiero, no quiero largar a Geno pero no lo soporto más, quiero quedarme en casa pero me deprimo al toque, quiero estar con gente pero no tengo ganas de hablar.
Creo que la solución acá es obvia, ¿no? Mañana mismo busco trabajo en una escuela nocturna y le pido a E. que empiece a venir todas los días.
Todos los miércoles viene Santa E. a casa y hace una especie de reseteo doméstico. Vuelvo y todo está limpio, ordenado, huele bien, no hay triciclos en el living ni ropa para planchar tirada por cualquier sillón. Por supuesto que el miércoles se ha convertido en mi día favorito. Y cada miércoles, sin falta, yo juro y perjuro que esta vez sí, que esta semana voy a poder sostener ese bendito orden que me ha sido regalado una vez más. Pero ven, hoy es sábado, y está mi guardapolvos, la mochila de Geno y una bolsa de pelotas de plástico arriba de un sillón. Un montón de porquerías innecesarias que compré hoy en el otro, y una bolsa con cotillón variado arriba de la mesa, al lado de las dos computadoras, un autito, unas pruebas a corregir, y el envoltorio de unos conos rellenos de dulce de leche que trajo una amiga ayer. Y la taza del desayuno de hoy, obvio. Y yo acá, escribiendo esto, gastando más tiempo del que me hubiera llevado ordenar un poco.
Llegué a un punto donde voy a dar clases sin planificación, el horror mismo para una control freak como alguna vez supe ser. Estoy de mal humor, me enojo con Javi y me amigo y me peleo sola, tejo estrategias que deriven en comer en casa ajena y/o llamar al delivery cada noche, no tengo la menor idea de cómo hacer para que las seños del jardín no se den cuenta de lo mal que comemos en esta casa, ahora que Geno lleva la bendita vianda.
Tengo planes, miles. Pero ya ni me gasto en hacerlos lista.
¿Vieron que yo les conté que soy licenciada en psicología? ¿Les conté también que básicamente me cago en la psicología, y muchísimas veces creo que no sirve para nada? Soy como un cura que no cree en la Santísima Trinidad, o un científico que lee la Biblia a escondidas. Y me chupa un huevo. El tema es que a veces, sólo muy de vez en cuando, me da por sospechar que tal vez me está pasando algo, que vuela tan bajo que no lo capto con el radar de la conciencia, y que me está repercutiendo así. Y después me río y me digo que soy una pelotuda y que todo lo que tengo es fiaca crónica, que ya va a pasar, más o menos dentro de nunca en la vida, porque así soy. Pero no sé, eh, no sé. Las cosas andan raras, me quiero ir pero no quiero, no quiero largar a Geno pero no lo soporto más, quiero quedarme en casa pero me deprimo al toque, quiero estar con gente pero no tengo ganas de hablar.
Creo que la solución acá es obvia, ¿no? Mañana mismo busco trabajo en una escuela nocturna y le pido a E. que empiece a venir todas los días.
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viernes, 24 de junio de 2011
Lo de ayer fue joda...
...comparado con lo de hoy!
Sí, si bien hoy no vi sangre, no cosieron a mi hijo, no me pasé 3 horas en el hospital... hoy lo vi mal.
Con fiebre, caído, desganado, de mal humor, con sueño y sin poder dormir, fastidioso y sin poder decirme "mamá no ves todo lo que me está pasando? dejame de hinchar un poco las bolas y bancame un par de días así".
Ayer jugaba, se reía, trepaba a todo lo que podía. Hoy suspiraba, se tiraba arriba de cualquiera que encontraba hasta que me veía y quería venir conmigo, para seguir suspirando y quejándose. Hoy tuvo fiebre. Hoy no comió tanto. Hoy se le hinchó la nariz y se empezó a notar el tremendo moretón que le va a cubrir buena parte de su cara por un tiempo.
(Por favor saltéense el párrafo siguiente si, como a mí, les da un asco extremo todo el tema de los fluídos que salen involuntariamente de la boca de un bebé. Gracias)
Le están saliendo las dos paletas de arriba. No está bien de la panza, lo que se evidencia en su pañal. Además, vomitó cual Exorcista, una cantidad que nunca pensé podría salir de un bebé de ese tamaño. Mucho peor, también le salió por la nariz, esa que tiene los puntos y la herida todavía abierta. Tiene la cola toda paspada. El médico le notó los ganglios inflamados y la garganta colorada.
Fue uno de esos días que tacharía del calendario. Esos días que, por suerte, terminan. Que serán seguidos por días mejores, de eso no me cabe duda. Y si algo me queda de todo esto, es que hoy, camino al médico, con el bebé súper molesto y con fiebre, pensé "¿vale la pena todo esto?" Y ni tuve que pensar mucho para darme la respuesta. Sí, mil veces sí. Admito que hace un año mi vida era muchísimo más fácil, y que si una madre me hubiese contado algo como esto en ese momento, hubiese pensado "qué fiaca, tener que aguantar todo eso!". Y hubiese estado equivocada.
Estos dos últimos días, me sentí mala madre. Pero me sentí mucho más madre que nunca, y eso es lo más importante que me llevo para mí de todo esto.
Sí, si bien hoy no vi sangre, no cosieron a mi hijo, no me pasé 3 horas en el hospital... hoy lo vi mal.
Con fiebre, caído, desganado, de mal humor, con sueño y sin poder dormir, fastidioso y sin poder decirme "mamá no ves todo lo que me está pasando? dejame de hinchar un poco las bolas y bancame un par de días así".
Ayer jugaba, se reía, trepaba a todo lo que podía. Hoy suspiraba, se tiraba arriba de cualquiera que encontraba hasta que me veía y quería venir conmigo, para seguir suspirando y quejándose. Hoy tuvo fiebre. Hoy no comió tanto. Hoy se le hinchó la nariz y se empezó a notar el tremendo moretón que le va a cubrir buena parte de su cara por un tiempo.
(Por favor saltéense el párrafo siguiente si, como a mí, les da un asco extremo todo el tema de los fluídos que salen involuntariamente de la boca de un bebé. Gracias)
Le están saliendo las dos paletas de arriba. No está bien de la panza, lo que se evidencia en su pañal. Además, vomitó cual Exorcista, una cantidad que nunca pensé podría salir de un bebé de ese tamaño. Mucho peor, también le salió por la nariz, esa que tiene los puntos y la herida todavía abierta. Tiene la cola toda paspada. El médico le notó los ganglios inflamados y la garganta colorada.
Fue uno de esos días que tacharía del calendario. Esos días que, por suerte, terminan. Que serán seguidos por días mejores, de eso no me cabe duda. Y si algo me queda de todo esto, es que hoy, camino al médico, con el bebé súper molesto y con fiebre, pensé "¿vale la pena todo esto?" Y ni tuve que pensar mucho para darme la respuesta. Sí, mil veces sí. Admito que hace un año mi vida era muchísimo más fácil, y que si una madre me hubiese contado algo como esto en ese momento, hubiese pensado "qué fiaca, tener que aguantar todo eso!". Y hubiese estado equivocada.
Estos dos últimos días, me sentí mala madre. Pero me sentí mucho más madre que nunca, y eso es lo más importante que me llevo para mí de todo esto.
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lunes, 6 de junio de 2011
Tema inquietante
El sábado arrastré a J al cumple de dos años de la hija de una compañera de trabajo/amiga del colegio.
(Me cuido muchísimo de usar la palabra amiga gratuitamente, pero creo que si ya estamos en la etapa de invitarnos a cumpleaños con familia y amigos y planear salidas a comer, we're safe, ¿no?)
El cumple en sí tuvo todo lo esperable: comida rica, linda decoración, y mucha gente que venía a ver a la niña, que estaba lindísima. Y como ella va al jardín, había compañeritos. Y eso llevó a un dato que yo no estaba lista para procesar: cuando tu hijo chiquitito va a un cumple, VOS TAMBIÉN. Es lógico: tiene 2 años o menos, no podés dejarlo en un lugar que no conoce y volver a buscarlo a las dos horas. Por él, y por los anfitriones.
Así que ahí estaban, serían 8 niños y 9 padres, ya que un valiente caballero le hacía el aguante a su mujer mientras ella hablaba con todas las otras mamis. No podría precisar por qué, pero toda la situación, proyectada a un futuro bastante cercano, me causó una angustia considerable. Será que odio el small talk, será que ya vaticino que no me va a interesar en lo más mínimo hablar boludeces con semi-conocidas mientras vemos a nuestros toddlers caerse por enésima vez y asegurarles que 'no pasó nada'. Y sin embargo ahí está, el futuro, esperándome. Le dije a J que nos íbamos a turnar pero es obvio que me va a tocar a mí, o a lo sumo, a los dos juntos.
Y ni hablar del día en que me toque a mí oficiar de anfitriona, con lo malísima que soy. Ahí nos harán la cruz para siempre, supongo. ¿Hay manera de zafar de todo esto? Supongo que la obvia es no llevar a G a cumples, ni festejarle el suyo con compañeros. ¿Habrá otra, menos ermitaña?
(Me cuido muchísimo de usar la palabra amiga gratuitamente, pero creo que si ya estamos en la etapa de invitarnos a cumpleaños con familia y amigos y planear salidas a comer, we're safe, ¿no?)
El cumple en sí tuvo todo lo esperable: comida rica, linda decoración, y mucha gente que venía a ver a la niña, que estaba lindísima. Y como ella va al jardín, había compañeritos. Y eso llevó a un dato que yo no estaba lista para procesar: cuando tu hijo chiquitito va a un cumple, VOS TAMBIÉN. Es lógico: tiene 2 años o menos, no podés dejarlo en un lugar que no conoce y volver a buscarlo a las dos horas. Por él, y por los anfitriones.
Así que ahí estaban, serían 8 niños y 9 padres, ya que un valiente caballero le hacía el aguante a su mujer mientras ella hablaba con todas las otras mamis. No podría precisar por qué, pero toda la situación, proyectada a un futuro bastante cercano, me causó una angustia considerable. Será que odio el small talk, será que ya vaticino que no me va a interesar en lo más mínimo hablar boludeces con semi-conocidas mientras vemos a nuestros toddlers caerse por enésima vez y asegurarles que 'no pasó nada'. Y sin embargo ahí está, el futuro, esperándome. Le dije a J que nos íbamos a turnar pero es obvio que me va a tocar a mí, o a lo sumo, a los dos juntos.
Y ni hablar del día en que me toque a mí oficiar de anfitriona, con lo malísima que soy. Ahí nos harán la cruz para siempre, supongo. ¿Hay manera de zafar de todo esto? Supongo que la obvia es no llevar a G a cumples, ni festejarle el suyo con compañeros. ¿Habrá otra, menos ermitaña?
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miércoles, 30 de marzo de 2011
El sábado hubo reunión de amigas ex-compañeras de facultad. J me había adelantado que esa misma noche se iba a ir, después de comer, a un asado con sus amigos. "Ok, J. Pero entonces a ver a las chicas voy sola." No opuso resistencia, J es copado, y me quejo de llena cuando me quejo.
Fui, entonces, sola. Éramos 6, y todas y cada una me preguntaron por G. No exactamente; en realidad me preguntaron adónde estaba G. Claro, lo obvio y natural es que un bebé esté con su mamá, y cuando eso no pasa, a todos les parece lo suficientemente peculiar como para preguntar por los paraderos del bebé. Casi-casi como asegurándose de que no me lo hubiera dejado en el auto, o en el supermercado. De todos modos, para ser justa, todas estuvieron de acuerdo (o al menos eso manifestaron) en que había sido una muy buena idea dejar al bebé con su papá para pasar un rato entre adultos hablando cosas de adultos y sin tener que maniobrar al pequeño por toda la casa.
Estoy segura, segurísima, de que esa noche las cosas fueron distintas en lo del amigo de J. Quizás algunos, los más family-friendly, le hayan hecho alguna pregunta de rigor sobre G, que cómo está, que si duerme, que si come, qué sé yo. Pero me juego entera a que ninguno le preguntó adónde o con quién estaba. Eso se sobreentendía, porque lo obvio y natural es que un bebé esté con su mamá.
¿Cuál es el problema con esto, -se preguntarán- si al fin y al cabo pude hacer lo que quería y sin que J se quejara en lo absoluto? Bueno, verán, el problema es esa pequeña semillita de culpa que, así como al pasar, la mayoría de la gente se ocupa de plantar en las mamás que no estamos dispuestas a atar una soga alrededor de nuestra cintura y llevar a nuestros hijos SIEMPRE con nosotras. Es casi imperceptible, casi casualidad, casi inofensivo. Casi.
Esto se extiende al trabajo, también, claro. No hay persona en el colegio que no esté al tanto, después de averiguar exhaustivamente, de dónde y con quién es que pasa G sus mañanas, mientras yo estoy ahí. Vayamos al trabajo de J y hagamos una encuesta, a ver cuántos de sus compañeros saben esto. Ok, sí, son en su mayoría hombres, y en mi caso mujeres. No me importa. No cambia mi punto.
Lo único que les pido, mujeres, es que empecemos a pensar en estas cosas. Si vemos a una amiga o conocida sin sus hijos, preguntémosle por ellos, dejemos que se explaye sobre lo lindos e inteligentes que son, pero también evaluemos cuánto nos importa realmente saber con quién están en ese momento. O, de última y si nos carcome la curiosidad, démoslo por asumido: "Tu hijo está con su papá, ¿no?" Porque para mí, lo obvio y natural es que un bebé esté con cualquiera de las personas que decidió traerlo al mundo.
Fui, entonces, sola. Éramos 6, y todas y cada una me preguntaron por G. No exactamente; en realidad me preguntaron adónde estaba G. Claro, lo obvio y natural es que un bebé esté con su mamá, y cuando eso no pasa, a todos les parece lo suficientemente peculiar como para preguntar por los paraderos del bebé. Casi-casi como asegurándose de que no me lo hubiera dejado en el auto, o en el supermercado. De todos modos, para ser justa, todas estuvieron de acuerdo (o al menos eso manifestaron) en que había sido una muy buena idea dejar al bebé con su papá para pasar un rato entre adultos hablando cosas de adultos y sin tener que maniobrar al pequeño por toda la casa.
Estoy segura, segurísima, de que esa noche las cosas fueron distintas en lo del amigo de J. Quizás algunos, los más family-friendly, le hayan hecho alguna pregunta de rigor sobre G, que cómo está, que si duerme, que si come, qué sé yo. Pero me juego entera a que ninguno le preguntó adónde o con quién estaba. Eso se sobreentendía, porque lo obvio y natural es que un bebé esté con su mamá.
¿Cuál es el problema con esto, -se preguntarán- si al fin y al cabo pude hacer lo que quería y sin que J se quejara en lo absoluto? Bueno, verán, el problema es esa pequeña semillita de culpa que, así como al pasar, la mayoría de la gente se ocupa de plantar en las mamás que no estamos dispuestas a atar una soga alrededor de nuestra cintura y llevar a nuestros hijos SIEMPRE con nosotras. Es casi imperceptible, casi casualidad, casi inofensivo. Casi.
Esto se extiende al trabajo, también, claro. No hay persona en el colegio que no esté al tanto, después de averiguar exhaustivamente, de dónde y con quién es que pasa G sus mañanas, mientras yo estoy ahí. Vayamos al trabajo de J y hagamos una encuesta, a ver cuántos de sus compañeros saben esto. Ok, sí, son en su mayoría hombres, y en mi caso mujeres. No me importa. No cambia mi punto.
Lo único que les pido, mujeres, es que empecemos a pensar en estas cosas. Si vemos a una amiga o conocida sin sus hijos, preguntémosle por ellos, dejemos que se explaye sobre lo lindos e inteligentes que son, pero también evaluemos cuánto nos importa realmente saber con quién están en ese momento. O, de última y si nos carcome la curiosidad, démoslo por asumido: "Tu hijo está con su papá, ¿no?" Porque para mí, lo obvio y natural es que un bebé esté con cualquiera de las personas que decidió traerlo al mundo.
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Raising Children,
Those around me
jueves, 10 de marzo de 2011
Lo más difícil
Sin dudas, lo que más me cuesta de todo este asunto de la maternidad, es el no dormir bien. Bien, para mí, solían ser 12 horas ininterrumpidas de sueño. No es que lo hiciera todos los días, porque para eso me tendría que acostar demasiado temprano, pero sí en cuanta ocasión se me presentaba. Hoy todo es distinto; soy una agradecida de la vida cuando los llamados de G me levantan en la noche y descubro que dormí 3 o 4 horas, ponele. 3 o 4 horas! Mi peor pesadilla. Y sí, ok, se sobrevive, de alguna manera sobreviví 6 meses, pero no me resigno, sigue latente en mí el recuerdo de esas felices noches donde el saludo "hasta mañana" todavía significaba lo que prometía.
Sufro cuando las páginas, las otras madres, la vida misma se encarga de recordarme que "a esta altura los bebés ya son capaces de dormir toda la noche". Laputaquelosparió. ¿De dónde salió este bebé? Su papá y yo podríamos competir y ganar el campeonato mundial de siestas. ¿Por qué a él no le gustan? ¿Qué deuda kármica estoy pagando?
Admito que hoy, justo hoy, es el peor día para tocar el tema. Anoche G pasó la peor noche desde su entrada triunfal al mundo. Eso me convirtió en un ser despreciable, irritable y desganado, nada es tan bueno cuando no se duerme bien. Culpemos al calor, una posible aparición de los primeros dientes, o lo que les parezca. But all I wanna do, G, is have a good night's sleep!
Sufro cuando las páginas, las otras madres, la vida misma se encarga de recordarme que "a esta altura los bebés ya son capaces de dormir toda la noche". Laputaquelosparió. ¿De dónde salió este bebé? Su papá y yo podríamos competir y ganar el campeonato mundial de siestas. ¿Por qué a él no le gustan? ¿Qué deuda kármica estoy pagando?
Admito que hoy, justo hoy, es el peor día para tocar el tema. Anoche G pasó la peor noche desde su entrada triunfal al mundo. Eso me convirtió en un ser despreciable, irritable y desganado, nada es tan bueno cuando no se duerme bien. Culpemos al calor, una posible aparición de los primeros dientes, o lo que les parezca. But all I wanna do, G, is have a good night's sleep!
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Raising Children
sábado, 5 de febrero de 2011
Ay.
Qué lindo es tomarse un "día femenino", como lo apodé y planeo institucionalizar, qué lindo hacer lugar en el ropero sacando todo lo que no usaste nunca o no pensás usar más o no querés volver a ver hasta el invierno, qué lindo salir de casa sola, qué lindo ir a comprar ropa, qué lindo no tener que pensar demasiado en cuánto sale cada cosa (gracias liquidación!)...
Qué feo mirarse en esos espejos crueles, acusadores, sofocantes. Qué feo saber, no tan en el fondo, que sólo muestran la pura realidad, y que sería ridículo culparlos a ellos. Así que sí, después de un período de tiempo lo suficientemente largo, de vuelta a la batalla. Trataré de ser lo más sincera posible acá, quizás el orgullo me ayude a lograr algo...
Qué feo mirarse en esos espejos crueles, acusadores, sofocantes. Qué feo saber, no tan en el fondo, que sólo muestran la pura realidad, y que sería ridículo culparlos a ellos. Así que sí, después de un período de tiempo lo suficientemente largo, de vuelta a la batalla. Trataré de ser lo más sincera posible acá, quizás el orgullo me ayude a lograr algo...
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Me myself and I,
Out and around
jueves, 18 de noviembre de 2010
La verdad, que la parte más difícil de esta nueva etapa de mi vida ha sido lidiar con la cantidad de horas a solas con G. Porque claro, los momentos en que me sonríe o me "habla" me matan, pero
a) No se dan todo el tiempo.
b) Tampoco puedo sostenerlos por demasiado tiempo.
Hay momentos, la mayoría, en que quiero, o necesito, hacer cosas. Tan estrafalarias como lavar o colgar la ropa (misión imposible), o incluso más modestas, como, no sé, ponerme un par de zapatillas. Y si bien he llegado a estar bien con la idea de dejar a G llorando el tiempo que me lleve hacerlo (no más de 5 minutos), la verdad es que es agotadora, esclavizante, asfixiante la noción de tener un bebé tan completamente dependiente todo el tiempo conmigo.
Entonces, suelo preferir estar con alguien más. Muchas veces llamo a mi mamá, o voy a su casa, y ahí puedo contar con seguridad con alguien que lo quiera tener un rato. Otras veces llamo a amigas (no tanto las visito), y acá puede darse que lo quieran alzar o no, pero incluso cuando hago lo mismo que haría estando sola (aka, lo tengo a upa todo el tiempo), el sólo hecho de tener una conversación con otro ser humano adulto ya me deja más tranquila. Es decir, aunque haya estado 6 horas ininterrumpidas haciéndome cargo del bebé, si pude charlar con alguien, compartir, hablar de cosas que no sean exclusivamente G-related, llegada la noche me siento mejor.
No puedo negar que G es todo lo que prometieron que iba a ser: lo amo con el alma y siento por él cosas que no había sentido jamás, un amor tan grande e imperioso que ni sabía que podía existir, pero tampoco puedo negar que cuando pienso en los últimos días de embarazo, que pasé en casa sola, reconozco que fueron geniales. Era como jugar a la mamá, ordenando ropita y juguetes de un bebé perfecto, que se movía y jugaba pero no lloraba ni necesitaba nada de mí, más que muchas siestas y todo el chocolate que pudiera comer (al menos, así lo veía yo). Y si bien ahí sí que lo tenía encima todo el tiempo, el método de transporte era ideal, porque los dos estábamos cómodos y yo podía usar mis dos manos! (Quién pudiera...)
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